La protesta que iniciaron hace tres días prefectos y gendarmes en todo el país es un reclamo salarial pero es también el caso que vuelve a convocar a sectores reaccionarios que sueñan con que Cristina Fernández no termine su mandatoY esos sectores saben que no es ya con las armas que van a conseguir lo que quieren. Sino subiéndose al descontento social. “La teoría se transforma en fuerza material en cuanto se apodera de las masas” (Marx).

(Este fragmento es el final del párrafo que utiliza el filósofo José Pablo Feinman en su inolvidable novela La crítica de las armas, La otra orilla, 2011)

La teoría indica que ya nadie va a hacer un golpe en nuestro país propugnando que es necesario que los militares pongan orden. Es obvio.  Ya vimos en otros países de Latinoamérica, como el caso de Zelaya en Honduras y el de Fernando Lugo en Paraguay  que ningún cambio institucional se produce en estos tiempos con un golpe dictatorial a la antigua donde un militar asume el poder. Paradójicamente, se rompe el orden constitucional en una supuesta defensa de la constitucionalidad y de las intituciones, presuntamente avasallada por  el gobierno depuesto.

Estos días, vimos fans de Seineldin, opinólogos que se frontan las manos toda vez que el gobierno sufre un desgaste, nostálgicos de los 70 y hasta el mismísimo Aldo Rico que tomó aire y salió a hablar a los medios.

Otros se camuflan. Los militantes de la no militancia que legitiman sus reclamos amparados en su condición de “ciudadanos comunes”. Como si los militantes no lo fueran. Como si pararse políticamente estuviese mal cuando, en verdad, no hay otra manera de pararse frente a la realidad que no sea políticamente. Lo cual no es, en mi opinión, orgánicamente.

En cuanto al conflicto, la expectativa ahora está puesta en la nueva reunión convocada para hoy en el Ministerio de Seguridad. 

El gobierno mostró con el descabezamiento de la cúpula de la Prefectura y de la Gendarmería de ayer, el depósito de los sueldos tal y como estaban antes del decreto 1307 de hoy y la reunión convocada para esta tarde, su voluntad de solucionar el asunto. También demostró torpeza al no lograr controlar cómo normalizar los haberes de las fuerzas sin llegar a este punto.

Por su parte, los representantes de los gendarmes y prefectos se mantienen firmes y no regresan a sus casas a esperar la respuesta del martes. Pero toda vez que se les pone un micrófono resaltan que no son golpistas y que son una generación democrática.

Hace hace 9 años que, por decisión de este gobierno, son formados en la propia institución en los conceptos escenciales de los Derechos Humanos.

Anoche, en el programa Con voz propia, que conduce Gustavo Sylvestre, un gendarme que hacía de vocero esgrimió un argumento interesante.

“¿Saben qué es la obediencia debida? Nosotros lo estudiamos y acá –apuntando a un cuadernillo de los que le entrega el Ministerio- no hay que acatar la orden de un mando superior cuando es improcedente y avasalla los derechos humanos. Si yo no puedo darle de comer a mis hijos, ésa orden es improcedente. No la acato y por eso estamos movilizados.”

Esa es la realidad de muchos de los manifestantes.

Pero cuando se habla de intentos golpistas, claramente no es en alusión a quienes reclaman una normalización salarial. Los sectores más reaccionarios ya conocen  la crítica de las armas.