La Corte Suprema de Estados Unidos rechazó tomar el caso argetino. Nos ganaron los buitres y ahora paganini.

¿Pero quien es Paul Singer, el titular del fondo NML Elliot que llevó todo hasta el final?

Elliot significa acción. Con ésta -nunca más pertinente- descripción se presenta en la web la Elliot Managment Corporation, que es la empresa propietaria, entre otros de MNL Elliot, el fondo buitre que logró el embargo de  la Fragata Libertad por parte de la Justicia de Ghana.

Elliot, también, significa poder. Imagínense que su titular, el multimillonario estadounidense Paul Singer logró que el juez ghanés Richard  Frimpong falle en su favor, aún cuando la Argentina y Ghana son firmantes de Convención de los Derechos del Mar de 1970.

¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Que según el artículo 292 de la Convención, los buques de guerra y otras embarcaciones de Estado que estén destinados a fines no comerciales están protegidos por inmunidad soberana y, en consecuencia, libres de requisas y embargos. Y ése es el principal argumento por el cual el gobierno decidió llevar el caso a las Naciones Unidas.

Es decir que Frimpong se la jugó por Singer.

Claro, hay un detalle. El tal Paul Singer es uno de los magnates más acaudalados de la sociedad neoyorquina con aceitados vínculos con el Partido Republicano y, en este año en particular, es uno de los principales aportantes de campaña del candidato a presidente Mitt Romney. Es también conocido como el principal donante de la Policía de Nueva York. Y uno de los mayores financistas de la campaña del alcalde Rudolph Giuliani. También de George W. Bush, en sus campañas a presidente.

Pero para que vean que él también tiene su corazoncito, hay que decir que Singer ha donado cerca de 10 millones de dólares en todo Estados Unidos apoyando campañas en favor del matrimonio igualitario, que el año pasado fue aprobado en el Estado de Nueva York. Ergo, Elliot también significa dinero.

En 1977, Singer tenía 32 años y 1,3 millones de dólares de una “vaquita” que hizo entre sus amigos y familiares. Para entonces, ya estaba graduado de Psicología de la Universidad de Rochester y un J.D en Leyes de la Universidad de Harvard.

Hoy, a los 68, su holding maneja fondos por más de 16 billones de dólares. Si bien, se presenta como inversor y filántropo, lo que más lo ha hecho crecer es comprar a precios irrisorios bonos de deudas nacionales de economías casi muertas para luego exigir ante los tribunales su valor nominal al 100 por ciento.

Por eso se los conoce como fondos buitres.

Lo hicieron en la Argentina, en Perú, en Vietnam y en el Congo, por nombrar algunos casos. A la Argentina le reclama 650 millones de dólares por los bonos que compró cuando el país entró en default en 2001. Singer se mantiene muy duro con la Argentina incluso diferenciándose del resto de los fondos buitres que ya renegociaron el pago de los bonos en default y que constituyen el 93 por ciento de los acreedores.

Se podría escribir mucho más sobre Singer, Elliot y su particular manera de “invertir” en el mundo cuando los países están a punto de quebrar.

Pero lo que me interesa aquí es resaltar que más allá de la falta de previsibilidad del gobierno argentino en definir la ruta de la fragata para evitar el embargo, el enemigo con el que se topó no es ningún bebé de pecho. Se mueve como pez en el agua en los tribunales de los Estados Unidos, inclusive en contra de su propio partido como cuando apoyó la ley de matronio igualitario.

Va de suyo decir que en Ghana Singer se hace un festín. Por esa sospecha, el gobierno argentino ha rechazado el pago de 20 millones de dólares para liberar la fragata que le impuso el juez Frimpong y se las juega ahora en las Naciones Unidas.

El caso recién empieza. porque con la medida de las últimas horas, los fondos están habilitados a embargar bienes soberanos que estén encualquier parte del mundo.