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Ya saben. La historia es conocida. Corría el 2002 y Lanata me llama y me dice: estoy viendo en Infosic una noticia tremenda. En Tucumán, los chicos se desmayan de hambre. Preparate que en dos horas sale el avión.
LLegué a Tucumán, incrédula. No podía ser posible. Sería una exageración..
Llegué tratando de hacer algo bueno. Imagínense que para mí era todo una rareza que me llame el mismísimo Lanata para mandarme a hacer una nota. O sea que él estaba particularmente conmovido. Y yo, suficientemente impresionada y alterada. Quería hacer lo mejor. Lo más posible. No era una nota más.
Ese mismo día, a las 7 de la tarde, ya aterrizada en Tucumán, tiré la valija en el cuarto del hotel y en el bar me esperaba el maestro de la escuela para que me cuente la verdad.
Lo había ubicado camino al aeropuerto y a la tarde ya estábamos trabajando juntos.
Era cierto. El asunto de los desmayos era cierto.
No puede ser. Quiero ir a dormir al barrio y amanecer con esos chicos, saber cómo viven y que comen, , le propuse determinada.
No te puedo dejar entrar al barrio con el camarógrafo, es peligroso.
No me importa, le dije.
Lo máximo que puedo hacer es que llegues mañana a eso de las 5.30 de la mañana.
Trato hecho, contesté.
Fuimos con Quique, mi cámara, al barrio ATE, antes de que salga el sol.
No metimos en los ranchitos, hablamos con los chicos pero una nena permanecía muda. Observando todo como un muro cerrado.
Era Bárbara Flores. Estuve en su casa, con su familia y ella, ahí se arrinconaba calladita sin decir esta boca es mía. Me había llamado la atención la tristeza de sus ojos.
Quería empezar la crónica del camino al colegio. A la salida de la casita lo llamé a su hermano para charlar. Bárbara lo agarraba fuerte de la mano y no se movía de su lado.
Cuando les pregunté a los dos por el hambre, contestó ella.
Contestó así.

Este es el informe que hice en 2008 en Argentinos por su nombre, el programa que conducía Andy Kutznezoff y producía Mandarina.
Después vino el documental DEUDA, que dirigió Lanata, los viajes para Bárbara. El trabajo para el padre, la casa nueva. La vida le cambió. No sirvió para que el barrio ATE sea más justo. Más igualitario.
Pero en ese comedor nadie se atrevió a dejar de mandar los alimentos y en ese barrio se construyeron 3 escuelas más porque cuando yo fui denunciamos también que lso chicos concurrían a clase 3 horas porque tenían que dividir la escuela en tres turnos.

A veces, es poco lo que logramos cambiar. Pero ese poco vale mucho.