Esto lo escribo con un dolor que me pincha el pecho, aunque éso es lo menos importante de esta historia.

Desde que Paolo Menghini sufrio la pérdida más desgarradora que puede tener un hombre, de la manera más chota que te puede pasar que se te muera tu hijo de 20 años, siempre me impresionó ese modo claro, preciso y amable de hablar y de reclamar justicia, tanto de él como de María Luján, la mamá de Lucas.

Al principio creí: éstos dos, pobrecitos, no cayeron, no empezaron el duelo.. Después me dí cuenta que eran tan buena gente que, a priori, vivían su dolor así.. sin odio, con respeto y hasta con confianza en un Estado que les había arrebatado lo más valioso que tenían.

Imaginé qué lindo pibe que sería Lucas, si ellos lo habían educado.

Si cuando nosotros los conocimos estábamos ante la peor versión de sus padres y así y todo eran equilibrados, confiaban en la Justicia y esperaban respuestas humanas de los funcionarios, digo, si así son sus viejos, como sería él…

La gente habla como piensa. Y piensa según qué tipo de persona es. Y los buenos somos más. Estos dos padres descarnados son del equipo de los buenos. No son de los que salen a pedir la pena de muerte. Son de los que tienen espalda para creer que el dolor puede generar que algo cambie para bien. “Lo único que me daría un poquito de aliento, es que haya un antes y un después de la tragedia. Que cambien definitivamente los trenes en nuestro país”.

Hoy, en Wake Up , Delta lo entrevisté a Paolo para conocer su reacción a las declaraciones del ex secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, y lo escuché quebrarse, enojarse, gritar.

“Sabés qué? Escuchame bien lo que te quiero decir! Escuchá (ahí se quebró) el lunes mi nieta empezó el preescolar, tenía que estar el padre viéndola ser escolta de la bandera, y no nosotros. El padre no estuvo por culpa de estos tipos y encima hablan! Qué más quieren estos tipos..? No tienen el menor sentido humano. Son descarnados”.

Imaginate el dolor de este hombre. Mirando esa nietita, con su camisolín y sus cinco años, tal vez sonriéndole a sus abuelos que aguantando sonreían y pensaban en esa misma cara, hace 15 años, cuando el del jardín era Lucas.

Haciendo notas sobre Once me enteré otra cosa que no me puedo sacar de la cabeza. Lujan sigue viajando en el Sarmiento y pocos días antes de cumplirse un año de la tragedia, viajó metida en el habitáculo adonde encontraron 3 días tarde a su hijo muerto.

¿Por qué? Qué se yo.. Cuando a una se le muere alguien amado anda por ahí buscando el alma, queriendo tocar algo que él haya tocado.

Me conmovió profundamente el episodio y me rabió pensar que ese habitáculo todavía era accesible, como el 22 de febrero de 2011.

Todo esto nos revuelve las entrañas. Pero está bien. La contracara de esto es la negación, la indiferencia y la soberbia.

Y para eso, ya los tenemos a los políticos y funcionarios.