Por Teresa Buscaglia

Hasta el último domingo, la novela negra The Cuckoo’s Calling había vendido 1500 ejemplares en Inglaterra, país donde fue editada y publicada en abril de este año. Cuando se supo que su autor, Robert Galbraith era, en realidad, un seudónimo para la célebre J.K. Rowling, autora de la saga de Harry Potter, las ventas se multiplicaron y hoy están preparando varias ediciones más.

“Nos disculpamos sin reservas por la filtración ocasionada por uno de nuestros socios, Chris Gossage, al revelar a la mejor amiga de su esposa, Judith Callegari, durante una conversación privada, que la identidad auténtica de Robert Galbraith era, de hecho, JK Rowling“, dijo la vocera de Russell, la empresa de entretenimiento inglesa que cometió la  infidencia.Callegari tardó sólo minutos para publicar la noticia en el Twitter y se desparramó mundialmente.

Si bien Rowling manifestó estar “decepcionada” por haberse  revelado un secreto que ella había elegido mantener, lo cierto es que esta maniobra le ha traído millonarias ganancias a la editorial y a su autora. Ella calificó su secreto de autoría como una “experiencia liberadora” y como “puro placer recibir una devolución de los editores y lectores bajo un nombre falso”. El resultado: las ventas subieron 507.000%.¿Decepción? ¿Picardía? ¿Negocio?

Otros autores que escribieron con seudónimo, en plena fama como escritores o periodistas. Uno de ellos fue Joe Klein (autor de Colores Primarios,, Stephen King (como Richard Bachman,),  Louisa May Alcott (como A.M.Barnard) y las hermanas Bronté (publicaron Jane Eyre y la erótica Cumbres Borrascosas, bajo los seudónimos de Currer, Ellis y Acton Bell). Tarde o temprano se descurbió el misterio y los libros se valuaron el doble o triple.