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Breaking Bad: el fin del (oscuro) sueño americano

Breaking Bad: el fin del (oscuro) sueño americano
#BorderPeriodismo

Los evangelizadores de Breaking Bad suelen comenzar su discurso con una advertencia: hay que pasar la primera temporada (que suele resultar “muy dura”) y luego, es adictiva. Las opiniones en redes sociales y el boca a boca así lo confirman, al mismo tiempo que incitan a vivir la experiencia de esta serie que, desde el primer episodio, no defrauda. Creada, escrita y dirigida por Vince Gilligan -quien trabajó como productor y guionista en la emblemática The X-Files-, fue emitida por primera vez en 2008 por la cadena norteamericana AMC (responsable de, entre otros éxitos, Mad Men y The Walking Dead). Desde entonces, recibió el visto bueno por parte de los televidentes, que renovaron su fanatismo en cada nueva temporada, así como críticas laudatorias que compararon su fuerza dramática a otras series fundamentales como The Sopranos y The Wire (HBO).

Walter White (magníficamente interpretado por Bryan Cranston), un menospreciado profesor de química de colegio secundario, es diagnosticado de cáncer de pulmón y con una esperanza de vida de pocos meses. Agobiado por el desalentador pronóstico, las abultadas cuentas médicas y la escasez de dinero en la que se encontrará su familia tras su muerte -Skyler (Anna Gunn), su esposa embarazada, y Walter Jr. (RJ Mitte), un hijo adolescente con cierto grado de discapacidad-, el hasta entonces apacible señor White evalúa sus recursos y emprende una siniestra empresa: cocinar metanfetaminas. Para ello, se procura de compañero a uno de sus antiguos estudiantes, Jesse Pinkman (Aaron Paul), un joven con problemas de adicción, lazos familiares rotos, y dealer de poca monta. Juntos comienzan a transitar la ilegalidad, el ingreso al mundo de las “drogas duras”, y los negocios de dudosa reputación. A lo largo de las temporadas, ambos (y quienes los rodean) atraviesan situaciones angustiantes, desesperantes y peligrosas, que destilan tensión y suspenso en cada episodio. Y, sobre todo, afrontan la metamorfosis de Walter White, desde aquél inofensivo profesor de química hasta el calculador y despiadado narcotraficante Heisenberg, envuelto en una red criminal alimentada de su ambición desmedida, que lo lleva a recorrer un camino sin retorno.

Uno de los aciertos de la serie, sin dudas, es el elenco sólido que realiza un gran trabajo actoral.  La excelente interpretación de Cranston, quien le pone el cuerpo a Walter White -con líneas memorables como “I am the one who knocks” (“soy el que llama”), que quedarán en el recuerdo de los televidentes y que ha generado gran cantidad de homenajes en Internet-, le ha valido ya 3 premios Emmy consecutivos al Mejor Actor en Drama. Su coprotagonista, Aaron Paul, también compone con precisión su personaje y logra empatía con la audiencia -el latiguillo que utiliza, “bitch” (“puta”) tal vez sea la palabra más pronunciada en la serie- Otra pieza fundamental de este relato serializado es el personaje de Hank -encarnado por el gran Dean Norris- cuñado de Walter, obstinado y tenaz agente de la DEA (oh sí, las ironías a la orden del día). Anna Gunn y RJ Mitte, como los familiares directos de Walter White, y Betsy Brandt (la cleptómana Marie, hermana de Skyler y esposa de Hank), entre otros, contribuyen al alto nivel actoral. Mención especial merece el comediante Bob Oderkink, quien interpreta el personaje de Saul Goodman, un abogado poco ortodoxo y muy fuera de la ley que trabaja para solucionar los “problemas” que se suscitan, y quien ahora tendrá su spin-off en la serie Better Call Saul. Y hasta tiene su propia página web.

La calidad cinematográfica  de Breaking Bad es otro de los motivos por los que goza de buena reputación. Cada episodio –en algunos casos dirigidos por nombres con experiencia en cine, como es el caso del alabado capítulo S05E14 Ozymandias, a cargo de Rian Johnson, director del film Looper– evidencia una cuidada puesta en escena, una fotografía soberbia y una multiplicidad de planos que en ocasiones homenajean a clásicos cinematográficos (Scarface es una de las referencias ineludibles) y a géneros como el western y el noir. El paisaje urbano cuasi periférico, el interminable desierto, y los interiores de la casa familiar son las locaciones habituales que transita la historia. La paleta de colores para cada capítulo es elaborada meticulosamente para dar énfasis al plano narrativo. Lo mismo ocurre con la música y la iluminación, que ocupan un lugar destacado en el aspecto estético de la serie, donde cada mínimo detalle parece estar calculado para realzar el relato.

En la última década, las series de televisión se han encargado de mostrar protagonistas oscuros, antihéroes con los que la teleaudiencia ha llegado a empatizar (ejemplo paradigmático es Tony Soprano). En el caso de Breaking Bad, los seguidores atestiguan los cambios del protagonista, su pasaje de un estado de dominio racional en un comienzo, a un estado completamente emocional, sobre el final de la serie. Los guiones son piezas de escritura dramática de alta intensidad, con un ritmo marcado por los diversos estilos de relato que fue probando la serie, y con una especial dedicación a cliffhangers que desafían la capacidad de asombro. La ambigüedad moral, las aspiraciones de normalidad destruidas, las luchas internas entre el bien y el mal, las consecuencias inevitables de ciertas acciones, conforman un relato sombrío. Pero en el que también hay lugar para líneas de diálogo con humor, como las referencias a películas del estilo de Star Trek y a videojuegos populares y diálogos sobre cuestiones vinculadas, que no son ajenas a algunos personajes secundarios.

Hace poco se conoció la noticia de que Breaking Bad ingresó al Libro Guinnes de los Récords al convertirse en la serie de televisión mejor evaluada (tras obtener una calificación de 99 sobre 100 en Metacritic con su quinta temporada). Anteriormente, el primer capítulo de esta última temporada (Blood Money, dirigido por Bryan Cranston), había batido el récord de audiencia con 5,9 millones de televidentes. Pero recientemente, el capítulo Ozymandias –considerado por muchos y hasta por el propio Gilligan, como “el mejor episodio de toda la serie”-, subió la apuesta y registró 6,4 millones de espectadores, coronándose como el más visto de la serie. Incluso George R. R. Martin, el genio detrás de otro megaéxito televisivo como Game of Thrones, prodigó halagos al capítulo.

La quinta temporada de Breaking Bad fue dividida en dos partes. Los primeros ocho episodios se transmitieron en 2012 y los ocho restantes a partir de julio de 2013. Para alegría de los fans, desde el retorno de esta entrega final, surgió el programa Talking Bad, que reúne a uno o varios actores de la serie con algún invitado famoso y seguidor, en donde se repasa y analiza el último capítulo emitido, con intervenciones de archivo y hasta una pequeña “pista” que entrega Gilligan para el siguiente episodio.

Los últimos dos capítulos tienen una duración especial de 75 minutos con publicidad incluida. La expectativa de los fanáticos de la serie en todo el mundo por el episodio final llevó a uno de los protagonistas, Aaron Paul, a crear un evento solidario para el momento de la emisión en Estados Unidos, en el que se reunirá con los seguidores en un cementerio a disfrutar de la ansiada entrega.

Con capítulos notables, soberbias actuaciones, frases que hacen eco en internet (y en el cara a cara), una buena cantidad de galardones de los premios más importantes (10 nominaciones en los Emmy 2013 de las cuales la serie ganó 2, el premio mayor como Mejor Serie Dramática, y el galardón a Mejor Actriz de Reparto en una serie dramática, para Anna Gunn), varios récords obtenidos y, sobre todo, con maestría narrativa, este relato serializado que nos introdujo al oscuro mundo de Walter White/Heisenberg llega al inminente final en su mejor forma. Y en el trayecto ha sumado horas de excelente calidad a la ficción en televisión.

Hipótesis sobre las escenas finales abundan. Las piezas ya están acomodadas para esa última jugada. Pero, más allá del movimiento que se realice, esta partida tiene su suerte signada –y maldita- desde el comienzo. La historia (televisiva) dirá si la serie resiste la tiranía del paso del tiempo. Por el momento, en estas horas decisivas, Breaking Bad sigue viva y respira aires de grandeza.

Alejandra Casal

Blog: microniana

Twitter @alitacasal

 

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