Hace un par de semanas, en INTRATABLES, nos enredamos en una discusión que podía sonar ligera, pero que yo me tomé pesada. ¿Vieron cuando me enojo en la tele tanto que se me desfigura la cara? Bueno, así.

Resulta que estábamos debatiendo en el panel sobre la infidelidad de Leonardo Fariña a Karina Jelinek. Que si una mujer se da cuenta, que si una infidelidad se perdona, que si es menos grave cuando se trata de un matrimonio con muchos años de historia que cuando era un romance en ciernes y todas las variables que te puedas imaginar.

Yanina Latorre -la esposa de Diego Latorre- participaba del programa como panelista invitada. En una de las discusiones tiró una frase conocida: cuando uno está casado, no hay que buscar, porque el que busca encuentra.

Yo repliqué esa postura. “Hay que buscar, hay que encontrar quien es la verdadera persona con la que uno se está involucrando”.

Martín Cicioli, querido colega que también estaba invitado en el panel, salió al cruce: “Julia, en la vida personal uno no es periodista”.

Me quedé reflexionando. ¿Me equivoco si sigo mi instinto de saber a fondo quien es la persona con la que me estoy involucrando?

¿Preguntar tanto, es un deformación profesional o una virtud personal?

¿Esta compulsión por preguntar y preguntar y desconfiar de un hombre que recién conozco antes de dejarle mi corazón en el puño, me lleva a buen puerto?

¿A cuento de qué viene esto hoy? 

Del horrible caso de Vanesa Rial, la joven abogada platense que permaneció secuestrada y víctima de violencia de manos de su pareja, un sicópata disfrazado de playboy a quien conoció en un boliche.

Saben ustedes que entre las vejaciones que sufrio al engancharse con el están los golpes (la tiró de su moto andando, le dió una piña que le quebró la mandíbula, entre otras cosas horribles), las vejaciones a las que la sometía llegando a tener prácticas sadomasoquistas etcétera..

Tras seis denuncias por maltrato, la policía finalmente allanó el domicilio en el que vivían por una denuncia de desaparición de su hogar que realizó su padre.

Después del infierno, Vanesa supo que este monstruo tenía denuncias de sus anteriores parejas e incluso que estaba acusado de abusar de sus hijas. Supo que el monstruo tenía prontuario.

Y que el que busca encuentra.

Y que buscar para encontrar la verdad, siempre está bien.