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Spectrum Crunch: ¿El Apocalipsis de los celulares?

Spectrum Crunch: ¿El Apocalipsis de los celulares?
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Hoy, la nueva pesadilla tecnológica es la posible saturación (en 2020) del espectro electromagnético a través del cual nos mantenemos comunicados. ¿Paranoia o realidad?

Por Jorgelina Zamudio.

El colapso del espectro podría ser, tranquilamente, el título de la nueva película de Tim Burton. O una más de la interminable lista de films repletos de zombies, al estilo de Dead men walking. Pero no, hablamos de otra cosa. Bastante más real que los muertos vivientes aunque no menos inquietante: la posibilidad (cada vez más cercana, según los entendidos) de que en seis años –si no antes- el espectro electromagnético que rodea a la Tierra y por el que los datos van y vienen llegue a su punto de saturación. Y colapse. De allí su nombre: spectrum crunch o, en criollo básico, colapso del espectro.

¿Por qué una noticia como ésta –en apariencia sólo capaz de excitar a un habitante de Silicon Valley- puede llegar a interesarnos también a los simples mortales? Simple: porque desde que nuestras vidas están pobladas por una verdadera selva de aparatos desprovistos de cables, como celulares, tabletas, laptops y demás “chiches” tecnológicos de última generación, la información que intercambiamos viaja por el aire. Y esa aire, ay, en los últimos años multiplicó su “población” varias veces.

Traducido, esto significa que si el tal espectro electromagnético fue durante décadas una suerte de tierra baldía habitada por tres o cuatro vecinos amodorrados (la radio, algo de telefonía, ciertas aplicaciones militares y no mucho más), hoy ese territorio ha sido colonizado hasta decir basta.

Y eso, según informó hace muy poco la BBC, podría tener consecuencias impensadas sobre nuestro cómodo mundo de pantallas touch y tecnología inalámbrica. “Hay un gran riesgo de que el espectro de las telecomunicaciones colapse en 2020”, le dijo a la cadena de noticias Simon Saunders, director de una consultora independiente. De hecho, ya hubo una muestra gratis del desastre en ciernes hace un año, durante las Olimpíadas de Londres, cuando hubo que pedir parte del espectro asignado al ejército para que la transmisión no colapsara.

Repasemos, por caso, algunos datos: hoy existen en todo el mundo cerca de 7000 millones de dispositivos móviles, pero a fin de este año superarán a la cantidad de humanos que pueblan el planeta. ¿Más aparatos que gente? Exacto.  Y eso, bien mirado, implica más líneas en juego, mayor cantidad de datos yendo de aquí para allá y –elemental, le dirían  al pobre Watson- también una mayor congestión en el espacio por el que circulan.

Lo que muchos definen como un creciente proceso de “cyber congestionamiento” estaría directamente relacionado con el boom de la tecnología celular y la llamada “Internet de las cosas”. Esto es, aparatos capaces de conectarnos de inmediato con el resto del mundo mediante impulsos electromagnéticos que –no por invisibles- son menos reales. ¿El precio de tanta comodidad? Un entorno sobrecargado de ondas en el que dentro de poco- sostienen algunos- no cabrá literalmente cyber ni un alfiler.

Según datos de Cisco Systems, por caso, en 5 años el tráfico inalámbrico de datos se multiplicará por 13 a instancias del presente boom de tablets, smartphones y demás chiches tecnológicos.

Pero la fecha de “vencimiento” del actual espectro es (con ecos apocalípticos) marcada por los expertos para dentro de seis años. De todos modos, quizá valga recordar en este caso algunas de las tantas otras veces en la historia de la humanidad en las que una fecha precisa anunció lo peor, y finalmente no pasó nada.

Así fue en el año 1000 (“mil años y no mil más”, decían los agoreros de entonces) y volvió a suceder con el cambio de milenio, cuando el mentado Y2K (la sigla inglesa correspondiente a la frase “crisis del año dos mil”) nos preparó para una hecatombe cibernética que jamás ocurrió. ¿No sucederá con el colapso del espectro algo por el estilo? ¿No será éste también uno más de nuestra seguidilla de bluffs milenaristas, como el nunca sucedido apocalipsis maya de 2012?

Aquí las aguas, para variar, se dividen entre los escépticos y los catastróficos. Para los primeros, nada sucederá porque la solución se encontrará antes. ¿Cómo? Aprovechando parte del espectro hoy subutilizada y, eventualmente, provocando una “redistribución” del mismo entre los nuevos jugadores en el mundo de las telecomunicaciones, entre otras opciones. Para los segundos, por el contrario, existen grandes posibilidades de que esta vez la alarma no sea en vano. La razón: el espectro electromagnético es, dicen, un espacio amplio pero no infinito, y en la no por casualidad llamada Era de la Comunicación los datos que lo habitan se han multiplicado de modo vertiginoso.

Crece la venta de equipos, crece la cantidad de mensajes en circulación. Si tuviéramos que recurrir a una imagen “tuerca”, diríamos que por la misma autopista por la que ayer circulaban unos pocos autos hoy se desplazan millones de camiones de doble acoplado.  Los “vehículos” no dejan de llegar…y nadie quiere salir de la carretera.

De hecho, el Comité Federal de Comunicaciones (FCC) de los Estados Unidos ya está implementando algunas estrategias para “liberar” parte del espectro. Pero según CNN, los “remates” de las pocas frecuencias aún libres generaban más polémicas que soluciones en un contexto en donde las empresas de comunicaciones han aprendido a sobrevivir gracias al canibalismo.

Ahora bien, ¿qué pasará si efectivamente el espectro se satura? Por lo pronto, como pasa actualmente al usar el Wii Fii en cualquier aeropuerto concurrido, todo tardará el doble. Y esa comunicación “pesada” se traducirá en cuentas de servicios cada vez más grandes.

“De todos modos, dudo de que pueda suceder algo así como una saturación”, sostiene el ingeniero Francisco Olano, de www.genetrixww.com. “¿Por qué? Porque a medida que las frecuencias se saturan se van abriendo otras nuevas. Para que nos demos una idea, hoy entre un celular y otro hay sólo 2 Mhtz de diferencia. Digamos entonces que este es un  tema se resuelve con una negociación y por lo tanto tiene solución”, agrega.

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