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Almost human: un J.J. Abrams humano, demasiado humano.

Almost human: un J.J. Abrams humano, demasiado humano.
#BorderPeriodismo

Muchos buenos antecedentes e influencias parecen mezclarse en Almost human (Casi humano), la serie estrenada el pasado 28 de noviembre en Warner Channel por el dúo de productores ejecutivos J.J. Abrams y Bryan Burk –responsables ambos de series como Lost, Alias, Alcatraz, Fringe y Person of interest, entre otros éxitos-, junto a J. H. Wyman como creativo.

Si ya de por sí la presencia del apellido Abrams invita a sentarse a ver esta nueva serie, que en Argentina se emite los jueves a las 23 horas, la experiencia de este cronista con los dos primeros capítulos de esta apuesta de la productora Bad Robot es por demás auspiciosa, al reconocer en la trama influencias literarias de Isaac Asimov, Philip K. Dick y ciertas novelas distópicas, como también reminiscencias cinematográficas de Minority Report (Steven Spielberg, 2002), Inteligencia Artificial (también de Spielberg, 1999), Yo, robot (Alex Proyas, 2004), Blade Runner (Ridley Scott, 1982), El vengador del futuro (Paul Verhoeven, 1990), RoboCop (otra de Verhoeven, 1987), y hasta Arma Mortal (Richard Donner, 1987) y 48 horas (Walter Hill, 1982).

Es el año 2048 y el mundo ha logrado avances trascendentales gracias a la ciencia y la  tecnología, que se encuentran “desreguladas”. Pero como todo lo bueno tiene su lado malo –¿el elemento oriental al estilo Lost? En este caso, ¿el yin y el yang del taoísmo?- el uso de drogas y armas está fuera de control, el contrabando y el crimen es manejado por una poderosa organización criminal -el Sindicato- y los delincuentes cuentan con mayores recursos que la policía, son cada vez más innovadores al incorporar ciencia y tecnología a sus crímenes, y los índices delictivos se disparan un 400%.

¿Cuál es la solución que encuentra el hipotético gobierno de este Los Angeles futurista? Incorporar a la policía robots de inteligencia artificial, programados exclusivamente para combatir el crimen. Cada policía deberá trabajar obligatoriamente junto a un androide sintético contra el creciente delito urbano. Algo que parece ser aceptado positivamente por los policías, salvo por el detective John Kennex –interpretado por el neocelandés Karl Urban, quien logra un merecido protagónico luego de participar en series y miniseries como Comanche Moon, Xena, la princesa guerrera, Hércules o en las películas Riddick, Star Trek: En la oscuridad, Dredd o El señor de los anillos: El retorno del rey, por decir algunas.

Kennex, se ha reincorporado recientemente a la fuerza luego de estar dos años en coma como consecuencia de una emboscada de la organización criminal, de la que fue el único sobreviviente mientras todo su equipo murió. En su vuelta al trabajo, el detective carga con secuelas físicas y psíquicas: su cuerpo rechaza a las partes biomecánicas que le implantaron para salvarle la vida, está depresivo y se siente culpable de la muerte de sus colegas y, por si fuera poco, no se lleva bien con la idea de trabajar con humanoides.

John rechaza la compañía de los “sintéticos” de diseño más moderno y se le asigna, con cierta condescendencia, a un viejo androide,  Dorian –interpretado por Michael Ealy, quien tuvo participaciones en las series Californication, The Good Wife y en la suspendida FlashForward-, que también viene de un período de inactividad ya que los de su tipo, robots basados en un programa de “alma sintética”, fueron discontinuados por considerarlos “inestables”. La gran diferencia entre Dorian y los otros androides es que puede tener respuestas emocionales.

Esta sociedad desigual y por conveniencia –ambos necesitan reincorporarse a la policía y demostrar que todavía son útiles- es la que remite a Arma Mortal –donde el policía desquiciado era interpretado por Mel Gibson– y 48 horas -con Eddie Murphy en el papel del oficial poco aficionado a las reglas-. Ambos, humano y humanoide, jugarán el rol de “policía malo” y “policía bueno” mientras intentan “conectar” como compañeros y van resolviendo diferentes casos al estilo de Fringe y Person of interest.

Un diseño de serie de acción con tintes policiales e ingredientes de ciencia ficción que le ha funcionado muy bien al tándem Abrams-Burk en Fringe, resistiendo durante cinco temporadas a la tiranía del rating norteamericano; y que actualmente va por el tercer año de la que es, para el gusto de este crítico, la mejor serie del momento:  Person of interest –que suma además el talento de Jonathan Nolan, guionista junto a su hermano Christopher de la trilogía de Batman, el Caballero de la Noche-.

El planteo de la serie quiere llevar al espectador a imaginar cuales serán en un futuro los límites de la robótica y su interacción con los humanos, retomando las cuestiones filosóficas y sociológicas puestas de manifiesto en el film Blade Runner, inspirado en la clásica novela del escritor Philip K. Dick:  ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?. En los primeros capítulos, comienza a vislumbrarse que la interacción entre la pareja dispareja humano-robot tiene como primera derivación el replanteo del sentido común sobre el término “humanidad” y una revalorización de la “roboticidad”.

Es esperable que la serie tenga un tiempo necesario de desarrollo como el que han logrado las exitosas Lost, Fringe y Person of Interest, y que no tuvo Alcatraz, la interesante serie de la productora que no fue más allá de una temporada. Almost human reúne una interesante combinación para los amantes del género: acción, muy buen elenco y una historia que permite desarrollar cierta profundidad conceptual. Además de contar con la posibilidad de sumar nuevos públicos a la pantalla, lectores de ciencia ficción y seguidores de Isaac Asimov, por ejemplo.

¿Cuál es la conexión entre Almost human y el gran escritor soviético nacionalizado norteamericano, que fuera creador de las Tres Leyes de la Robótica y la Saga de la Fundación? Todo. Es imposible no relacionar a la serie con Las bóvedas de acero, la primera novela de la serie de los robots que incluye, entre otros libros de ciencia ficción altamente recomendables, a Yo, robot.  En Las bóvedas de acero, Asimov construye una novela policial ambientada en un entorno futurista, donde los protagonistas principales son humanos y robots: el detective Elijah Baley, el superintendente Julius Enderby y R. Daneel Olivaw –un robot humanoide-, entre otros. Varios de estos personajes reaparecerán en sus novelas más famosas, para ayudarlo a plantear los problemas generados por la aparición de las nuevas inteligencias que compiten con las de los humanos.

“Lo que más me interesa es pensar cómo la tecnología afecta nuestro entorno y eso está muy presente en nuestros días; claro que hay un aspecto muy positivo, pero también está el negativo. A veces te preguntás cuan peligroso puede ser destapar al genio de la botella”, señaló Joel Wyman, uno de los creadores de la serie, en una conferencia de prensa reciente. Wyman señaló a Blade Runner como una de sus “películas favoritas de todos los tiempos” y se declaró en deuda con Dick y Asimov. Pero también se diferenció al señalar que su intención, sin embargo, “fue la de mostrar otro tipo de futuro, menos utópico o distópico, mejor dicho. Algo más esperanzador. Sus novelas parten de la base post apocalíptica de que la humanidad ha ido demasiado lejos y que pagamos las consecuencias. No quería hacer algo demasiado oscuro y lluvioso donde nadie es feliz”.

En tiempos donde los expertos de la industria editorial pronostican el fin de las novelas distópicas entre los lectores jóvenes, un género que nos legó simbólicas historias para reflexionar sobre el futuro como 1984 de George OrwellUn mundo feliz de Aldous HuxleyFahrenheit 451 de Ray Bradbury o La naranja mecánica de Anthony Burgess, es interesante que una nueva serie se formule algunas de esas clásicas preguntas, adaptadas unas décadas después.

Y si bien el creador de Almost human quiere diferenciarse del género distópico, tal vez para marcar distancia de otros fenómenos audiovisuales como Los juegos del hambre (The hunger games, 2012), las sagas vampirescas, de zombies y otros “cultos” populares que han banalizado un poco a la ciencia ficción tradicional, es saludable que se apueste a un producto donde el eje sean las preguntas clásicas y fundamentales de la filosofía y la metafísica: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? o ¿Qué es la vida? Cuestiones bien humanas o, en éste caso, teniendo en cuenta los planteos que el androide Dorian se formula en cada capítulo… casi humanas.

Por Marcelo Dosa

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