“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: ésos son los imprescindibles”.

Bertolt Brecht

 
Nelson Mandela murió en Johannesburgo, a los 95 años. Es, para Sudáfrica y para el mundo, el fin de una era.
Madiba fue el primer presidente democrático de su país y puso fin a la segregación racial. Antes estuvo 27 años encarcelado en condiciones inhumanas, pero eso no sólo no quebró su espíritu, sino que lo fortaleció para poner fin al Apartheid. Premio Nobel de la Paz en 1993, quien a diferencia de Obama no ordenó matar a nadie ni mandó a su nación a ninguna guerra, luchó toda su vida por una nación un poco más justa.
“Mandela partió, pero no se fue. Permanece su testimonio de vida y los principios que asumió para la lucha por la vida y la dignidad de los pueblos. Sufrió torturas y 27 años de cárcel en manos de una minoría dominante que arrastraba la mentalidad racista y colonial heredada de Europa. Pero en esa diversidad e intolerancia, se mantuvo firme en su convicción de que todos los seres humanos tenemos los mismos derechos y logró grandes avances para superar el ostracismo y marginalidad de su pueblo. Hoy quedan muchos desafíos pendientes en Sudáfrica y el proceso de lucha al que él colaboró servirá de brújula a los sudafricanos”, señaló el también premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel. Y agregó: “Nelson Mandela fue y será un ejemplo para la humanidad”.
Los principales líderes mundiales lo despidieron con palabras elogiosas. Cristina Fernández de Kirchner escribió que sentía un “hondo pesar” por la muerte de Madiba.
En la cuenta oficial del líder sudafricano se pudo leer en cinco idiomas: “La muerte es algo inevitable.Cuando un hombre ha hecho lo que considera que es su deber para con su gente y su país,puede descansar en paz”.