Con el Plan Antisaqueos en plena vigencia y los supermercadistas chinos poniendo rejas en sus locales, la temperatura parece subir más y más en este convulsionado diciembre. El ansiado respiro aún no llega, y los medios volvieron a fustigar al Gobierno desde los titulares por la inflación, que, aseguran las consultoras, llegaría al 27 por ciento en el acumulado de 2013.

La más alta inflación de la “década kirchnerista” es, aunque no se diga, una preocupación para CFK. No tanto por el efecto real (según Axel Kiciloff y su equipo) en la economía, sino por el humor de la gente. Es esa la batalla que hoy se plantea el kirchnerismo: recuperar algo de la imagen perdida.

¿Por dónde encontrará salida el Gobierno? El efecto Coqui, esa especie de tregua tácita que se dieron el Gobierno y Clarín con la llegada de Jorge Capitanich a la Jefatura de Gobierno y la salida de Guillermo “Polémico” Moreno, se resquebrajó con el conflicto policial, los saqueos y la docena de muertos. Todos –y no sólo en el Gobierno Nacional- esperan la llegada de enero, la calma que parece recuperar la Ciudad en esos días de calles aletargadas y política en ojotas. Y, ya casi un secreto a voces, miran con ansias el comienzo del Mundial.

Se sabe que cerca de abril todo -todo- lo que suceda en el país pasará a un segundo plano. Y ya en junio, con el inicio de la Copa, los ánimos de todos parecen aplacarse y los cruces bajan al mínimo indispensable. El Mundial y su efecto es analizado seriamente por los equipos de comunicación del Gobierno, que ya trazan estrategias con Fútbol para Todos (¿Víctor Hugo relator de los partidos de Argentina?) y que ven en un posible triunfo de la Selección nacional el antídoto para todos los males. El jueves último el presidente de la AFA Julio Grondona acordó el programa de viajes de la Selección con el presidente de Aerolíneas Argentinas, Mariano Recalde. No se equivocan en la proyección: Argentina campeón en Brasil sería poco menos que una epopeya, fácilmente capitalizable políticamente. Sí se equivocan en jugar un pleno a esa remota posibilidad.

Los que descrean de la importancia del fútbol en la política (y viceversa) pueden asomarse a mirar el efecto Francisco-Tinelli en el campeonato logrado por San Lorenzo. ¿Una locura? Pensemos en Mauricio Macri, Boca, y la llegada del Cartonero Báez a la jefatura de Gobierno porteña. ¿No alcanzan los ejemplos? Vayamos el rugby y al campeonato logrado por Sudáfrica en 1995, una estrategia política magistral pergeñada por Nelson Mandela. Abundan los ejemplos históricos. Se han escrito libros sobre deporte y política.

Y, en definitiva, no hay nada más nacional y popular que un Mundial de fútbol. En la Rosada, ya cuentan los días para el inicio de Brasil 2014.