Un campo minado en materia económica es lo que tiene el Gobierno nacional de acá a 2015. Con las reservas por debajo de los 30 mil millones de dólares -su piso mínimo del último lustro-, y una inflación que empieza a acelerarse cada vez más peligrosamente, la Presidenta está atada de pies y manos para tratar de terminar su ciclo con cierta comodidad.

En el despacho de Axel Kicillof, el ministro de Economía que no logra levantar el perfil de su cartera, ya dan por descontado un dólar oficial a 8 pesos. Los enojos en el despacho presidencial por el fallido intento de contener al dólar, recuperar el peso y frenar la fuga de capitales ya se escuchan en voz alta.
“El miedo de la Presidenta es terminar saliendo por la puerta de atrás”, explica un economista que asesora al Gobierno. “No hay un riesgo de desmadre como en 2001, está claro, pero la presión inflacionaria sumada a las paritarias que arrancarán en un piso del 30% son un peligro para cualquier economía”, agrega. “El gran problema de fondo son los sueldos en negro, porque mientras los asalariados que tienen gremios fuertes pueden pelear para no perder poder adquisitivo, hay una masa de trabajadores informales que deben pelear por su salario en forma individual y sin garantías. Ese núcleo crítico, que se estima en el 40% de la población económicamente activa, es una bomba de tiempo”, subraya.
¿Y por qué decimos que la Presidenta está atada de pies y manos? Cristina ha demostrado repetidas veces su capacidad de resurgir de las situaciones más complejas. Pero esa probada fortaleza anímica encontró su límite en los problemas de salud y los embates de propios y ajenos.
“Está más preocupada por la imagen que va a dejar que por retomar las riendas del Gobierno”, confiesa un gremialista que siempre boyó entre Scioli y Kirchner. “Las reuniones son cada vez más reducidas y hay preocupación constante por las encuestas de imagen”, sostiene.
En ese clima tenso, los números que acerca Kicillof no ayudan a mejorar el ánimo.
Y como es sabido, el ánimo es un componente fundamental de la economía. Las expectativas y temores mueven montañas. “Al imponer el cepo, el dólar invariablemente tenía que dispararse. La moneda es igual a cualquier otro producto en ese sentido: si escasea, sube el precio. Esto no le entendió el Gobierno en su momento y ahora parece ser tarde para pegar un volantazo”, señala el economista.