La información ya se ha largado a rodar, y no vino precisamente de despachos opositores o de la mente afiebrada de ningún editor de diarios. El propio Gobierno lanzó, por vías alternativas (es decir, no oficialmente) la idea de suspender momentáneamente las paritarias y aprobar un monto fijo de aumento por decreto hasta tanto aclare el panorama cambiario.

Antonio Caló ya habría dado el visto bueno para la medida, mientras el sindicalismo alejado del Gobierno, que es su enorme mayoría, pretende encolumnarse detrás de los docentes, quienes tienen la tarea de inaugurar en pocos días las primeras negociaciones salariales.
En Casa Rosada no tienen dudas de que la disputa salarial es la madre de todas las batallas. La apreciación del salario en blanco  ha sido siempre una bandera del kirchnerismo, como lo es la tasa de empleo. Y ha evitado por todas las vías posibles rehuir a la palabra ajuste.
Pero ese 30% del que hablan los líderes sindicales suena a meta inalcanzable y a espiral inflacionaria, en un contexto de incertidumbre por el valor del peso.
Poner un tope al reclamo salarial significaría para el kirchnerismo bajar una de sus principales banderas, pero hay varias carpetas circulando en las que se pueden leer “acuerdo de precios y salarios”.
Lo único cierto, según a demostrado una y otra vez el kirchnerismo, es la capacidad de sorprendernos.