Dicen que los golpes que más duelen son los asestados por los amigos. “Es necesario un acuerdo político para no terminar como Alfonsín o como en el 2001”, lanzó el gobernador kirchnerista de Misiones, Maurice Closs, como un tremendo gancho al mentón del Gobierno.
Fue una expresión propia de un hombre con miedo. Un temor lógico por los problemas que debe sortear en su provincia. No es el único: tal es la incertidumbre que esta tarde, los ministros de Economía de Buenos Aires, San Juan, Mendoza, Salta y la Ciudad de Buenos Aires se habrían reunido con Daniel Scioli para acordar alguna estrategia en conjunto de cara a las negociaciones paritarias salariales. El encuentro tendría el visto bueno del jefe de Gabinete Jorge Capitanich pero avala la idea de que el gobernador Scioli puede contener las dudas de algunas provincias.
Pero volviendo a Closs, dijo sin vueltas lo que muchísimos kirchneristas expresan desde diciembre por lo bajo (y no tan bajo). Nadie quiere salir por la ventana.
Si hasta Diana Conti, otrora vocera aguerrida del Gobierno le regaló un mimo a Scioli diferenciándose de las palabras críticas de su par Julián Domínguez. Cada uno va armando su juego en un futuro rompecabezas que nadie sabe cómo se va armar. Lo seguro es que va a cambiar.
En esa misma disyuntiva de posicionamiento se encuentran los distintos intendentes, que antecedieron al kirchnerismo y pretenden sobrevivir a él. Imagínense a Hugo Curto relegando poder.
Mientras la economía navega en aguas revueltas y los empresarios piden calma y recuperar el clima de negocios, la inflación vuelve a estar en las tapas de todos los diarios y a convertirse en el principal cuco.
Está claro que esa mini tregua mediática post cambio de Gabinete se rompió definitivamente. La metralla de los medios es cada vez más fuerte y los pasos en falso de Kicillof poco ayudan para traer calma. Mucho menos ayudan quienes arremeten desde el poder económico concentrado, por supuesto.
Las palabras de Closs vuelven a resonar. No están dadas las condiciones para una crisis de tamaña envergadura. Pero el otro relato, el que se construye desde la vereda de enfrente del kirchnerismo, puede resultar muy dañino.
Alfonsín fue arrastrado por la híper y De la Rúa por la nefasta idea del Corralito. Esas nubes no son las mismas que hoy, pero siempre están en el imaginario.

Y aquí entra el factor emocional, que tanta importancia tiene en economía y en la política. Aldo Ferrer lo dijo así: “La economía está funcionando bien, pero el principal problema son las expectativas”.