Hubo quienes se sorprendieron por el acto que encabezaron juntos Daniel Scioli y Sergio Urribarri, en Banfield, para hablar de políticas públicas.

Pero esa foto de los dos gobernadores aspirantes a suceder a Cristina Kirchner no es ninguna sorpresa: la reunión la armó el vice de Scioli, Gabriel Mariotto, antes enemigo íntimo del gobernador y hoy amigo con derecho a roce. ¿Quién piensa que estuvo detrás de la orden de juntarlos? Sí, obviamente, CFK.
Esos son los hechos, ahora el análisis: El entrerriano Urribarri es el candidato que quiere Cristina para prolongar la gestión kirchnerista. Pero sabe, porque las encuestas mandan, que no mide ni 10 puntos a nivel nacional. Es decir, necesitaría de todo el peso del partido para tratar de volcar ese 25% del electorado que aún elije a la Presidenta para tratar de sostener a su elegido.
Scioli, mientras tanto, sigue sumando gobernadores, como el hábil José Luis Gioja, cuya voz escuchan todos los dirigentes peronistas del país. Y teje alianzas hacia el interior del Gabinete, como el titular de la ANSES, Diego Bossio, el mismo Julio de Vido y Jorge Manzur (Salud). Le dedicó también (anoche, en Intratables) elogiosas palabras al ministro de Economía, Axel KIcillof.
Ese poderío lo convierte en la única opción real. Y Uribarri viene a ocupar el perfecto rol de adversario testimonial para las PASO del peronismo. Así, con la más que cantada elección de Scioli como candidato del oficialismo, pero respetando la ley de internas, el kirchnerismo lavará sus culpas y se encolumnará detrás del motonauta.
Scioli, lanzado a la candidatura, se fortalece cada día más gracias a esa postura conciliadora y su habilidad para esquivar las balas y cualquier pregunta difícil, con diez palabras que son los mandamientos del sciolismo: fe, honestidad, trabajo, deporte, turismo, consenso, confianza, seriedad, diálogo y optimismo.
Puede parecer poco, pero es la salida que el kirchnerismo ha encontrado para no tener que retirarse definitivamente del panorama político.