“Vamos a honrar nuestras deudas”, señaló CFK en la conferencia de prensa conjunta con el presidente francés Francois Hollande, y le dedicó un gesto de amabilidad a su par por el apoyo oficial a las gestiones con el Club de París. “Los fondos buitre intentan tumbar el acuerdo firmado por el 93% de los acreedores, el acuerdo de deuda soberana más importante del mundo, es un problema del mundo entero. ¿Qué pasaría si triunfara de un pequeño grupo que no tributa impuestos y tiene base en paraísos fiscales? Por eso agradecemos la decisión del gobierno francés de apoyarnos en las negociaciones”, agregó, antes de anticipar su reunión con los ejecutivos de la empresa petrolera francesa Total y subrayar la capacidad de la Argentina en materia de reservas de gas y petróleo. El reclamo por Malvinas tuvo su lugar ante la cara de póker del francés.

Así, la Presidenta logró su principal objetivo, recuperar el control de la agenda y distraer la atención de la difícil negociación salarial, que sufre Daniel Scioli en primera persona. La jugada no podría haber salido mejor: almuerzo cordial con el Papa Francisco (con declaraciones generales sobre la importancia del trabajo, los jóvenes y el salvajismo capitalista), reunión distendida con Hollande, y frente interno complejo para el Gobernador, lanzado como nunca antes a la carrera presidencial sin el visto bueno de la Jefa. Así, Scioli quedó como un candidato de cabotaje, recorriendo el país para sumar acuerdos -pidió entrevista con el Grupo de los 30, justamente treinta intendentes kirchneristas de la Provincia que se convirtieron en la figurita difícil del Álbum 2015- y sin poder destrabar el conflicto paritario.

Por si fuera poco, DOS decretó el aumento que habían rechazado los docentes, y generó la reacción furibunda de los maestros, que ya van por el onceavo día de paro. Y mientras mañana continúen los cruces entre el Gobierno bonaerense y el gremio, CFK seguirá su distendida agenda con un acto cultural de fuerte repercusión: será la oradora principal en la apertura del Salón del Libro de París, que tiene a la Argentina como invitada de honor. Y más allá de la polémica por la ausencia de algunos escritores argentinos de renombre, opositores al Gobierno (Martín Caparrós, Jorge Asís, Beatriz Sarlo, etc…) y la inclusión de un gran número de los escritores integrantes de la oficialista Carta Abierta, difícilmente logren desinflar la pompa con que los primeros mandatarios de Argentina y Francia abrirán una de las ferias del libro más importantes del mundo.

Lo que se dice una jugada magistral. A la que los medios opositores aún no le encontraron la vuelta, mientras el otro gran contendiente, Sergio Massa, continúa con la estrategia de denostar el anteproyecto del nuevo Código Penal. Su rechazo a la modificación del Código le valió la reacción en pleno de jueces, constitucionalistas e incluso figuras de la oposición como Ricardo Gil Lavedra que tildó al tigrense de “oportunista demagógico”.

Chapeau para la estrategia presidencial (a pesar del literal “mal paso” en París) y reprobado para el Gobernador, que continúa encerrado en su propio laberinto. Massa, por ahora, es sólo un buen número en las encuestas.