Cultura Pop

In your face: Sorry about you, Testino

In your face: Sorry about you, Testino
#BorderPeriodismo

Por Franco Torchia

Colgar fotos de la pared -una al lado de otras y otras detrás de algunas- apostar al “instagrameo” masivo de las imágenes, convocar al otrora modelo y conductor Iván de Pineda (devenido, por cierto afán institucional, epistemólogo) y alcanzar la cumbre del “popularecherismo” museístico con la visita (siempre casual, siempre “tan fresca” de Marce, el cabezón, Tinelli) ya transforman a “In your face”, la exhibición retrospectiva de la obra del fotógrafo peruano Mario Testino que presenta el Malba hasta el 16 de junio, en el nuevo problema de la macroeconomía argentina.

Pero, pará, pará… ¿por qué de la macroeconomía y no tan sólo del arte, que a nadie le importa? Bueno compañer@s, porque no solamente depende la primera del segundo (imaginen un país con equilibrio estético y verán de cerca mercados prósperos) sino porque lo que un acontecimiento semejante viene a contarnos es, ni más ni menos, lo mal que estamos.

Pronóstico: “In your face” triplicará, al menos en impacto en medios de comunicación y garantía de público, a esa plaga insulsa de lunares que en 2013 invadieron Buenos Aires (y las redes sociales) en el marco de la exhibición de los trabajos de la artista japonesa Yayoi Kusama, hasta hoy, “hit” de convocatoria para el museo concebido por el empresario y coleccionista Eduardo Costantini.

Con el récord a cuestas de 200 mil visitantes, la experiencia Kusama exigía determinada información antes de recorrer las salas, una demanda que en Testino desaparece: no sólo porque la complejidad formal de la obra de Kusama frente a la linealidad de la de Testino invalidan la comparación, sino porque la propuesta es, hoy, no tener ningún problema. Si vas al Malba a ver Testino, no vas a tener ningún problema. Las fotos son claras, los fotografiados son famosos (o fácilmente reconocibles, o partes de una serie de biotipos susceptibles de reconocerse) y porque la ausencia de una mirada curatorial propia clausura la posibilidad de reflexión: “En la conferencia inaugural de Testino, no se habló de arte en ningún momento. Testino enfatiza su identidad latina, tiene la misma sonrisa de plástico que Ricky Martin, fue presentado como una estrella antes que como un artista y la entrevista giró alrededor de la personalidad, no de la obra” cuenta el crítico, periodista y gestor cultural Marcelo Dansey.

Así, el acontecimiento sirve para graficar una crisis: la financiación y el contenido de instituciones culturales, la supervivencia y la oferta en la que se supone que es la capital del arte experimental y el turismo de avanzada, la ciudad de Buenos Aires. “El Malba pierde plata. Montar muestras es carísimo y, entre sponsors y entradas, las inversiones no se recuperan. En el mejor de los casos, se empata, como con la muestra de Kusama y la de Andy Warhol. Pero con el conjunto se pierde, y mucho” asegura el crítico y periodista Daniel Molina, y aclara: “El déficit anual del Malba puede girar alrededor de los 2 millones de dólares. Igual, a Costantini le sirve de excelente presentación en el mundo de las finanzas y de los grandes empresarios internacionales. Pero hay que decir también que les serviría a otros empresarios que supieran hacerlo, y ni uno solo lo hace”.

Hasta hace pocos años, pensar la gestión cultural tercermundista era partir de la crítica a los estados ausentes, abandónicos y naftalinosos, y llorar a mares por el estado del patrimonio en museos, centros culturales y espacios afines. Hoy, la premisa es imaginar muestras, colecciones y aventuras artísticas solventadas “en un 30% por capitales privados y un 70% por el Estado” dice Dansey. Modelos sobran, y basta citar a ese “parque temático” que es el Moma de Nueva York para asumir que el futuro siempre se llamó Disneylandia. ¿O ése no sería el caso?

Ése no sería el caso: en un tiempo histórico condicionado por la sobreabundancia de imágenes y también por el facilismo acrítico de una capacidad fotográfica compulsiva -celulares mediante- una exhibición fotográfica emplazada en un museo podría (¿o debería?) activar el pensamiento: colocar la imagen fotográfica en el lugar de una inquietud contemporánea: “Las imágenes son funcionales al sistema en el que se insertan. En lo que refiere a fotos de moda hay que hacer la salvedad de que son escindidas de un contrato visual que presupone ese reportaje dentro de un medio. Algunas son elocuentes, otras no. Testino elige lo que lo seduce. No hay drama en lo suyo: hay fiesta. Es la fiesta de famosos, ricos, selectos en su mejor momento. Sin mostrar fisuras, extremos ni pispear la periferia” anota la periodista y editora Ana Torrejón.

“Mario Testino aparece en el mundo del arte contemporáneo justo en el momento en el que la fotografía comienza a ser destacada como soporte artístico. Y también es el momento en que la alianza entre arte y moda se consagra. Podemos decir que Testino estuvo en el lugar indicado en el momento justo” dice Molina. “Es un peruano de clase media alta, educado a la europea, con la consigna de París como sinónimo de la elegancia” recuerda Torrejón, y añade: “La fotografía de moda no tiene por qué ser arte. La moda no tiene por qué ser arte. A veces sucede y es normalmente la convalidación la que marca el paso de una frontera a la otra, ambas porosas por cierto”.

Últimamente, la industria de la moda y sus imaginarios -en el centro de los cuales, Testino es faro- es objeto de pedidos de corrección política y compromiso que, un evento como el del Malba actualiza: ¿qué cuerpo dispone la moda internacional; qué peso legitima; qué ideal de belleza transmite? “Creo que al artista se le permite la reformulación. Al fotógrafo no: por esa diferencia de estatuto profesional, se puede pensar que un fotógrafo promueve, y un artista critica, denuncia o reconvierte”. dice Dansey. En este sentido, cabe preguntarse también por las instantáneas del reviente, la heroína, los hematomas y los excesos. ¿Qué nos dicen? ¿Qué nos vienen a decir, ahora?

 Nos dicen acaso que volvieron los 90. Es decir, que nunca se fueron. Y que si los pruritos bienpensantes de los últimos años liberaran a todos y a todas, se rearmaría la farra en 5 minutos. Menem lo hizo, pero Testino llegó al país 20 años después. 

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