Mientras el PJ intenta normalizar el partido, con las elecciones de este domingo en Capital y la multitudinaria reunión de gobernadores (más el enviado de CFK Carlos Zaninni) en Las Cañitas, el Frente Amplio Progresista, la UCR y UNEN dan las puntadas finales para lanzar la alianza a fines de abril. Y, por su lado, solito pero con las encuestas en la mano, Sergio Massa sigue con su campaña verbal que le da buenos resultados entre los electores y cierra micro acuerdos con los intendentes rebeldes.

Pero todo eso es la pura política de acuerdos que se terminará de definir en los próximos meses como preludio del 2015. Mientras tanto, como siempre decimos, sucede la vida real y una serie de frentes de batalla abiertos que el gobierno de Cristina Kirchner tiene que resolver.
Superado el conflicto docente, el próximo gran encontronazo entre los sindicalistas opositores y el poder político será el 10 de abril. CFK intentará cerrar al menos el 50% de las paritarias antes de esa fecha, para esmerilar la convocatoria (y el sentido) de esa marcha encabezada por Hugo Moyano (Camioneros) y Luis Barrionuevo (Gastronómicos) que parecería estar perdiendo poder de fuego.
Y ya que también hablamos de las paritarias como una de las patas fundamentales de la economía, hagamos un poco de números: los asalariados formales del sector privado que están contemplados en algún convenio colectivo de trabajo son 5,5 millones . Quienes ya cerraron aumentos son poco menos de un millón de trabajadores, entre los que se destacan la UOCRA, la UOM, Utedyc y SMATA. Hay 1,3 millones de asalariados que están por cerrar acuerdos (Comercio y Sanidad) y poco más de 250 mil, entre los que se destacan Bancarios y UTA, que tienen las conversaciones encaminadas. En total son cerca de 2,5 millones de personas que lograron cifras que van del 24 al 30 por ciento, que es el porcentaje pretendido por el Gobierno nacional.
En esa tarea fina de cerrar acuerdos antes del 10 de abril está abocado el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, codo a codo con Axel Kicillof y el mismo Jorge Capitanich, jefe de ministros. El objetivo principal es mantener el buen clima financiero generado por los preacuerdos con los mercados internacionales y un frente interno de reclamos tolerable.
“Nosotros tenemos que llegar a junio con las cuentas ordenadas, aprovechar el buen clima que se genera en la gente cuando llega el Mundial y tomar aire para la segunda mitad del año, donde el nivel de conflictividad cede un poco”, contaba informalmente un miembro de la mesa chica de Kicillof.
Borderperiodismo ya había anticipado el “Plan Mundial” a fines del año pasado. Es un oasis en medio del año más duro que le haya tocado enfrentar al kirchnerismo, y los funcionarios lo toman como el único respiro que queda de aquí a diciembre de 2015.
Claro que, en el marco de la cruda realidad de la coyuntura, las cuentas controladas parecen no bastar para contener la conflictividad social. La enojada clase media ya estalla no sólo por los precios sino, sobretodo, por la inseguridad con los recurrentes casos de ajusticiamiento por mano propia que ocurrieron hoy y en los últimos días.
El tema todavía es hasta dónde el gobierno podrá seguir emparchando soluciones para un tema que requiere de tantos cambios profundos.
Pero regreasando al increíble microclima de la política partidaria, allí calcunlan que, con el PJ normalizado para principios de mayo (¿Eduardo Fellner en lugar de Scioli?), comenzará la disputa formal por conseguir el apoyo de Cristina para salir con todo a la campaña por la sucesión. Scioli y Massa picaron en punta; lo propio hará la nueva alianza progresista. Y queda la gran incógnita de quién será el elegido por la Jefa para aspirar a mantener al kirchnerismo en el poder. Claro, a no ser que ella nos sorprenda a todos y le de el visto bueno al Gobernador de Buenos Aires.