Por Fernando Sommantico

Tras una semana del comienzo del mundial y más allá de algunos resultados sorpresivos, el tema que predomina en las charlas de café entre amigos y también en los medios de comunicación son los arbitrajes. Las opiniones no tienen punto medio: para los más benévolos son regulares y los más duros dicen que son pésimas.

Si bien no es una novedad que el arbitraje ocupe un lugar preponderante en la jerga futbolera, éste mundial la FIFA pretendió anticiparse al fenómeno, sin demasiado éxito. Cómo? con el “ojo de halcón”; una forma de incorporar tecnología para despejar dudas sobre si la pelota traspasó la línea de gol o no.

Indudablemente  es una medida acertada pero ¿es suficiente? O sólo se recurrió a la técnica para un aspecto que quizás es el menos complicado para resolver dentro del marco del reglamento; sobre todo, a la luz de las posibilidades de error que en ese punto se puedan cometer. Veamos.
Si se presta atención a errores vinculados a determinar si la pelota ingresó o no al arco, se verá que son muy pocos en estos campeonatos. Concretamente, yo recuerdo dos casos en los últimos 2 mundiales.

En cambio, hay otro tipo de errores mucho más frecuentes, que causan los mismos perjuicios y que se escapan de la tecnología y perjudican con la misma o mayor intensidad a un equipo. Por ejemplo un gol en offside, una  mano intencional dentro del área, una acción dudosa a la hora de considerarla falta, etc. En definitiva, se trata de situaciones propias de la endeblez de los asuntos humanos.

Un árbitro, por más experiencia y entrenado que este puede cometer fallas, precisamente para ello está la tecnología, para ayudar en situaciones que no son muy claras y volver más justo el juego. Lo concreto, entonces, es que la aplicación del “ojo del halcón” en estos términos no deja de ser una cuestión menor. Si realmente se quisiera ayudar a los árbitros, la tecnología debería estar al servicio de ellos como en otros deportes. Por ejemplo, en el rugby el árbitro recurre al video cuando tiene dudas si un jugador apoyó la pelota en el ingol; en la célebre NBA del básquet los 3 jueces recurren al video para despejar sus dudas,  lo analizan y resuelven entre ellos a un costado de la cancha; el tenis es un caso especial , dado que el jugador ante la duda por una sanción de juez pude recurrir  al ojo de halcón, es decir tiene la opción de desafiar el fallo del juez; en el hockey también se usa la tecnología y la lista podría seguir con otras disciplinas como el atletismo, pero en el fútbol la cosa es más acotada.

Por alguna razón que no se conoce bien, reina en el fútbol  un cliché archirepetido y trillado: ” los jueces se pueden equivocar “. La paradoja es impresionante, porque paralelamente se hace mucho hincapié en el FairPlay dentro del campo de juego pero evidentemente ello no se traduce con la misma intensidad a la hora de modificar las reglas. En el partido inaugural de éste mundial, rápidamente se terminó el imaginario de ese juego limpio que consagra a un ganador, ya que el juez sancionó un penal que en el mejor de los casos sería muy discutible y anuló jugadas de las mismas características. Y esa decisión cambió todo el juego. Si la tecnología se aplicase con la misma intensidad que en otros deportes y reemplazase aquel adagio “árbitro es humano y puede equivocarse”, seguramente estaríamos más cerca de aquello que nos enseñaron nuestros mayores: que en un juego a veces gana el mejor y a veces gana el que ese día tuvo más suerte y por eso hizo mejor las cosas, pero que nunca gana el que hizo trampa… Pero para ello hay que tomar algunas decisiones que no sabemos bien porque no llegan con la fuerza necesaria.