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Mundial: cábala, ¿mete gol?

Mundial: cábala, ¿mete gol?
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En días mundialistas, la magia está a flor de piel y cada quien tiene su cábala infalible. ¿Por qué será que cada cuatro años el pensamiento mágico gana por goleada? Enterate en Border…¡ o preparate para siete años de mala suerte! 

Por Quena Strauss

Desde eliminar un cartel de bienvenida a la selección por temor a que “enyete” la performance del equipo (como sucedió con el que descolgaron en Brasil) hasta cábalas tan domésticas (¡y asquerosas! ) como no lavar la remera de Argentina hasta que salgamos campeones, el fútbol está lleno de magia, hechizos y rituales.

Por ejemplo, invitar al tío porque trae “buena suerte”. O no invitar al tío – a ese mismo tío- porque en 1994 vino y al toque nos cortaron las piernas mal. Usar la misma ropa, sentarse en los mismos lugares, comer la misma comida. Hablar (o no) en esos noventa minutos que parecen un siglo porque los atravesamos con una bandera en una mano, el corazón en la otra y una puteada ahí nomás, en la gatera de la boca, esperando para salir no bien alguien diga “¡Penal!”

“Lo mágico y la cábala es un rito que busca controlar lo incontrolable”, explica Pablo Barraza, psicoanalista especializado en trastornos de la ansiedad. “Disminuye el nivel de ansiedad, por ejemplo, ante algo tan inmanejable como un resultado incierto. Nos volvemos niños y pensamos: “Bueno, si yo hago tal cosa, va a pasar tal otra”. Pero todo eso es para tratar de dominar lo que se ignora, en este caso, el resultado. Por algo, para Freud la religión no era otra cosa que una cábala masiva”

En el caso del Mundial, cada cuatro años regresan todos los elementos de la liturgia redonda: corneta, vincha, bandera y el último y el más exótico de los accesorios futboleros, la vuvuzela. Pero no sólo eso, no. También han regresado (en secreto, o más o menos a la vista) una legión de cábalas y cabalitas, de ritos personales o sociales que nos recuerden lo que vivimos repitiendo para sentirnos más seguros. Aquello de los argentinos, de Dios y de la nacionalidad compartida. ¿O acaso no tuvimos alguna vez su mano, y ahora vamos por las canchas nada menos que con los pies del Messi(as) de nuestro lado?

Mucho –y a menudo, malo- ya se ha escrito de lo que pasa en este bendito país bajo los efectos del fútbol, y de cómo fe y tiros libres se mezclan como si tal cosa. En 1998, el “exorcismo” multitudinario de la cancha de Racing (organizado por su presidente de entonces, Daniel Lalín, y del que participaron 15.000 hinchas) es un buen ejemplo, como también lo es la peregrinación de casi 10.000 “cuervos” a Luján luego de que San Lorenzo saliera campeón del Clausura 1995. Cuervos, sí, pero súper agradecidos a la virgen a la le atribuían la victoria.

Y eso por no mencionar, claro, esa forma de “rezo” o invocación que –de aquel “barrilete cósmico” para acá- ha abarcado todas las variantes de la poesía berreta. Por si te queda alguna duda, ahí tenés su forma 3.0: sobre la melodía del himno nacional, el nombre de cada uno de los jugadores. Patria y fútbol. Pero no es nuevo, no.

Yo, que en carbono catorce revelaría una fecha de elaboración francamente asombrosa, todavía recuerdo que en 1978 la maestra nos mandó a copiar una poesía. Era una receta (larga y absurda) con los apellidos de todos los jugadores. En uno de sus renglones decía: “Se Pasarella por un cuchillo bien Fillol. Se lo cocina en un horno un poco Bertoni. Este postre sirve para veinticinco millones de argentinos”.

Por alguna razón que hoy se me escapa, el cerebro tiene una maravillosa memoria para las tonterías. Y ni qué decir cuando esa clase de bobadas están asociadas a una emoción fuerte. Por eso yo recuerdo ese poema estúpido escrito en tiempos del Proceso, y otros recuerdan aquello de “notte magica”, o conservan intacta la remera de los tres últimos Mundiales, y guay del que quiera decirles que al menos podrían lavarla un poco.

Cabe preguntarse entonces lo que se preguntaba aquel viejo sketch: ¿qué nos pasa a los argentinos? ¿Qué clase de viento es este que se apodera de nuestras cabezas cada 1200 días y nos deja como turulatos, creyendo lo que sea, prometiendo lo que haga falta, gastando lo que no tenemos para poder ver hasta el más pedorro de los partidos en una tele ASI DE GRANNNDE?

“Pensamiento mágico”, dicen los expertos. Un regreso grupal a los tiempos del rito y del grito, de la cueva y del miedo. Porque tememos- ¡y cómo!- quedar de repente fuera de esa temporalidad extraña que instala el Mundial, con todo eso de juntarnos alrededor de una picada tamaño Maracaná así sea para ver Argentina-Costa da Cotorriña, o mirar televisión en la oficina y abrazados a un jefe que dentro de un rato, nomás, volverá a tratarnos como su fuéramos, apenas, el coiffeur de su sharpei.

¿Y qué es el tal pensamiento mágico, entonces? Pues eso: creer lo que no es, ver lo que no está allí. Suspender, por el tiempo que sea necesario, el pensamiento racional, lo que nos sopla al oído la ciencia y aferrarnos como papiones ya no sólo a la bandera de la patria, celeste y blanca, sino también a toda otra forma de atavismo y de falsa creencia: que somos todos amigos, que nos queremos, que “argentino” quiere decir una única y maravillosa cosa. “Eso que somos cada cuatro años”, según reza el aviso de una señal de cable. “Eso que la superstición nos hace creer que somos”, retruca el escéptico.

¿Y de dónde salen esas superticiones que reviven con cada Mundial? Según explica Enrique Novelli, psicoanalista y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA),el origen de las supersticiones se puede remitir a las modalidades del pensamiento primitivo, mediante el cual ideas, palabras y  vivencias  se conjugan en una lógica que responde más a la magia que al pensamiento lógico. El que en personas de alto desarrollo intelectual encontremos algunas supersticiones es indicio de que tanto en los individuos, como en las civilizaciones y sociedades, siempre encontraremos restos de configuraciones arcaicas”, explica.

Y agrega que la perduración de estos restos, en los individuos, se explica por un desdoblamiento del Yo de la persona en una parte lógica y otra mágica. Ambas funcionan sin contradecirse una a la otra. La primera pertenece al orden de lo racional, la segunda a lo irracional”. De ahí que el señor contador pueda –tranquilamente- negarse a ver el partido si no tiene puesta antes la misma joggineta infecta con la que vio el último partido de la selección en 1986 o que algún otro se embale en toda clase de complejas magias para atraer a la “fortuna”.

Cada uno de esos gestos, por absurdo a algunos les puedan parecer, sirve para neutralizar un temor. Novelli lo confirma al decir que la repetición de ciertos comportamientos que se reconocen como rituales o ceremoniales, son estrategias defensivas que el psiquismo implementa ante la emergencia de afectos penosos”. En este contexto, invitar o no al tío pasa a ser una cuestión de Estado, ya que su presencia o ausencia puede –según entendemos- tener efectos catastróficos en la performacede Leo Messi y de la selección toda.

De nuevo: ¿Parece ridículo? Pues no lo es. No en este país, no en este contexto, no cuando se ha depositado en ese banco virtual llamado Copa del Mundo toneladas y toneladas de expectativas. Venimos cascoteados, devaluados, asaltados y ahora también, cuasi “defaulteados”. Por eso se torna tan necesario que la Isla do Mundial se mantenga a flote (y con nosotros arriba, saltando sin parar) tanto tiempo como sea posible.

Porque, como dice Barraza, “hoy se ha creado la ilusión de que “todos somos un equipo”. Eso es lo que tiene el Mundial: la gente se identifica tanto con los colores que-pase lo que pase- lo vive como algo íntimo, personal. Y, al mismo tiempo hay un fenómeno de masificación que hace que todo se vuelva más tribal y primitivo. Desarrollamos conductas gregarias. Y pensamiento mágico, claro”.

Después de todo –como cantaron Pitbull y Jennifer López en la gala de inauguración, hoy todos somos uno. Y lo vamos a seguir siendo hasta que –eventualmente, y “la boca se te haga a un lao”– la cábala falle, el sueño mundialista se vuelva vapor y la realidad vuelva a explotarnos en la  cara.

Para saber más:

*http://canchallena.lanacion.com.ar/1273579-las-cabalas-del-mundial-una-costumbre-argentina

http://www.todoslosmundiales.com.ar/index.php/copas-del-mundo-mundial-de-futbol/copa-del-mundo-world-cup-2/mundial-de-brasil-2014-copa-del-mundo-brasil14-brazil14/1076-a-mas-de-1000-dias-empiezan-las-cabalas

*  http://www.diarionorte.com/article/107670/el-pulpo-paul-resucita-en-google

 

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