En Jerusalem, Mauricio Macri le confió al enviado de La Nación, una exclusiva que ayuda a armar el mapa de las candidaturas 2015. “No hay chances de una alianza con Scioli ni con Massa”. Lo primero era obvio, pero lo segundo es revelador, sobre todo porque se suma a otra respuesta  en donde dejó abierta la posibilidad de forjar acuerdos con la Alianza UNEN. “Es más factible en algunos distritos, hay buen diálogo con algunos de ellos”, subrayó Mauricio.

El gobernador Daniel Scioli le respondió hoy en diálogo con Luis Novaresio en radio La Red: ¿Quién te ofreció ser mi copiloto?, fanfarroneó en un estilo que no le es propio.

Es que, en las próximas elecciones las alianzas van a ser clave  para terminar de armar una -hasta hace no mucho improbable-un Macri candidato con chances reales de gobernar.

El líder de PRO sigue por ahora debajo de Scioli y Massa en las encuestas, pero sube sin pausa, en parte gracias a la buena imagen que le depara sus actos conjuntos con Cristina. Ese acuerdo con la fuerza que integran entre otros Elisa Carrió, Hermes Binner, Pino Solanas y el radicalismo podría significarle un espaldarazo rotundo para la recta final. Si le alcanzará o no a Mauricio para llegar al ballotage ante las dos opciones que nos depara el peronismo, es arriesgado de asegurar.

Pero eso que hasta ahora parecía una ilusión, hoy cobra fuerza. La Alianza UNEN tiene llegada en Mendoza, en Santa Fe y alguna resonancia en la provincia de Buenos Aires, mientras el PRO encuentra adeptos en Córdoba, en Cuyo y parte de la Mesopotamia. Además, claro, del enorme favoritismo en Capital.

Es una apuesta fuerte vencer a Scioli  y a Massa, que entre el aparato peronista y sus propias virtudes (sean cuales fueran) por ahora seducen a una mayor porción del electorado. Pero quién dice que entrando al ballotage, Mauricio consiga aglutinar el voto no peronista y a los desencantados del Modelo.

Y también está el espaldarazo del gobierno al jefe de gobierno: cada vez que Macri aparece en actos con Cristina, su imagen sube. Ella prefiere darle el poder a él, que sea el padre del ajuste de los próximos años y regresar luego al poder. A Scioli, ya sabemos, que no lo quieren y a Randazzo lo están ayudando a posicionarse -y lo está haciendo muy bien- pero saben que no llegará tan lejos.