Este viernes, Atucha II, la Central Nuclear cuya construcción arrancó en 1982, entrará en funcionamiento para formar parte del sistema interconectado nacional. La generadora de energía lleva el nombre del ex presidente Néstor Kirchner y en noviembre, según anunció el ministro de Planificación, Julio de Vido, estará operacional al 100%, produciendo 745 MW a base de uranio natural y agua pesada.

Es, sin dudas, una buena noticia, vista la falta de energía que sufre el país y que en el verano llevó al colapso de la red. No la solución al problema de fondo, pero claramente un avance.

El proyecto de Atucha II nació específicamente en mayo de 1980. La obra, según especificaba el contrato, debía terminar siete años después, en 1987. Sin embargo, se retrasó cuando el país fue abandonando su plan atómico para energía.  Ya con Carlos Menem en el Gobierno durante los 90, la segunda terminal nuclear quedó olvidada gracias al brutal recorte de presupuesto destinado a la Comisión Nacional de Energía Atómica. En 1994, la construcción de Atucha II quedó paralizada. En el medio Menem trató de privatizar la ya existente Atucha I, sin éxito.

Pasaron doce años hasta que el Gobierno de Néstor Kirchner reinició las obras: en octubre de 2006 quedó en manos de José Luis Antúnez, presidente de Nucleoeléctrica Argentina S.A (NASA), empresa estatal que acaba de anunciar el inicio de las operaciones para este viernes.

¿Es esta la solución a los problemas energéticos? No, claro que no. Atucha II, se sumará al sistema nucelar argentino (junto a Atucha I y Embalse) y así podría cubrir un 10 por ciento de la demanda total del país, cuando el promedio mundial de energía generada por plantas nucleares es del 15%. Es sí, un avance importante, no sólo por lo concreto (740 mega watts inyectados al sistema nacional), sino por el simbolismo de la obra finalizada, que en esta última etapa costó unos 3.000 millones de dólares, mucho más que los 700 mil presupuestados al inicio.