En los próximos meses la inflación no va a bajar, sino que posiblemente suba un escalón más, del 40% anual en la actualidad al 45% sobre fin de año, según la mayoría de los economistas. ¿A qué responde uno de los problemas más antiguos de los argentinos?

Por Liliana Franco

Esta aceleración se explica por las dificultades que enfrenta la política económica oficial. El gobierno tenía la estrategia de arreglar las deudas pendientes con los acreedores externos para reabrir la canilla del financiamiento externo y, de esta forma, terminar el mandato sin sobresaltos.

Sucede que tenemos un enorme gasto público que no puede ser financiado en su totalidad con pesos – a nadie se le ocurriría ir a comprar petróleo en el exterior mostrando billetes con la cara de Julio Argentino Roca -. Y ésa, sumado a los pagos de deuda, previstos en cada presupuesto, son las dos principales fuentes de egresos del Estado Nacional.

Pero  el crédito del exterior, al menos por ahora, está cerrado tras el default al que nos obligó el juez Griesa. Conclusión: los pocos dólares que quedan se utilizarán para importar lo que no se puede dejar de comprar, como el combustible, y se van a seguir conteniendo las restantes importaciones.

El problema es que si las industrias no pueden conseguir los insumos que necesitan comprar en el exterior, se va a profundizar la caída en la actividad económica. Y  más recesión significa menos recaudación de impuestos, es decir una disminución del financiamiento genuino para el gasto público.

Como no se pueden dejar de pagar las jubilaciones, los subsidios, los sueldos de los empleados públicos y de todos aquellos que viven de la teta del Estado, la solución es simple: seguir dándole a la maquinita de imprimir billetes. Todo bien, pero con un sólo problema, cuando sobran billetes, los precios suben (porque hay más pesos para la misma cantidad de bienes, mal que le pese al profesor Kicillof).

Además, hay muchos precios que están retrasados, como las tarifas de la electricidad o el dólar oficial y ya se sabe que es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que el acomodamiento de los precios en la Argentina sea para abajo.

De vuelta, la historia demuestra que cuando hay que acomodar un determinado precio, esto se hace sacando un poco de ventaja a la suba generalizada de los otros, o en argentino antiguo: con más inflación.

Así, que no se extrañen que los precios suban y el dólar tambien. Pronósticos de un dólar oficial a 10 pesos para fin de año y el paralelo a 15 no más no son “cuentos chinos”.

Para saber más:

Hay países adonde la emisión monetaria no genera inflación, como el conocido caso de los Estados Unidos. En este artículo que recomendamos del colega Gastón Utrera del Diario La Voz de Córdoba, se explica por qué en el país de Obama no hay descontrol con los precios.