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¿Por qué el Bambino es un ídolo y Praxedes no tiene trabajo? (reflexión sobre una sociedad loca de contradicción)

¿Por qué el Bambino es un ídolo y Praxedes no tiene trabajo? (reflexión sobre una sociedad loca de contradicción)
#BorderPeriodismo

Por Franco Torchia

¿Por qué falta colosal de razón y de justicia en la era “revolucionaria” del kirchnerismo; por qué permisos de las ideologías de género reinantes; en virtud de qué fuerzas dignas del poder de las empresas que publicitan, de los medios de comunicación que contratan figuras abominables e instauran discursos y del aparato futbolístico sexista y discriminatorio, el ex jugador y DT Héctor “Bambino” Veira goza de buena salud pública, accede a eventuales contratos y es celebrado en sus deplorables humoradas, y Praxedes Candelmo Correa (antes, Malena Candelmo) debió llamarse al más cruel de los silencios por años y hoy busca trabajo como enfermera, empleada doméstica o personal de limpieza?

Argentina consagra al macho abusador y segrega a las víctimas de violaciones y trata. Así de simple. Así de sangriento.

Por estas horas -horas de la historia- la categoría “vida privada” sirve para mentir. Alimenta el trampeo y sedimenta la marginación: quienes defienden la “vida privada” de todos y todas, promueven la clandestinidad de sus coitos: el argumento según el cual “es su vida privada, no nos vamos a entrometer” avala las más cruentas atrocidades de alcoba.

Frente a la violencia doméstica, familiar y de género, el argumento “es su vida privada” no hace sino justificar el crimen organizado.

“Vida privada” es también la estratagema que usan las audiencias de muchos de los grandes nombres propios del periodismo argentino, audiencias que prefieren creer que esos comunicadores desarman redes de corrupción, pero no asimilan –“porque es su vida privada, qué nos importa”- que el comportamiento personal de sus venerados es tanto o más condenable que las jugarretas multimillonarias y la coimeada incesante que intentan desnudar.

El siglo XXI marca la caída de las morales colectivas y el advenimiento de las éticas individuales: más que nunca, hay que predicar con el ejemplo, y no con el Papa. Pero nadie le pone el cuerpo ni la verdad a las verdaderas urgencias.

A fines de los 80, la “vida privada” del Bambino lo llevó muy lejos, y el arco periodístico casi en su totalidad se permitió dudar del padre y del hijo. Hoy, además, gran parte de ese periodismo, rehabilitó con risas y trabajos efectivos al Bambino.

Praxedes Candelmo Correa –cuya identidad transitoria, hasta 2012, con la promulgación de la Ley de identidad de género, era Malena Candelmo- lucha hoy por lograr tener, con su DNI en mano, una vida personal. De ahora en más, a los 40 años, tener una vida propia.

A diferencia de millones, desde su infancia amputada y su adolescencia harto sufrida, Praxedes ni siquiera soñó con la ilusión fascista de una “vida privada”. Su vida siempre fue, llanamente, pública. Exhibida, juzgada, vapuleada, ultratelevisada y a las claras, rota.

Tiene “vida privada” Veira y los “buenos muchachos” que, como él, la tienen clarísima con las minas. El resto no tiene acceso a la “vida privada”, el más desigual, falaz e impune de los derechos sociales.

Hace más de una década, Praxedes creyó que la televisión le debía algo: le debía show, le debía dinero, le debía fama, le debía un lugar específico. Deambuló, gritó, actuó y mediatizó su devenir trans. Lo hizo siempre alcoholizada, tal como confesó días atrás en “No se puede vivir del amor”, el programa de radio que me toca encabezar todas las medianoches en LaOnceDiez. Y desde ya, lo hizo por dinero, desorientación y falta de empleo.

Era obvio: desde los 13 años de edad, cuando Héctor “Bambino” Veira fue acusado de abusarla y violarla, su caso fue objeto de oprobios, rechazos y algunas pocas garantías. Por mucho tiempo, su historia fue “la historia del día” en la tele. Praxedes sintió entonces que Malena podía exigir lo que Sebastián Candelmo supo que era suyo desde el minuto cero de su tragedia: un lugar en el show macabro, un sitio propio en el sistema televisivo que celebra todavía hoy la figura de Veira, síntesis apabullante del atraso, la brutalidad y la represión sexual. “El Bambino” Veira: emblema de la patria futbolera en su más deleznable acepción: imagen fetiche de la compulsión explotadora, prelógica y execrable de la masculinidad argentina dominante. Si en la televisión siguen coronando al Bambino, pensó Malena ¿no le darían también un lugarcito a la víctima?

Y la televisión se portó como mejor pudo: muy mal. Hoy, Praxedes, enfermera recibida con altísimo promedio en la Escuela Superior de enfermería Cecilia Grierson, está desempleada y cuida a su madre, enferma de diabetes.

Hoy Praxedes corre. Mucho.

Hoy Praxedes necesita que el INADI se expida sobre denuncias puntuales que ha hecho desde 2005 en adelante, y que duermen sin insomnio en juzgados de la ciudad de Buenos Aires. Por esas fojas desfilan los nombres de varios comunicadores, productores y responsables periodísticos, como Matías Martin y la empresa Telefé, por citar algunos casos.

Hoy Praxedes siente, no sin pertinencia, que ante otras declaraciones con notable resonancia en algunos medios -como las de Jorge Lanata contra Flor de la V en Radio Mitre, hace días- los organismos estatales actúan de inmediato. Curiosa rapidez de reflejos ¿no?

Hoy Praxedes impulsa una medida cautelar para que ninguna cámara de video, ningún teléfono celular, ningún programa de archivos, ningún medio gráfico, difunda imágenes pasadas o actuales de su persona, a excepción de las fotos que quiso tomarse en el estudio de la radio, cuando tras localizarme, eligió exclusivamente exponer su derrotero en mi espacio de trabajo.

Nadie puede hoy llamarla por otro nombre que no sea su nombre: Praxedes. Nadie puede darse el permiso precámbrico e ilegal de tratarla como hombre. Ni hoy ni ayer, porque la lucha de Praxedes remite a emisiones televisivas y mediáticas previas a la sanción de la Ley de Identidad y la de Ley de Medios. Ante la inexistencia de estas normas, esass manifestaciones discriminatorias y sencillamente bestiales violaron en su momento el espíritu de la Constitución Nacional de 1994 y los pactos preexistentes que la Carta Magna suscribe.

La filósofa italiana Teresa de Lauretis visitó en junio la Argentina. Analizó el país y caminó la ciudad. Finalmente, en una majestuosa conferencia en el Centro Cultural de la Cooperación, aseguró que en esta dulce tierra, “con este grado de represión sexual, no habrá nunca avance social”.

“Con represión sexual, no habrá nunca avance social”.

 

 

 

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