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¿Qué hay en la cabeza de Pochi, la novia de Barreda?

¿Qué hay en la cabeza de Pochi, la novia de Barreda?
#BorderPeriodismo

“Pochi”, la maestra jubilada que se enamoró de y vive en pareja con el cuádruple asesino Barreda es mucho más que una señora con los nervios de acero. Es, además, exponente de un cuadro psicológico conocido como enclitofilia o amor por los cautivos. Mientras la libertad del odontólogo pende de un hilo y se teme por la vida de su mujer, en Border Periodismo te contamos cómo son estas mujeres capaces de enamorarse de quienes todo el mundo odia.

Por Quena Strauss

Primero lo invitó a comer. Lo vio solo, comiendo en el penal, y sintió pena. Le dijo de acercarse. Fue un gesto, apenas, pero lo que esa maestra jubilada -llamada Berta André., “Pochi”, para sus amigos- no sabía que son justamente esos ademanes minúsculos los que pueden cambiarnos la vida. Y así fue en su caso porque desde entonces –hace de esto más de dieciséis años- el asesino múltiple Ricardo Barreda pasó a ser parte de su mundo A mudarse a su casa, en Belgrano. A vivir de su dinero. A dormir, cada noche, del otro lado de su almohada.

El, desde siempre, la llamó Chochán. “Y no cariñosamente”, aclara el periodista Rodolfo Palacios, autor de Conchita (una biografía de Barreda, editada por Libros de Cerca) y conocedor como pocos de la intimidad de la pareja, con la que llegó a compartir charlas y almuerzos. “Pero no había cariño en esa relación. El le daba órdenes y ella obedecía, pero no había afecto”, comentó durante una entrevista televisiva.

¿Y entonces? Si no es por amor, ¿por qué otra razón puede una mujer libre, independiente y activa como Berta hacerse amiga, primero, y terminar finalmente como concubina y garante de la libertad de un hombre que asesinó a escopetazo limpio a su mujer, su suegra y sus dos hijas de 26 y 24 años, y que ese mismo día fue a visitar a su amante? ¿Qué es lo que atrae tanto a algunas mujeres de los hombres encerrados por haber violado, matado y torturado a otras personas?

Para el criminalista francés Edmond Locard, considerado uno de los padres de la criminalística moderna, tanto las mujeres que han pasado por la vida de Fabián Tablado (quien mató a su novia, Carolina Aló, de 113 puñaladas) como las sucesivas parejas de Sergio Schocklender y así hasta llegar a la risueña “Pochi” André compartirían un cuadro psicológico casi tan complicado de pronunciar como de explicar. Hablamos aquí de la enclitofilia (enclito, encierro; filia, inclinación) que es como se denomina en el ámbito de la psiquiatría al gusto y la atracción sexual por los presos, aún cuando se trate de criminales de temer.

Veamos algunos ejemplos. Theodore Cowell Bundy pasó al siniestro salón de la fama de los asesinos seriales como Ted Bundy. A mediados de los años setenta, se convirtió en la pesadilla de las universitarias americanas a las que atacó, violó, torturó y mató de modos horrorosamente “creativos” (con la pata de una cama, por ejemplo).

Terminó en la silla eléctrica por los catorce asesinatos que la justicia logró atribuirle pero los investigadores (y el mismo Bundy, que parecía muy orgulloso de su rally criminal) dijeron que sus víctimas, en realidad, superaron el centenar.

Así y todo, llegó a tener un club de admiradoras (las Ted´s Fans) que se agolparon con pancartas en las puertas de los tribunales en las primeras instancias del juicio. ¿El argumento? Según ellas, Ted era “demasiado guapo” como para ser culpable. Pero eso no fue todo: las autoridades del la cárcel de Florida llenaron por meses bolsas y bolsas de cartas dirigidas a un mismo destinatario. Y era Ted Bundy, alguien que había violado y asesinado a sangre fría a chicas de la misma edad de quienes escribían esas misivas.

Algo parecido sucedió en Argentina con Carlos Eduardo Robledo Puch, bautizado por la prensa local como “El ángel negro” o “El ángel de la muerte”. Es que, la verdad sea dicha, el asesino era –cuando cayó- de una belleza fuera de lo corriente y eso generó en muchas mujeres un extraño atractivo. El periodista Rodolfo Palacios (autor también de un libro sobre Robledo Puch) recuerda que de hecho durante la lectura del fallo se lo pudo ver escribiendo en un papel. ¿Qué hacía? Responder la carta de una “admiradora”.

La mezcla de exposición mediática, audacia y vulnerabilidad una vez apresados es lo que-según los expertos- hace que estos personajes se vuelvan atractivos para un perfil de mujeres que buscan “redimirlos”. Son las enclitofilicas, esas que-el discurso suena incluso calcado de una a otra- dicen haber descubierto al “verdadero” hombre detrás del delincuente y fantasean con ser esas que los vuelvan a la senda del bien. La Bella y la Bestia, sólo que en el mundo real.

Berta André “de Barreda” también lo dijo claro y fuerte en su momento: ““Mientras a mí no me afecte y no vuelva a hacer cosas raras, el pasado no importa. Yo le digo a Barreda que se deje de joder y que empiece a vivir la vida”. El tema es que ahora- pasada la novedad, la cárcel, los años- algo en esa extraña relación entre “pecador” y “redentora” parece haber dejado de funcionar.

Hace apenas horas, “Pochi” (ya con achaques y más de una década de Barreda en su haber) se animó a decir algo más. “Vuela una mosca y le molesta, vuela una mariposa y le molesta”. Después, frente a cámara, hizo un gesto como de tener la boca cosida y de no poder hablar.

Algo parecido le sucedió en su momento a Rosana López, esposa del asesino de Carolina Aló. Casada con Fabián Tablado y madre de sus mellizas, terminó denunciando a su esposo por maltrato psicológico, lo que hizo que él perdiera las salidas transitorias de la cárcel. Antes de eso, otra pareja anterior también lo había denunciado cuando la agredió por ir a verlo a la prisión con un pantalón “demasiado ajustado”.

La pregunta es, entonces, si cabe el asombro en un caso como éste. Si hay “derecho a la sorpresa” cuando se habla de psicópatas y asesinos. Si realmente tiene sentido seguir insistiendo en aquella letra de la película Tango Feroz según la cual “el amor es más fuerte”. Porque, después de todo, ¿es esto amor? ¿Hasta qué punto todos estos asesinos (presos alguna vez en una cárcel) no jugaron su carta ganadora en modo romántico y terminaron cambiando una cárcel por otra?

Tal vez, sólo tal vez, Barreda esté comenzando a sentir lo que alguna vez sintió en su casa de La Plata, y terminó en desastre. O tal vez, sólo tal vez, estas formas de vinculación tan extrañas simplemente no resistan la luz de sol. La vida normal. Todo eso que pasa del otro lado del paredón, aquí donde las cadenas también están aunque sean invisibles.

Para saber más

* http://www.infobae.com/2014/12/10/1614334-ricardo-barreda-citado-la-justicia-problemas-convivencia

* http://www.lanacion.com.ar/1640978-el-asesino-charles-manson-de-79-anos-se-casara-con-su-novia-de-25

* http://www.perfil.com/policia/Vuelven-a-investigar-a-Fabian-Tablado-por-violencia-de-genero-20130802-0028.html

 

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