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Cómo sobrevivir a las fiestas sin morir en el intento…Enterate en #Border!

Cómo sobrevivir a las fiestas sin morir en el intento…Enterate en #Border!

Llega fin de año y comienza la vorágine. Pareciera que todo el mundo quiere brindar, festejar y comprar regalos. Sin embargo muchos desean lo contrario y quisieran borrar las fechas festivas del calendario. O dicho de otro modo: “acostarse el 23 y levantarse el 1”. La angustia, el fastidio y el estrés afecta a muchísimas personas que, lejos de la euforia y la alegría navideña, se sienten perturbados e hipersensibles. ¿Cómo atravesar la llamada “crisis de fin de año”?

Por Leila Sucari (@LeilaSucari)

Las fiestas son el vitel toné, los tomates rellenos y la ensalada waldorf.  Un gordo acalorado vestido de Papá Noel. La tarjeta de crédito al límite y el vecino que gasta un dineral en fuegos artificiales para mostrarle al de al lado lo bien que le fue este año. Los cohetes que hacen aullar de pánico a los perros. Y lucecitas de colores, frutas abrillantadas, compromisos y las mismas anécdotas familiares repetidas –y escuchadas– una y mil veces. En las fiestas todos ocupan el lugar asignado: el que siempre hace los chistes, se encarga de hacer los chistes; la que prepara la ensalada rusa, prepara la ensalada rusa; el que sube la apuesta y baila arriba de la mesa, sube la apuesta y baila arriba de la mesa. Incluso los anti-fiestas –los solitarios que se van a un rincón y odian los fuegos artificiales y critican la decadencia masticando una lechuga mientras todos se empachan con cerdo relleno– incluso ellos, que se creen tan distintos y originales, obedecen al mandato y ocupan su lugar tradicional sin chistar. Las fiestas son el elogio al lugar común. Costumbrismo puro y duro. Una telenovela que todos conocemos de memoria e interpretamos cada año con la resignación de un pajarito atrapado en las fauces de un gato montés

En estas fechas las emociones se potencian y mucha gente siente que pierde el equilibrio y la estabilidad mental. “Me siento desbordado”, “Quiero que llegue enero ahora mismo” y “No doy más” son las frases más escuchadas después del típico “Felicidades”. Santiago Gómez, psicólogo director de Decidir Vivir Mejor y del Centro de Psicología Cognitiva, explica: “Los factores que más angustian a las personas en esta época son las pérdidas de seres queridos, los conflictos familiares o la separación de una pareja. En las fiestas las emociones afloran con más intensidad. La influencia del ambiente estimula la sensibilidad y provoca nostalgia y perturbación. El ambiente social influye mucho: el clima que se vive en la calle es de euforia y excitación, las personas actúan como si se fuera a terminar el mundo”. Pero no nos volvamos apocalípticos: qué lindo es despertar al día siguiente y comer las sobras de desayuno, qué emocionante esperar a las doce para abrir los regalos y ver las caras llenas de felicidad de los más chiquitos, qué momento único cuando hacemos la cuenta regresiva y le agarramos fuerte la mano al de al lado preparándonos para el abrazo de feliz año nuevo. Y claro: qué felicidad los feriados puente. Además, después de los brindis y de las comilonas llegan las vacaciones.

Las fiestas pueden no ser vividas como un momento angustiante. “Un balance saludable consiste en rescatar y valorar lo bueno que tenemos, planteando como nuevos objetivos lo que no se pudo concretar este año”, dice Gómez. “Las fiestas se pueden transformar un en un buen momento, para eso tenemos que agradecer y valorar todo lo que sí tenemos, focalizar la atención en los aspectos positivos y también permitirnos estar en contacto con las distintas emociones que surjan, tanto sea la tristeza como la alegría”.

El nuevo año que no traerá nada diferente, salvo que vos te lo propongas. Animate: tirate del paracaídas, dejá de ir a la playa por inercia y hacé ese viaje pendiente, elegí, jugá. Y, sobre todo, disfrutá. Que el calendario es veloz y todo lo que tenemos es presente. Un presente que puede estar cargado de ansiedad por el futuro y de nostalgia por el pasado, o un presente que puede estar lleno de intensidad y goce de lo que hoy tenemos. Porque como solían decir los romanos en sus fiestas bacanales: Carpe diem, Tempus fugit. O dicho en porteño: Disfrutá el momento, que el tiempo vuela!

 

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