Por Marita Tudor

Lázaro Báez pisó hoy por primera vez los tribunales para declarar en indagatoria. Se escabulló de los fotógrafos con el privilegio de unos pocos: le habilitaron el subsuelo de Comodoro Py, donde los jueces estacionan sus autos oficiales, para evitar los flashes.

Cerca de las 10, el empresario K se presentó con sus abogados Gabriel Gandolfo y Nicolás Guzmán, de jean y con la ventaja de pocos en los tribunales: casi ningún periodista se le pudo acercar gracias a un operativo de seguridad.

El juez Sebastian Casanello lo citó como imputado por la compra de un campo en Mendoza que podría esconder una maniobra de lavado de dinero. El campo fue comprado por Leonardo Fariña en 2011, por cerca de 5 millones de dólares, y luego vendido a un precio bastante inferior a otro empresario.
Báez estuvo apenas unos minutos, presentó un escrito y se negó a declarar. Dijo que él no es el verdadero dueño de ese campo, como sospechan el juez y el fiscal Guillermo Marijuán. Ayer, Fariña sorprendió presentándose ante Casanello y declarando que el verdadero dueño de esa propiedad es su ex jefe, Carlos María Molirari. Esa movida despertó las sospechas de un posible acuerdo entre Báez y Fariña para desligar al pope de la obra pública de la investigación; o la consecuencia de un apriete al “valijero”, que está detenido en La Plata por pedido de la AFIP.

Además, Báez negó que estuviera involucrado con Leonardo Farina y Federico Elaskar en sacar dinero negro al exterior. Acusó al juez de encabezar una “excursión de pesca” en su contra y al fiscal, de seguir los pasos de Jorge Lanata. También dijo negó que haya utilizado a la mega financiera suiza Helvetic Service Group para lavar dinero.

Y algo que decolocó a los entendidos en la causa: hizo referencia a algo que no se conocía: un Reporte de Operaciones Sospechosas (ROS) relacionado con Boca Juniors Río Gallegos, que preside su hijo Martín Báez.