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Cine de fin de semana: el regreso de Mad Max

Cine de fin de semana: el regreso de Mad Max

Furia en el camino, la cuarta entrega de la saga dirigida por el australiano George Miller, está a la altura del mito treinta años después de su predecesora… ¡Y sin Mel Gibson!

Por Pablo Strozza (@pstrozza)

Las sagas cinematográficas: todos tenemos alguna preferida. Los más viejos dirán El Padrino, los cuarentones (y otros que no tanto) nombrarán Star Wars, los más jóvenes Matrix o Los juegos del hambre, para citar algunas en esta lista incompleta. A esta lista, y dado el afán revisionista de Hollywood, hay que sumar el regreso, como ocurre con infinidad de grupos de rock, de una que se suele ignorar: Mad Max.

En 1979, un director australiano llamado George Miller inició una serie en donde, en un mundo futuro, de post guerra (que nunca se termina de aclarar, y mucho no importa) y post apocalíptico, el policía Max Rockatansky se mandó a la ruta como un demente para vengar los asesinatos de su familia y de su coequiper por parte de una banda de motoqueros demenciales. Mad Max, el loco Max, fue interpretado por Mel Gibson, en lo que fue su trampolín al estrellato. Las referencias cinematográficas iban desde el western hasta el cine oriental de samurais, y el éxito no tardó en llegar. La segunda entrega de Mad Max, la favorita de los fans, es recordada por la relación que el protagonista establece con un niño que se defiende de los salvajes de la mano de un boomerang, y por la persecución final, una de las más recordadas de la historia del cine por lo exagerado, casi comparable con la del filme de los Blues Brothers en cuanto a lo contemporáneo de la época. Y la tercera película (Mad Max: Más allá de la cúpula del trueno) es la más floja: Miller se mareó con un presupuesto exagerado, y cuenta con la participación de Tina Turner, que estampó allí uno de sus más grandes y recordados hits: “We Don’t Need Another Hero”.

Tras el fracaso de Más allá…, Miller cosechó películas polémicas (Las brujas de Eastwick, con Jack Nicholson) y concibió Babe, el chanchito valiente. Y de a poco empezó a fantasear con el regreso de Max. El primer intento fue en 2001, con Gibson, pero se frustró por motivos económicos. Y recién ahora, sin Gibson pero con Tom Hardy como Max y Charlize Theron (en su papel de Imperator Furiosa), el australiano pudo retomar la historia que lo consagró. El futuro sigue siendo tremendo: además de la escasez de petróleo (una de las claves históricas de Mad Max) y de las locaciones desérticas también, para estar a tono con los tiempos que viene, faltan el agua, la sangre, la leche materna y las armas: quienes poseen todo eso poseen el poder (la metáfora de los líquidos es notable). Pero lo interesante de Furia en el camino es que Theron compite mano a mano con Max en su sed de venganza contra el villano Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne). La ley del spoiler no nos permite adelantar nada más del argumento, salvo que no faltan las persecuciones, los autos futuristas, las cacerías en busca de los bienes codiciados y las máscaras. Hardy, claro está, no es Gibson, pero sale airoso de una comparación que inevitablemente va a perder; y Theron se luce como pocas veces.

Pocas veces se da un fenómeno como éste: una saga que vuelva tres décadas después y mantenga el nivel que los fans más acérrimos esperan. Mad Max: Furia en el camino cumple con los seguidores y dignifica a la historia. Una duración ideal (120 minutos) y un 3 D opcional (no es excluyente) para una película apta para aquellos amantes de las emociones duras. Ideal para un sábado (o un domingo) de súper acción.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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