Cultura Pop

Rolling Stones: Sticky Fingers ataca de nuevo

Rolling Stones: Sticky Fingers ataca de nuevo

En medio de la fiebre de reediciones, Sus Majestades Satánicas vuelven a publicar una de sus indiscutidas obras maestras.

Por Pablo Strozza (@pstrozza)

Primero fue Exile On Main St., luego Some Girls y ahora le llega el turno a Sticky Fingers. En medio de este proceso de retromanía que vive el rock y la industria discográfica, los Rolling Stones dicen una vez más presente y se anota con la reedición de su disco de 1971 con los infaltables bonus tracks. Una de sus obras maestras que no merece discusión alguna por nadie.

Varios hechos hacen de Sticky Fingers un álbum clave dentro de la trayectoria de los Stones. Con él, los ingleses fundan Rolling Stones Records, y acá es donde aparece por primera vez la celebérrima lengua, que no fue creada por Andy Warhol sino por el propio Mick Jagger junto con el diseñador John Pashe e inspirada en Kali, la diosa india de la creación, la vida y la destrucción, según se narra en el libro Old Gods Almost Dead de Stephen Davis. Lo que sí tiene copyright ciento por ciento de Warhol es la también famosa portada del disco: un jean Levis con un cierre auténtico que se podía abrir para que el oyente se encontrara con un calzoncillo blanco y un miembro viril masculino más que considerable (para que la intención fálica quede más que confirmada, el grupo catalogó el disco como COC 59100. Hoy por hoy, no es necesaria la aclaración del significado en inglés de la palabra “cock”). Por último, y para cerrar con lo extramusical, hay que desmitificar otra leyenda urbana: ese pene que se aprecia no es el de Jagger.

Hicimos Sticky Fingers con Mick Taylor. Y la música cambió, casi de manera inconsciente. Componés con Mick Taylor en mente, sin darte siquiera cuenta, porque sabés que puede hacer cosas diferentes. Le tenés que dar algo con lo que disfrute de verdad (…) Así que no parás de buscar maneras de dárselo (…) Algunas de las canciones de Sticky Fingers se basaban en la convicción de que Taylor iba a salir con algo genial”. Desde Life, su aclamada autobiografía, Keith Richards da, como siempre, en el clavo y en la clave para analizar Sticky… El interjuego de las guitarras de Richards y Taylor marca el tono del disco. Pueden sonar casi como gemelas (“Brown Sugar”), pesadas (“Sway”, “Bitch”), pueden complementarse en la improvisación (“Can’t You Hear Me Knocking?”), bucear en la tradición country (“Dead Flowers”, “Wild Horses”) o en el blues (“You Gotta Move”, “I Got The Blues”). A eso hay que sumarle a un Jagger en el apogeo de su faena como performer (“Moonlight Mile” es una de sus más grandes interpretaciones de todos los tiempos) y a una banda que no dudaba en sumar invitados que encajaban de manera perfecta con el concepto sonoro (el slide de Ry Cooder en “Sister Morphine”, el omnipresente saxofón del malogrado Bobby Keys, los pianos de Nicky Hopkins y Jim Dickinson). Y a esto hay que sumarle letras que van desde lo explícito (“Bitch”, que en la edición argentina fue mal traducida como “Perra”) hasta lo inequívocamente químico (“Brown Sugar”, “Sister Morphine”, “Dead Flowers”). Sticky Fingers y Exile… son las placas que terminan de cimentar a los Rolling como reyes de todos los excesos posibles. O, como bien dijo Keith, “Nunca tuve problemas con las drogas, sí los tuve con la policía” (¡Gente, por favor, no intenten llevar a cabo este lema en sus casas!).

La versión 2015 de Sticky… suma al disco original un segundo CD con versiones alternativas (se destaca una toma acústica de “Wild Horses”), temas en vivo de sendos recitales de su gira británica de 1971 y la frutilla del postre: una versión de “Brown Sugar” registrada con Eric Clapton en guitarra slide el 18 de diciembre de 1970, el día del vigésimo sexto cumpleaños de Richards. Para apoyar el lanzamiento, el grupo decidió salir una vez más de gira: el periplo se llama Zip Code y los encuentra por estos días recorriendo una vez más Estados Unidos y Canadá. De una posible visita a Sudamérica, por el momento, sólo hay rumores y nada confirmado. El deseo por verlos nuevamente en suelo criollo permanece, para todos intacto. Aquí estaremos, entonces, esperándolos. Mientras tanto, Sticky Fingers modelo 2015 es un must absoluto para todo fan de los Rolling Stones.

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