Género

Violencia de género: fue golpeada, amenazada y maltratada. Hoy lucha por salir adelante y que se haga justicia.

Violencia de género: fue golpeada, amenazada y maltratada. Hoy lucha por salir adelante y que se haga justicia.

Yo quiero hablar porque no estoy muerta. Y no estoy muerta porque me defiendo con uñas y dientes, porque lo denuncio una y otra vez y no bajo los brazos. Estoy en un punto donde no me importa nada, él ya me ahorcó, me golpeó y me amenazó. Si el miedo me paraliza es lo peor que podría pasarme a mí y a mis hijos”. María Silvina Romano desde hace años sufre violencia de género por parte de su ex pareja, Ramiro Esteban Guerrero, padre de tres de sus cuatro hijos. Desesperada porque la justicia no actúa como debería, se acercó a #Borderperiodismo a contar su historia.

Por Leila Sucari (@leilasucari)

Cuando se conocieron, María Silvina tenía 27 y una hija discapacitada de tres años. Desde el principio de la relación tuvieron problemas, la familia de él era muy conservadora -perteneciente al Opus Dei- y no la aceptaba porque ella era madre soltera. “Mi ex me hacía sentir culpable, me decía que nadie iba a quererme con una hija discapacitada, que sólo él podía bancarme y que yo no servía para nada. Decía que mis amigos y mi familia eran una mierda y que yo era una bolchevique por defender la escuela pública”.

El maltrato verbal era continuo pero María Silvina no imaginaba que la cosa se pondría cada vez peor. Pasaron los años, se casaron y tuvieron 3 hijos. “La violencia fue en aumento. Con los chicos era muy agresivo, les decía maricón de mierda a los nenes y un día le dejó la cara marcada a mi hija, esa fue mi primer alerta. Le saqué fotos para denunciarlo, pero al final no lo hice. Él decía que yo era una cirquera, una exagerada, siempre fue muy manipulador. Yo vivía tratando de no hacerlo enojar, me cuidaba mucho porque sabía que si si ofendía por algo se descontrolaba”.

“Una noche, cuando yo estaba embarazada de mi cuarto hijo, él salió, volvió al rato y se fue de nuevo con una botella de vino. Me dio bronca y dejé la llave puesta. Cuando volvió fue una pesadilla, me agarró de los pelos y me arrastró por toda la cocina mientras mis otros nenes dormían. Al día siguiente se levantó como si nada y me dijo que la culpa era mía por ponerlo nervioso”.

Las escenas de violencia pasaron en la vida de María Silvina y de sus hijos como una película de terror que nunca termina. Una vecina la salvó cuando el hombre la tenía acorralada contra las rejas de una ventana con su bebé de seis meses a upa. Otra vez, casi mata a golpes al perro -delante de los chicos que gritaban por favor papá no- porque el animal se había comido una empanada. Una tarde iba en la ruta con los nenes, se enojó y le pegó al que iba en el asiento de adelante, del miedo los otros dos se hicieron pis encima. Otro día -cuando ya estaban separados- él se llevó un juego de llaves de la casa, ella fue a buscarlas y el hombre la encerró en su casa y la golpeó una y otra vez. Ese día María creyó que la mataba. Antes de dejarla salir, él le dijo que la próxima la desfiguraba toda. Una tarde volviendo de la escuela, se enojó con uno de los hijos varones, lo encerró en el baño, le metió la cabeza abajo del agua y lo obligó a tragar jabón mientras le pegaba.

María Silvina intentó hablar con la familia del marido, pero ellos lo defendían y la culpaban a ella por “provocarlo de más”. Hace seis años se separó, pero nunca logró volver a ser independiente. Él la persiguió y la atosigó sin parar. “Me gritaba gato y puta en el medio de la calle. Me mandaba mensajes todo le tiempo diciendo ‘deja de chupar pija y atendeme el teléfono’, una tortura diaria. Los chicos empezaron a tener problemas en el colegio, la nena lloraba, el varón se ponía muy agresivo con sus compañeros y mi otro hijo estuvo con ataques de pánico”.

La primera denuncia la hizo en 2010, después de que él la golpeó y la dejó tirada en el medio de la calle. La segunda, el 2 de septiembre del año pasado: el hombre agarró de los pelos y le pegó a uno de los nenes en el patio de la escuela. “Lo agarró delante de todos, ahí las autoridades del colegio me dijeron que iban a hacer la denuncia y me preguntaron si yo quería hacerla también”.

A partir de ese momento, la defensora de menores del tribunal civil 5 de Rosario, María Silvia Beduino, dictaminó que Ramiro Esteban Guerrero tenía que hacer tratamiento psiquiátrico y la jueza Alicia Galetto le prohibió que se acercara a María Silvina, a los chicos, a la escuela y a la casa familiar. Guerrero dejó de pagar la mayor parte de los gastos de los hijos y no lo vieron más hasta este año.

“Ahora él tiene dos abogados, Javier Ignacio Tassito y Dra Botaro, que pidieron la revinculación con los chicos. Yo autoricé que los viera con presencia de la abuela paterna pero la mujer sólo vino la primera vez. Hoy sus abogados piden que tenga libertad para venir a la puerta de mi casa, a la escuela, al club y ver a los chicos cuando quiera. Quieren demostrarle a la sociedad que no pasó nada, dejar todo impune y que él pueda hacer lo que quiera otra vez. La defensora María Beduino, la misma que el año pasado había estado a favor de la prohibición de acercamiento, hoy les dice a mis hijos que ‘su mamá tiene que calmarse y dejar de hacer tantas denuncias’ y que ‘hay que dejar que las cosas se calmen y no estar viendo si todo al pie de la letra’”.

“Yo quiero hacer pública mi situación porque el sistema judicial está lleno de fisuras y te termina aplastando. Uno toma la decisión de denunciar y te injurian, te humillan, dudan de tus palabras. Hoy por suerte me está ayudando la ONG María de los Ángeles pero todavía no tengo abogado. Siento vergüenza, dolor y nunca podré perdonarme lo que elegí, pero ahora sólo puedo mirar hacia adelante y prefiero morir en el intento pero no voy a bajar los brazos”.

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