Política y Economía

Un ballotage que dejó al PRO recalculando

Un ballotage que dejó al PRO recalculando
Pablo Sieira @psieira

El PRO retuvo la Capital transpirado y con un empujón del voto en blanco. La matemática perdió contra la política pero se quedó para molestar. Se plantea el dilema de la estrategia para las presidenciales. Macri viró a una especie de “continuidad con cambio”, sobras del discurso de Daniel Scioli antes de servirse por completo al kirchnerismo., que lo impulsa.

A Mauricio Macri no se le están dando las cosas como esperaba. Ciertamente revalidó su liderazgo en la Ciudad de Buenos Aires y se aseguró el gobierno por cuatro años más, pero llegó transpirado y con un empujón del voto en blanco. Después del cachetazo de Santa Fe y la decepción de Córdoba necesitaba ganar por bastante más que tres puntos en su distrito. El resultado del ballotage le hizo un raspón a la candidatura presidencial del líder del PRO y se notó en su discurso, en el que manoteó algo de “continuidad”, después de tanto “cambio”.

Como ya se dijo en otra entrega, la política no es matemática. Por eso ganó Horacio Rodríguez Larreta, el candidato que Macri impuso con autoridad de caudillo en las internas del PRO para llevarlo luego a una victoria por 20 puntos en las generales e imponerlo nuevamente en el ballotage como sucesor. Pero fue con una victoria pírrica de 51,6 por ciento de los votos contra el 48,3 por ciento que cosechó el candidato de ECO, Martín Lousteau.

Y acá es donde entra la matemática, que perdió contra la política pero se quedó para molestar. La fórmula Rodríguez Larreta-Diego Santilli ganó por una diferencia de 54.745 votos y hubo 89.444 votos en blanco. Es decir que hubiera alcanzado con que poco más de la mitad de esos votos fueran para Lousteau para liquidar el sueño presidencial de Macri. La incidencia del voto en blanco en el resultado es notoria si se observa que en la primera vuelta hubo apenas 34 mil. Para colmo, el binomio Lousteau-Fernando Sánchez ganó en 9 de las 15 comunas de la Ciudad.

Fue un llamado de atención para el PRO. La estrategia para llevar a Macri a la Presidencia, evidentemente, no le está funcionando como esperaba. Perdió en Santa Fe, donde confiaba en poder exhibir un triunfo de Miguel del Sel y se les escapó por un pelo frente al socialismo gobernante. En Córdoba apostó por el radical Oscar Aguad y el peronismo lo limpió para quedarse cuatro años más.
Macri insiste en que “la Argentina quiere un cambio” pero tiene un problema: hasta ahora, casi no tiene con qué demostrarlo. Con la excepción de Mendoza, donde la versión local del frente Cambiemos pudo ganar, en todas las provincias están ganando los oficialismos. También en la Ciudad de Buenos Aires donde, irónicamente, casi hacen un cambio por Lousteau.

Los cráneos del PRO parecen haber tomado nota de que el proyecto presidencial de su líder necesita un descarte para ver si toca una mejor mano. Pudo percibirse en el discurso que dio Macri este domingo, en el que celebró la victoria de su candidato al afirmar que los porteños “han elegido muy bien a su próximo jefe de Gobierno”, pero le dedicó pocos minutos, como si quisiera pasar rápido de página para concentrarse en su mayor preocupación: las elecciones presidenciales.

En el búnker de campaña montado en Costa Salguero Macri relanzó su candidatura presidencial. Nacionalizó la única victoria netamente propia y ofreció un mensaje nacional que pareció un manotazo de ahogado cuando respaldó medidas del kirchnerismo a las que su partido se opuso en el Congreso. Trató de mostrar una idea de gobierno más concreta pero ensayó una especie de “continuidad con cambio”, que vendría a ser algo así como las sobras del discurso de Daniel Scioli antes de servirse por completo al kirchnerismo.

El líder del PRO no se privó de tirar dardos contra el kirchnerismo pero terminó aceptando la agenda que éste le impuso. Trató de diferenciarse pero sin salirse de los bordes que dibuja desde la retirada, pero todavía con increíble firmeza, Cristina Kirchner.

“Nos dicen que hay dos alternativas que son privatizar mal como en los 90 o administrar pésimo como en los 2000, y eso es absolutamente falso”, lanzó el precandidato presidencial ante el público que sobreactuó el festejo porteño. Luego resaltó que “Aerolíneas Argentinas seguirá siendo estatal”, una definición a la que hasta ahora le había escapado en diversas entrevistas. Inmediatamente matizó con que será “bien administrada, porque no se puede haber perdido 5 mil millones de pesos que hubiesen posibilitado que no haya ni un argentino sin agua corriente”.

También dijo que “YPF seguirá manejada por el Estado” y, en una crítica alusiva al peronismo (kirchhnerismo incluido), agregó: “La YPF que ellos privatizaron y que ahora confiscaron, violando la Constitución y trayéndonos mucho descrédito”. Para cerrar el paquete, remarcó que la Asignación Universal por Hijo es “un derecho” y que “nadie se lo puede quitar” a quienes lo perciben.

Pasado el ballotage, el PRO se seca el sudor y sigue su marcha hacia las elecciones presidenciales. Macri prevé visitar con mucha frecuencia la provincia de Buenos Aires y especialmente el conurbano. Lo desvela ese sector del país donde todavía no logra hacer pie y necesita reforzar la candidatura de María Eugenia Vidal y la propia. Además, seguirá visitando el interior del país al menos dos veces por semana.

Será asunto del PRO resolver ahora el interrogante central: si le alcanzará lo que mostró hasta ahora para ganarle a Daniel Scioli y un kirchnerismo que lo impulsa, sino a la victoria, a un ballotage. La estructura del Frente para la Victoria, que gobernó durante los últimos 12 años, todavía retiene poder y se agranda frente al macrismo que la encara a los tumbos. En tanto, Scioli llamó a Lousteau para felicitarlo. ¿Habrán descorchado champagne en Villa La Ñata?

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