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¿Por qué la marcha por #Niunamenos no cambió la historia de la violencia sexista?

¿Por qué la marcha por #Niunamenos no cambió la historia de la violencia sexista?

A dos meses de la histórica y desesperada concentración para decirle “Basta” a la violencia sexista, nada parece haber cambiado demasiado. ¿O sí? En Border quisimos averiguarlo. Y éstos son los resultados.

Yo fui, vos fuiste, mi hermano fue. Fueron todos: tu novio, mis amigos, sus padres.  Fueron abuelas y nietos. Fuimos miles frente al Congreso y miles más en todo el país. Fuimos con carteles, a pie, fuimos con bombos, con redoblantes, con nada.  Fuimos la tapa de muchos diarios alrededor del mundo. Fuimos con la angustia –y con la esperanza- pintadas en la piel. Fuimos con una consigna clara (“Ni una menos”) y con un petitorio.  Fuimos, por un momento, felices. No estábamos tan solas. O al menos eso pareció.

Fue cuestión de horas. A poco de volver a casa, con la emoción todavía acogotándonos desde adentro) fuimos muchos los emocionados de ver tanta gente, tantos bebés, tanta gente juntándose para decir lo mucho que les importa detener esta locura), el primer bombazo: en plena marcha, en Curuzú Cuatiá –una pequeña ciudad de Corrientes- un hombre  de 53 años había asesinado a su hija de dieciséis y herido gravemente a su esposa, de 31, por haber salido en defensa de la menor.

A los dos días, las noticias fueron mejorando: desde la Secretaría de  Derechos Humanos, se anunció con bombos y platillos la creación de un registro de femicidios. Mejor dicho: la creación del registro de femicidios ya mencionado en la llamada Ley 26.485  contra la violencia de género y jamás puesto en marcha.

Hasta hoy, de hecho, las cifras de asesinatos de mujeres eran las proporcionadas solamente por el Observatorio de Femicidios de la ong  La casa del encuentro. Desde hace años y trabajando solamente con los crímenes aparecidos en los medios, esta agrupación confecciona las únicas estadísticas al respecto. Otro tanto hizo la Corte Suprema de Justicia, que a través de su vicepresidenta, Elena Highton de Nolasco, comunicó la creación de un Registro de Femicidios en la justicia.

También se conoció –desde el Consejo Nacional de la Mujer- que los llamados al 144 (número de asistencia a las víctimas de violencia sexista) se habían disparado luego de la concentración en la Plaza de los dos congresos. Pasaron de 1500 diarios a 13.700, algo que según Mariana Gras, del CNM, tenía relación directa con la masiva convocatoria del 3 de junio.

Sin embargo, con el correr de los días el entusiasmo y las expectativas del primer momento fueron cediendo a  la evidencia: la violencia no se había detenido. Como mucho, estaba un poco más agazapada, y esperando. Como si tantas cámaras y medios juntos hablando sobre el tema hubiera hecho que los violentos se guardaran. Pero sólo por un rato. Mientras tanto las autoridades, como único y gran logro, se limitaban a haber comenzado a contar a las muertas.

Un módico repaso de las noticias demuestra que en la primera semana de  julio a Nadia Rey, una chica de Chacabuco, su ex novio boxeador la desfiguró a piñas y la amenazó de muerte cuando ella dio a conocer todo por Facebook. El 15 de ese mismo mes, en Pehuecó y a las cinco de la tarde, desaparecía la portera de la escuela técnica. Se llama María Andrea Esnaola, tiene 47 años y sigue sin aparecer. El 19 de julio, en Glew, alguien asesinaba de una puñalada en la cabeza a Melisa Tufner, de 22 años, mientras se dirigía a un club donde hacía acrobacia y tela.

El 24 de julio, en la villa 21 de Barracas, aparecía muerta Micaela Gaona, de 20 años, mamá de un bebé de un año y medio. Su pareja, Alexis, era violento con ella. El 27 mutilaron, desfiguraron y mataron en Córdoba a Laura Moyano, una chica trans de 35 años. Dos días después  era el turno de Maira Belén Morán, de 23 años. Su ex pareja la degolló en plena calle, de doce puñaladas. Tenía una perimetral de 500 metros pero vivía a sólo 150 de la mujer a la que asesinó.  

Cinco muertas, una desaparecida, una golpeada, una apuñalada. Ocho mujeres en las ocho semanas que han trascurrido desde la movilización en la que todos  comenzamos a ilusionarnos con algo parecido al cambio. Pero lo peor de todo tal vez sea la certeza de  que esa cifra (así de espantosa como es) seguramente no  registra ni por asomo a  todas las muertes ni a todas las violencias efectivamente ocurridas. Estos fueron, apenas, los ocho casos que los medios de comunicación pudieron o quisieron registrar.

Justamente por eso, a sesenta días de la marcha, un nutrido grupo de organizaciones feministas (entre estas MuMaLá, FEIM, La Casa del Encuentro, CLADEM, ELA y CEJIL, entre otras, acaban de lanzar un comunicado en el que precisan que “A 2 meses de la multitudinaria movilización bajo la consigna “Ni Una Menos”, 27 organizaciones de la sociedad civil reiteramos el pedido realizado al Consejo Nacional de las Mujeres exigiendo la inmediata difusión pública del Plan Nacional de Acción para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las mujeres, tal como establece la Ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres. Además reclamamos  a candidatas y candidatos que expresen  sus propuestas”.

Concretamente, lo que buscan con este toque de alarma es que el efecto visibilizador de la marcha no quede reducido a un par de fotos con el cartelito “Ni una menos” y comience a traducirse en lo único que realmente puede cambiar las cosas: acciones concretas que tengan real impacto en la vida de las mujeres que-antes y después de la marcha- siguen viviendo en peligro.

De allí que, como se consigna en el documento, las organizaciones se unan para advertir que “la ausencia de un Plan Nacional provoca la superposición de esfuerzos y falta de eficacia de las  iniciativas creadas para dar algún tipo de respuesta a la violencia contra las mujeres, cuyas consecuencias fatales se comprueban con alarmante cotidianeidad”.

Pero, además, en ese comunicado la casi treintena de organizaciones interpela directamente a los candidatos y candidatas, “en especial quienes aspiran a la presidencia, a que respondan públicamente: ¿Cuáles son sus propuestas para abordar el problema de la violencia contra las mujeres y qué recursos financieros e institucionales se comprometen a involucrar?”. Una vez más, vuelven a ser las mujeres de a pie quienes toman la iniciativa y se animan a decir en voz alta lo que nadie dice. Que nos están matando. Que nadie hace nada. Que ya dijimos “Ni una menos”. Que, ahora, lo que queremos es que no haya ni una más.

 

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