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Viagra femenino: ¡A facturar que se acaba el mundo!

Viagra femenino: ¡A facturar que se acaba el mundo!
Quena Strauss

Por años se prometió un equivalente para las mujeres de la célebre pastillita azul. En USA se la aprobó hace tres meses pero sigue despertando dudas. Enterate por qué.

Le dicen “Viagra” pero ni se llama así sino Addyi. Tampoco contiene en su formulación sildenafil , que es el principio  activo de lo que es hoy la droga más vendida del mundo, sino otra droga llamada flibanserina). A diferencia del Viagra, no se toma antes de tener relaciones sino todos los días, como una pastilla anticonceptiva. Le dicen “el Viagra femenino” pero de lo que se trata en realidad, explican los expertos, es de un antidepresivo.

Además, a diferencia del Viagra, que es un vasodilatador que permite una mayor irrigación sanguínea en la zona genital, Addyi actúa a n nivel del sistema nervioso. Actúa sobre dos neurotrasmisores (la serotonina y la dopamina). Y dado que como antidepresivo su rendimiento fue bastante precario, decidieron  “relanzarlo” como la solución mágica para otra cosa…que rima con “así fue como nació el Viagra rosa”.

Frente a  semejante catarata de desilusiones (no se llama como dicen que se llama, no contiene lo que se supone que contendría ni hace lo que sí hace su par azul) cabe preguntarse entonces hasta qué punto esta pastillita rosada que aún no ha llegado a la instancia de comercialización realmente puede ser lo que muchos imaginaron: la panacea contra la pérdida de deseo femenino.

Addyi viagra rosa femenino

La historia fue así: dado que cuando se hicieron los ensayos algunas de las mujeres tratadas manifestaron una ligera mejor en su deseo sexual, la empresa farmacéutica, ni lerda ni perezosa, decidió ver si se podía explotar también a esta droga (llamada ) como posibletratamiento contra la falta de deseo”.

“Hace unos años, un laboratorio alemán muy importante estaba investigando una molécula: flibanserin o flibanserine, para el deseo sexual hipoactivo en mujeres pre menopáusicas”, recuerda el doctor Adrian Sapetti, sexólogo y titular del Centro Médico Sexológico. “Cuando fue presentada ante las autoridades de la Food and Drug Administration (FDA) que es la entidad reguladora de medicamentos y alimentos en USA, ésta les exigió nuevos protocolos antes de aprobarla. El laboratorio alemán entonces paró toda la investigación. Nosotros habíamos participado de la primera parte y fuimos invitados a Lyon, San Pablo, etc. Pero fue todo muy frustrante cuando la entidad patrocinante decidió interrumpir la investigación. Ahora una cadena de farmacias comrpo esa molecula, la presenta nuevamente a la FDA, que la aprueba”.

¿Por qué las primeras resistencias a la aprobación? Sencillamente, las autoridades sanitaras americanas no terminaban de entender ni su mecanismo de funcionamiento ni la eficacia de su uso. Hubo pues mucho tiempo–y varios millones de dólares- invertidos en los protocolos de caso. Finalmente, la compañía farmacéutica que estaba haciendo todos estos ensayos decidió deshacerse del proyecto, que fue comprado por la Sprout Pharmaceutical.

“Todos y cada uno los protocolos fueron bautizados con nombres de flores: Daisy, Lily, etc”,  recuerda hoy para Border Sapetti, uno de los expertos argentinos invitados  a participar de los avances en el desarrollo de esta medicación. El aclara también que “el medicamento finalmente aprobado no es para cualquiera, sino que esta indicado solamente para las mujeres que padecen el llamado Transtorno de Deseo Sexual Hipoactivo (TDSH). Son las mujeres que ni tienen ganas, ni fantasean, ni nada”, explica.

¿Cuáles serían los posibles efectos adversos de este fármaco? Entre ellos, mareos, somnolencia, cefaleas, sensación de boca seca, etc.  Y aun hoy, de hecho, quien consuma esta nueva droga deberá hacerlo bajo prescripción médica, sin usar otros antidepresivos a la vez y, central: sin probar una gota de alcohol. Caso contrario puede producirse la pérdida de la conciencia. Todo esto, según se pactó en el momento de la aprobación, deberá constar y estar en un recuadro dentro del prospecto que acompañe a Addyi.

El caso es que finalmente, se logró la aprobación en los Estados Unidos, donde acaba de salir a la venta. Y, la verdad sea dicha, lo hizo en medio de una verdadera polémica entre quienes ven en este producto un paso más hacia la igualdad entre los géneros y quienes ven en toda esta historia el lanzamiento al mercado de una droga peligrosa, llena de contraindicaciones y útil sólo para un público muy acotado, pero potencialmente muy rentable para quienes la comercialicen.  El  precio del medicamento irá de 35 a 400 dolares, dependiendo del  seguro que tenga la paciente.

Frente a todos estos datos, la pregunta persiste: ¿sirve realmente este nuevo fármaco para lo que muchos suponen que sirve? O, dicho de otro modo: ¿puede recetarse el deseo en pastillas? Y, especialmente en el caso de una sexualidad definida como más compleja y cerebral que la masculina,  ¿realmente se puede pedir un “remedio en cajas”?

Al menos dentro del marketing o mercadeo, especializado en “detectar” supuestas necesidades para luego elaborar productos y servicios que vengan a “satisfacerlas”, la lógica es muy clara. Lo que llama la atención, en todo caso, es cómo en estos tiempos aparentemente hiper liberales en donde cada quién es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera, el sexo sigue siendo medicalizado, cronometrado y pautado hasta el extremo. ¿Menos de dos veces por semana? ¡Anormal! ¿Más de tres?¡Anormal también. Por exceso o por defecto, lo que se sale de la “regla” escrita y sostenida por quién sabe quiénes, debe ser encarrillado a fuerza de fármacos. Y claro, ahí estará  siempre la industria  para venir en nuestro rescate. Para  ayudarnos a comprar todo eso que –como el deseo, el amor, las simples “ganas”- todavía no se puede vender.  Pero que, evidentemente, sí se puede facturar.

 

 

 

 

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