Política y Economía

Radiografía de un debate: ¿a quién le hablaron los candidatos?

Radiografía de un debate: ¿a quién le hablaron los candidatos?
Pablo Sieira @psieira

Scioli apuntó al trabajador que vota con el bolsillo y Macri se concentró en los votantes del hartazgo. Son los dos grandes grupos en que se divide el electorado de Massa. Pero sorprendieron poco y repitieron sus recetas en un debate que a simple vista, no modificó el panorama.

Es difícil determinar quién gana y quién pierde un debate. Por lo general, se percibe como ganador a quien logra desarticular los argumentos del adversario y ponerlo en una situación de incomodidad. Esto no ocurrió anoche. Tanto el candidato del Frente para la Victoria como el de Cambiemos evadieron todas las preguntas cuya repuesta los sacara del manual y fueron constantemente al ataque.

En esa dinámica, ninguno de los dos varió su estrategia: Scioli insistió en vincular a Macri con el “ajuste” y la “devaluación” (las palabras que más repitió durante el evento) y Macri reiteró la receta de pegar a Scioli con el kirchnerismo duro. Si bien este patrón general privó al debate de sorpresas, al repetir las recetas de la campaña, también reflejó el intento por parte de ambos candidatos de captar votantes específicos.

Scioli pareció apuntarle al trabajador de clase media, del que suele decirse que vota con el bolsillo, al señalar que su adversario “siempre está a favor de empresas privadas” y que va a minar su gestión de “gerentes de empresas internacionales, tramo en el que aludió al ex CEO de Shell Juan José Aranguren, asesor del líder del PRO en materia energética, y al ex representante de agroquímicos Monsanto Leandro Sarquís, que integra el equipo de María Eugenia Vidal. El candidato del Frente para la Victoria trató con esto (más los argumentos sobre el ajuste) de reforzar la desconfianza del sector del electorado que ve a Macri como empresario alejado del interés nacional y de los problemas cotidianos de “los de abajo”. Fue un intento por traer al presente una percepción del candidato de Cambiemos que en otros tiempos fue dominante y que en los últimos años se suavizó.

Por su parte, Macri utilizó el primer tramo del debate para dejar a Scioli lo más pegado posible a la presidenta Cristina Kirchner y al estilo del kirchnerismo duro. “¿En qué te han convertido, Daniel? Parecés un panelista de 678”, lanzó el candidato de Cambiemos. Un ataque bien calculado si se tiene en cuenta la cantidad de reproducciones que tuvo esa chicana en las redes sociales. La intención fue llegar al votante anti kirchnerista y alimentar el hartazgo que provocó el estilo de Cristina y de sus seguidores más leales y fanatizados. Frases como “vos no sos el cambio” fueron el ariete de Macri para tratar de impedir el intento de Scioli de despegarse de la impronta cristinista de los últimos cuatro años.

De esta manera, Scioli y Macri trataron de captar al electorado de Sergio Massa, definitorio para el balotaje.  Esos 5 millones de votantes se dividen en dos grande grupos: oposición dura y oposición moderada. El primero es aquel que vota contra el kirchnerismo y todo lo que se le relacione, mientras que el segundo es el que busca un cambio superador pero se conforma con “el mal menor” en términos económicos. Es la división entre el voto del hartazgo y el voto del bolsillo.

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El que pega primero, pega dos veces

La única sorpresa del debate se vio al inicio y tuvo como protagonista al candidato de Cambiemos, que dejó de lado su onda zen y salió a golpear de lleno a su rival. Macri aprovechó el primer para chicanear y arrinconar a Scioli contra el kirchnerismo del que trata de despegarse. Habrá pensado quizás en esa máxima que reza que “el que pega primero, pega dos veces”.

Ese factor sorpresa que trató de explotar Macri le permitió a Scioli lanzar una frase de titular: “Está discutiendo con un Gobierno que termina el 10 de diciembre”. Sin embargo, fue el único gesto de diferenciación que ofreció el oficialista. Más adelante lo repitió, en lugar de agregar otro.

El inicial cambio de actitud del postulante de Cambiemos que la respuesta del candidato del Frente para la Victoria, porque le permitió al primero tomar el centro de la escena en el momento de mayor expectativa (el inicio del debate) mientras que el segundo se mostró descolocado. Ese primer bloque fue, casi con seguridad, el que formó la opinión reflejada por las encuestas que lanzaron varios medios por Twitter, en las que Macri surgió como claro ganador. Y es que, a partir de la segunda mitad del debate, Scioli se acomodó y se desenvolvió mejor, pero la primera impresión pareció tener más peso.

De todas formas, no se debe perder de vista que hay varios ejemplos en la historia de los debates alrededor del mundo en los que el ganador del duelo perdió las elecciones. Uno de ellos es el de los comicios de España en 2011, el 63 por ciento de los encuestados dieron por ganador del duelo al candidato del PSOE, Alfredo Rubalcaba, contra el 36 por ciento que se inclinó por Mariano Rajoy, del PP, pero la elección la ganó el segundo.

Irse con lo puesto

La vista general del debate, en cambio, mostró a dos candidatos que evitaron salirse de sus respectivos libretos. Macri no contestó cuando Scioli le preguntó sobre devaluación (un tema en el que se enredó la semana pasada), ni sobre el voto de su partido en contra de YPF, Aerolíneas Argentinas o el sistema previsional. Scioli esquivó definiciones sobre política exterior (Memorándum con Irán, relación con Venezuela) y sobre la situación de la educación y la conflictividad docente en la provincia de Buenos Aires.

Ninguno de los dos arriesgó demasiado y prefirieron, en cambio, repetir los eslóganes de sus campañas. Tal vez eso haya beneficiado más a Macri, porque sin lugar a dudas las mayores expectativas estaban puestas sobre Scioli. Precisamente por el hecho de que las encuestas que circulan ubican al postulante de Cambiemos en la delantera y en todo debate se pone mayor atención sobre el que corre desde atrás, a la espera de un golpe de efecto.

Por ello la conclusión es que el debate no modificó demasiado el escenario electoral y, en todo caso, habrá que esperar al próximo domingo para ver qué tanto influyó en la decisión de los argentinos.

La única verdad es que se trató de una jornada histórica. El éxito del debate fue su sola existencia. Todo lo demás son apenas percepciones. La última palabra, como siempre, la tienen las urnas.

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