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Cambio climático: ¿La última oportunidad?

Cambio climático: ¿La última oportunidad?

A fin de mes, en París, 196 países se reunirán para hablar del calentamiento global en una cita que muchos consideran definitiva. Pero, ¿estarán a la altura de las circunstancias?

Desde hace casi veinte años, las naciones del mundo se reúnen para analizar, discutir y acciones frente al cambio climático. Esto es, la alteración del clima por influencia humana, lo que en los últimos años ha quedado reflejado en un alarmante incremento de la temperatura, las lluvias arrasadoras y la sequía. El próximo encuentro será el 30 de noviembre, en una París todavía en shock tras los atentados del viernes 13.

Sin embargo, y en un claro gesto de repudio al terror, 186 países, 117 jefes de estado y 70 ministros de Medio Ambiente de todo el mundo han comprometido su presencia en la inauguración de esta cumbre que se extenderá hasta el 11 de diciembre. ¿Qué es lo que se espera de multitudinario encuentro?

Los expertos coinciden en señalar dos puntos clave: el primero, fijar en 2 grados centígrados el límite o tope  el incremento de la temperatura planetaria. El segundo será llegar a un acuerdo –internacional, vinculante  y definitivo- por el cual las naciones (en especial los países más altamente industrializados, responsables históricos de este problema) se comprometan a recortar sustancialmente  las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Hace ya dos años, de hecho, que la Organización para las Naciones Unidas (ONU) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) presentaron un contundente informe acerca de cómo la industrialización vertiginosa está, literalmente, recalentando nuestro mundo. Así, entre 2001 y 2010 se registraron las temperaturas más altas desde que se inició la medición, en 1850.

La tasa de las décadas de crecimiento entre 1991-2000 y 2001-2010 no tiene precedentes”, sostuvo entonces Michael Jarraud, secretario general de la OMM. “El aumento de las concentraciones del calor y los gases de efecto invernadero están cambiando nuestro clima, con implicaciones de largo alcance para el medio ambiente y los océanos“, precisó.  

Que lo digan, si no, las naciones insulares como Kiribati, Vanuatu o Tuvalau, todas ellas acechadas por un océano Pacífico que no para de crecer. Los habitantes de estos sitios –primeras víctimas de un proceso en el que no tuvieron nada que ver- dan tan por sentada la desaparición de su países que sus gobiernos compran terrenos en lugares próximos, pero más resguardados. La altura del mar alrededor del mundo, según la Organización Meteorológica Mundial, crece hasta 3 milímetros por año, mientras que en el siglo pasado crecía exactamente la mitad.

Claro que el problema no es privativo de las micronaciones rodeadas por el mar, ni mucho menos. En Argentina, el cambio climático también se hace sentir y de muchos modos, aun cuando dos de los “síntomas” más evidentes sean la virtual supresión del invierno (reducido a un par de días de muy baja temperatura), las lluvias catastróficas en algunos lugares y la sequía prolongada en otros.

En nuestro caso, además, contamos con una serie de datos que comprometen seriamente cualquier compromiso climático que queramos asumir. El primero es quizá el más contundente: en cien años, según datos de la secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable, la Argentina perdió casi 70% de sus bosques nativos. Y el proceso se aceleró en las últimas dos décadas, al compás de la denominadaexpansión de la frontera agropecuaria”. Según coinciden en señalar los expertos, la pérdida de bosques contribuye no sólo a la desertificación sino a hacer de la Tierra un lugar más caliente.

De hecho, 4, 3% del total de desmonte mundial ocurre en nuestro país, particularmente en las provincias del norte. Por lo demás, la matriz energética nacional se basa casi por completo en combustibles fósiles  (87%) y algo de energía hidráulica y atómica. Las denominadas “energías limpias” como la eólica o la solar, de hecho, no llegan a contribuir ni con un mínimo 1%. Ergo, a París no vamos con las mejores calificaciones, precisamente.

El año pasado, en su el Quinto Reporte de Evaluación, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), un grupo de más de 300 científicos de todo el mundo que trabaja específicamente sobre este tema, advirtió que en nuestro país el cambio climático ya se expresaba en grandes inundaciones y podría, con el tiempo, repercutir en la calidad de los cultivos y hasta en las enfermedades de las plantas.

Con todo, son las grandes economías mundiales las que deben tomar el compromiso mayor. Aparentemente, la Unión Europea está decidida a avanzar en ese sentido. Lo mismo Canadá, que en su momento se retiró del protocolo de Kyoto (el primer intento internacional de reducir las emisiones de gases contaminantes) pero que sí estará en París. Y hasta un país productor de petróleo como Arabia Saudita promete –de cara a la cumbre- comenzar a avanzar gradualmente hacia las energías renovables.

No es casual. Las energías fósiles están ciertamente en vías de extinción y este modelo de desarrollo y crecimiento está enfrentando sus propios límites. El tiempo se está acabando para todo, y eso es algo que los países que lideran el mundo también saben. Por algo, China habló de reducir sus emisiones hacia 2030. La Unión Europea, por su parte, anunciará un plan por demás ambicioso (reducir las emisiones de gases contaminantes casi a la mitad con respecto a 1990) y hasta la administración estadounidense (el mayor emisor de gases de efecto invernadero en todo el mundo) se mostró interesada en llegar a un compromiso clave en ese sentido, con un recorte de emisiones de un 28% para dentro de diez años y con respecto a las de 2005.

Sin embargo, y más allá de cierto “optimismo verde” que se puede percibir en torno de la cumbre, lo real es que lo que cuenta en estos casos son los hechos y no las palabras. Valga, como ejemplo, lo sucedido con el Protocolo de Kyoto: USA lo firmó pero no lo ratificó. Finalmente, se retiró y recién este año  la situación comenzó  a cambiar. “El cambio climático tiene el potencial de ocasionar efectos devastadores sobre la gente en todo el planeta y debemos hacer algo al respecto. Y necesitaremos movilizarnos a nivel internacional”, aseguró el presidente Obama.

Habrá pues que esperar algunos días aún. Y, mientras los preparativos se aceleran y París sigue en vilo, ambientalistas y víctimas directas e indirectas del cambio climático cruzan los dedos. Hay países con los días contados. Hay islas hundiéndose en el medio del mar. Hay ecosistemas en peligro de muerte. Hay, definitivamente, demasiado en juego. Y lo único que ya no queda es otra oportunidad. 

 

 

 

 

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