Cultura Pop

Los Cadillacs cantando para vos

Los Cadillacs cantando para vos

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El grupo presentó La salvación de Solo y Juan, su nuevo disco, ante un Palacio de los Deportes agotado.

Por Pablo Strozza (@pstrozza)

Desde el día de la primavera del año 2013 que Los Fabulosos Cadillacs no tocaban en Buenos Aires. Aquel día se presentaron con el auspicio de una firma de telefonía celular, por lo que el acceso al evento fue restringido para aquellos que no son clientes de esa empresa. Por eso, cuando el grupo anunció un concierto en el Luna Park en el que se presentaría La salvación de Solo y Juan, su nuevo disco de estudio, la demanda fue tal que las localidades se agotaron de inmediato. Y así lucía el Palacio de los Deportes porteño en la lluviosa noche de sábado para recibir a la banda.

Y tamaña convocatoria no debería sorprender. Con la disolución absoluta de Soda Stereo y de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Los Fabulosos Cadillacs asosman como el último gran grupo de la década de los 80 que mantiene casi intacta su formación original y que se preocupa por, de tanto en tanto, ofrecer nuevo material a sus seguidores. Y esos fans suelen ser en algunos casos padres en compañía de sus hijos, tal como ocurre en este modelo 2016 de los Caddys, donde Florían Fernandez Capello y Astor Cianciarullo acompañan a sus papás Vicentico y Flavio, respectivamente, en el escenario y en el estudio de grabación. El círculo se cierra y sólo queda, para todos, disfrutar de la música.

La salvación de Solo y Juan es una ópera rock. Un álbum conceptual que cuenta la historia de los hermanos Crescenti y de su padre, encargo de manejar un faro costero. Un disco que recuerda a obras maestras de The Who admiradas por los Cadillacs como Tommy y Quadrophenia, como también a Arthur (Or the Decline and Fall of the British Empire) de The Kinks. Una placa excelente que requiere una escucha ardua, más allá que la personalidad de cada canción haga que se sostengan por peso específico propio y una presentación exclusiva. El grupo lo sabe, y por eso adelantó este material a cuentagotas, con videos previos al recital, e interpretó algunas de sus canciones mas no todo el disco.

Y es los Cadillacs saben por zorros, y a la vez tienen un repertorio imbatible. Entonces se pueden dar el lujo de tocar clásicos como “El genio del dub”, “Calaveras y diablitos”, “V Centenario” o “Demasiada presión” y colar en el medio gemas oscuras festejadas por los más acérrimos como “Destino de paria”, “Carmela” y la excepcional “Saco azul”. Y hacia el final pelar una batería de ineludibles como “Mal bicho”, “Vos sabés”, “Matador” y “Yo no me sentaría en tu mesa”.

Párrafo aparte merece la solidez de los Fabulosos. A la solidez de la base del gran Fernando Ricciardi en batería y Flavio en bajo se le suma Astor en ambos instrumentos según la canción lo requiera, y el doblete refuerza la rítmica. Florián muestra su ductilidad y buen gusto en las seis cuerdas, y los vientos parecen no extrañar a Sergio Rotman, ausente con aviso en esta gira hasta octubre. Y Vicentico, uno de los pocos frontmen criollos que escapa a la demagogia a saludar a la multitud casi al final del show, sin antes haber pronunciado palabra alguna. Un hombre que derrocha carisma, y cuya voz ya es una marca registrada dentro de la cultura popular argentina.

“Por más que quieran sacarnos de nuestro lugar y pienses que sólo somos un puñado de idiotas, vos no podrás quitarnos lo que hicimos ya, ahora somos más hermanos que antes…” . Ya pasaron casi treinta años de esta declaración de principios de Los Fabulosos Cadillacs al negarse a compartir la mesa del radical Jesús Rodríguez por las leyes de punto final y obediencia debida promulgadas por el gobierno de Raúl Alfonsín. Y a casi treinta años, casi nadie se acuerda de Rodríguez y cualquier persona puede tararear el estribillo de este tema, en cualquier circunstancia. “La música salvará al mundo” se llama el último tema de La salvación de Solo y Juan y confirma que el tiempo, aliado impensado en 1987, le dio la razón a los Fabulosos. Y el show del Luna Park terminó de confirmar todo.

 

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