Cultura Pop

Springteen: La autobiografía rockera más triste de todas

Springteen: La autobiografía rockera más triste de todas

“Born To Run” refleja con una crudeza descarnada el lado oculto del “Jefe del rock & roll”. Infancia dura y una relación conflictiva con su padre, un hombre gris que, sin embargo, lo sorprendió cuando el rocker ganó un Oscar. Grandes discos y las muertes que signaron su vida.

 

Conciertos de tres horas promedio de duración, letras que reflejan las vivencias de la clase trabajadora de los Estados Unidos y una banda de apoyo que lo sigue como si en cada show sus vidas dependieran de la performance. Una mujer hermosa, un par de hijos ídem, y un respeto reverencial por parte de sus colegas y sus fans a lo largo y a lo ancho del globo. Si hay alguien al que a priori uno debe pensar que tuvo y tiene una buena vida, ese es Bruce Spingsteen. El Jefe o The Boss, tal como ustedes prefieran llamarlo.

La autobiografía del Jefe.

La autobiografía del Jefe.

Born To Run, su esperada autobiografía, desmiente todas las elucubraciones de felicidad cotidiana que uno imagina en la vida de Bruce. A diferencia de las Crónicas de Bob Dylan o Vida de Keith Richards, por citar dos best sellers del género firmados por dos pesos pesados con los que el Jefe puede conversar mano a mano, este relato emana una inesperada tristeza al leerlo. Una tristeza que puede ser esperada cuando Springsteen narra su niñez, su adolescencia y su temprana juventud como miembro de una clase media baja de New Jersey, pero que sacude cuando ya es The Boss y tiene al mundo a sus pies a fuerza de rock y honestidad, una combinación que pocas veces puede ser revalidada sin caer en los habituales clichés.

Parte de ese sentimiento viene cuando se conocen los pormenores de la relación entre Bruce y su padre. Un tipo que para conversar con su hijo debía sí o sí contar con un pack de seis latas de cerveza. Un hombre machista, que delegaba todas las obligaciones hogareñas a su esposa. Una persona gris, que quería que su hijo siguiera sus pasos sólo porque pensaba que no había otra forma de vida. Pero Bruce terminó siendo el protagonista de ese tema de Lou Reed en el que el neoyorquino recordaba sus escuchas radiales en las que la conclusión era que su vida había sido salvada por el rock and roll. Y es que esa era la forma de rebelarse en los años 60: dejarse crecer el pelo, agarrar una guitarra y escapar de la monotonía de la vida ciudadana. Claro que son pocos los que llegan a la cima, y Bruce fue uno de ellos, a fuerza de perseverancia y disciplina. El Jefe, que insinúa no de forma explícita haber tomado ese alias por la manera de trabajar de Mr. James Brown, que no en vano era apodado como “El Hombre Más Trabajador del ShowBusiness”.

Un joven Springsteen.

Un joven Springsteen.

El libro avanza con una escritura modesta y sin mala leche de ningún tipo, y entonces comienzan a aparecer los hermosos momentos de gloria, que tienen su cénit con la salida de Born In The USA: Pero ahí es donde el tiempo y las explicaciones juegan a favor, y se entienden mejor Nebraska y Tunnel Of Love, introspectivos antecesor y sucesor, respectivamente, dos discazos con peso propio. No hubo ni suicidio comercial ni boicot snob a la popularidad con esas ediciones, como se supo comentar en el momento de su salida: en ambos álbumes era Bruce en carne viva intentando construir un camino en donde no hubiera que rendirle cuentas a nadie más que a él mismo.

Ganó un Oscar por la banda sonora de Philadelphia.

Ganó un Oscar por la banda sonora de Philadelphia.

Hacia el final empiezan a aparecer las muertes, tanto de sus amigos como de sus familiares. Y es donde el sentimiento no tiene reclamos, ya sea para Clarence Clemons, el histórico saxofonista de la E Street Band y una especie de hermano musical de Springsteen desde la histórica foto de tapa del disco Born To Run, o su padre, que después de que su hijo fuese galardonado con un Oscar por el tema central de la película Philadelphia le espetó “Nunca más le diré a alguien lo que tiene que hacer”. Esa frase es, quizás, la mejor moraleja de este hermoso libro: hay que jugársela siempre sin temor a fracasar. Porque puede haber siempre una nueva oportunidad, y también vendrá, tarde o temprano, el reconocimiento de quienes más nos interesan.

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