Política y Economía

Miguel Pichetto, el equilibrista del año

Miguel Pichetto, el equilibrista del año

Lo tironean desde todos lados, pero él logra quedar siempre parado en el medio. Con Ganancias volvió a demostrar sus cualidades: lo buscan el Gobierno, los gobernadores, los sindicalistas, el massismo y el ultrakirchnerismo. Y también lo detestan. Por eso puede acercar posiciones con Macri, pero tras cartón volver a marcarle la cancha. “Esto es día a día”, dicen en su entorno. Perfil del peronista que mutó en todas sus formas, sosteniendo el énfasis.

 

Las tensiones por el impuesto a las Ganancias volvió a poner en el centro de la escena a Miguel Pichetto, el jefe de los senadores del Frente para la Victoria-PJ, quien por intentar contentar a todos los sectores políticos se transformó en el equilibrista del año. Con una particularidad, todos lo tironean, pero él nunca se cae.

Pichetto, con gobernadores e intendentes del peronismo.

Pichetto, con gobernadores e intendentes del peronismo.

El Gobierno, los gobernadores, el sindicalismo, el massismo y el ultrakirchnerismo apuntan a Pichetto cada vez que un tema candente llega al Senado. “Miguel escucha a todos, pero esto va cambiando día a día”, describen en el entorno del senador para explicar sus vínculos con cada sector.
Es que el lunes parecía el facilitador de los acuerdos. Primero, mantuvo un diálogo telefónico con el Presidente, que sirvió para destrabar el conflicto. “Ahora la pelota está del lado del Gobierno”, expresó en declaraciones radiales un día después. Era la señal clave para que Macri convocara a una mesa de negociación con todos los sectores, justo aquellos que tironean a Pichetto. El Gobierno cumplió. Pero el miércoles, por las presiones desde el otro lado de la cancha, el senador rionegrino volvió a encender alarmas. Pidió una moción de preferencia para que la semana que viene se vote en el recinto el proyecto de Ganancias. Y por ahora tratarían la media sanción que llegó de Diputados. Justifican en que fue “pobre” la convocatoria del Gobierno, porque no sentó a todos en la misma mesa ni impuso plazos. Algunos lo interpretaron como una presión al oficialismo, para que no duerma las negociaciones. Otros, en cambio, creen que solamente lo hizo para calmar las aguas puertas adentro del bloque: es que el sector más ultrakirchnerista se está cansando con los coqueteos de Pichetto, tanto con el Gobierno como con Massa.

Con Massa, con quien mantiene un diálogo fluido.

Con Massa, con quien mantiene un diálogo fluido.

Desde principio de año, Pichetto repite que su objetivo es mantener el bloque unido, algo que no pasó en Diputados. Eso le sirvió de excusa para frenar debates, siempre con el argumento de que no quería generar fricciones entre los miembros de la bancada que marca los tiempos del Senado. Eso pasó, por ejemplo, con la reforma política: el argumento de las divisiones internas cerró el debate. Sin embargo, en más de una oportunidad el bloque votó de manera diferenciada y eso no impidió que lo temas se debatan. Decisiones del equilibrista.

Lo curioso en el caso Ganancias, es que un asesor de Pichetto estuvo en todas las reuniones de la oposición en la Cámara de Diputados donde se definió el proyecto que finalmente se votó. Ese mismo que ahora Pichetto y compañía están de acuerdo con frenar a la espera de las señales del Gobierno. ¿Qué cambió? ¿El proyecto era pasible de ser votado antes y ahora ya no? ¿O los equilibristas juegan muy bien a la política?

En el 97, en campaña apoyado por Menem.

En el 97, en campaña apoyado por Menem.

La viveza de Pichetto para adaptarse a las situaciones políticas genera amores y odios. “Yo lo quiero siempre en mi equipo”, repiten sus defensores, que ven en él cualidades importantes para cualquier político. Y no se equivocan, por algo pasan los años, los gobiernos cambian y él queda. “Pichetto estuvo bien con todos”, deslizan sus detractores, que tampoco se equivocan. En 1993 asumió como diputado nacional, cargo que mantuvo hasta fines de 2001 y con el que llegó a ser el vicepresidente del bloque que respondía a las órdenes de Carlos Menem. Con el cambio del siglo, y la irrupción de Eduardo Duhalde como líder del peronismo, Pichetto se alineó. Y el premio fue ser electo como presidente del bloque de senadores del PJ, cargo al que llegó en diciembre de 2001. Ahí ya tenía una relación oscilante con la senadora Cristina Kirchner, quien se desmarcaba muchas veces del resto de su bloque. Con Néstor Kirchner como presidente, Pichetto siguió liderando el bloque, incluso luego de la ruptura con Duhalde. Pero el equilibrista logró seguir llevándose bien con todos.

Hoy, con los nuevos tiempos, es el único referente que no cambió su rol: sigue siendo presidente del bloque más importante del Senado. Allí se decide si hay quórum y qué temas se pueden debatir. Lo único que cambió es que ahora no es oficialista, pero igual el Gobierno lo elige como el canal de diálogo privilegiado. Dentro de la tensión peronista, Pichetto se permitió criticar a Cristina Kirchner y en especial a Axel Kicillof, dando luz verde para que muchos también empiecen a tomar distancia. Pero igual logró que los ultrakirchneristas de su bloque no lo abandonen (¿seguirá igual en 2017?). Como contrapartida, también se acercó a Sergio Massa y a Diego Bossio, los dos peronistas que -en diferentes momentos- más se alejaron del kirchnerismo y hoy buscan ser referentes de la renovación.

Con Cristina tuvo una relación oscilante, pero nunca dejó de ser el jefe del bloque.

Con Cristina tuvo una relación oscilante, pero nunca dejó de ser el jefe del bloque.

Pichetto igual sigue hablando con todos. Como buen equilibrista, sabe que el viento puede cambiar en cualquier momento, y eso no lo puede agarrar mal parado.

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