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Internet que desaparece: el frágil destino del recuerdo digital

Internet que desaparece: el frágil destino del recuerdo digital

Una página, una imagen, un dato: todo eso que alguna vez creímos a buen resguardo en  el mundo digital en realidad no lo está tanto y puede “cyber-desvanecerse” sin previo aviso. Pero podés impedirlo.

 

Nada por aquí, nada por allá. Nada. El día que, sólo por curiosidad, Natalia decidió revisar qué había sido de aquel blog que durante años tanto la había entusiasmado escribir, terminó impactada: no había más blog, ni rastros de todo lo que había cargado en él. “Yo pensé que todo eso quedaba guardado para siempre ahí. Y nada que ver”, se lamenta.

Pero, ¿cómo? ¿No era que conservar allí nuestras fotos y textos era “mucho más seguro”? ¿No era que un archivo digital era mucho más confiable que la vieja caja de zapatos llena de Polaroids, y que garantizaba la preservación de lo que fuese por lo siglos de los siglos? Pues parece que no.

Así lo confirman los especialistas en el tema, tal vez los más conscientes de la fragilidad en juego por testimoniar cotidianamente la velocidad con la que las cosas llegan a y se desvanecen de la galaxia digital. Un ejemplo: los “gigantes” del negocio de la Web (léase por esto Amazon, Facebook y siguen las firmas) confían sus archivos a soportes “tradicionales”. Y no por casualidad.

El mensaje de lo que ya no está online.

El mensaje de lo que ya no está online.

Según explica el especialista Enrique Quagliano, docente e investigador en la materia, el caso de Google es  claro al respecto: sigue almacenando y respaldando toda la información en cintas magnéticas, que han probado ser el medio más seguro y económico para respaldar los datos”. Por otra parte, dice, el caso de sitios como Megaupload “nos alertan. El gobierno de EE.UU. (el FBI, puntualmente) decidió cerrarlo en 2012 como una avanzada contra la piratería y al hacerlo privó de sus archivos a millones de usuarios (artistas, músicos, académicos, gente de a pie) que usaban ese sitio para almacenar sus trabajos originales. Se espera que en algún momento todo ese caudal de información se libere. Mientras tanto, el usuario perdió todo”.

La inestabilidad de este sistema de almacenamiento es también puesta en duda por Alejandro Tortolini, docente de la Fundación Telefónica y parte del proyecto Aulas Interactivas de la Universidad de San Andrés. Si no hacemos copias de seguridad de lo que subimos a internet, tarde o temprano la información se pierde para siempre”, asegura. Y aclara que “esa desaparición ocurre por una mezcla de decisiones y errores tomadas por los humanos, por un lado, y por deterioro de los medios en los que se almacena dicha información, por el otro. ¿Más claro? Cuando “subo” algo a internet (a Youtube, supongamos) lo que estoy haciendo es copiar un archivo de mi computadora a una carpeta o directorio en la computadora de otra persona u organización, quien nos cede ese lugar. Por ejemplo, al subir un video a Youtube lo que hace esta empresa es darnos un espacio en sus computadoras (llamadas servidores) y un link con la dirección web para que cualquier persona con acceso a internet pueda ver el video. Si un empleado de Youtube decide (por cualquier razón) cambiar la carpeta o directorio en que está el video sin actualizar el link, el video dejará de estar accesible, y lo mismo ocurrirá si por error alguien borra ese archivo. También puede ocurrir que algo en ese servidor se rompa y el archivo se destruya. En ambos casos, el resultado es el mismo: el video se vuelve inaccesible”.

Y eso por no mencionar el segundo aspecto de toda esta cuestión, que posiblemente ya hayas podido experimentar en carne propia: la pérdida de información por problemas del soporte. En efecto, ni las tarjetas de memoria ni los archivos USB son tan confiables como solemos suponer. Así de hecho lo analiza un interesantísimo documental francés llamado ¿El fin de la memoria?, disponible (hasta que los dioses de la Web así lo permitan, claro) en este link: http://tinyurl.com/zauqg2y

Es curioso, pero todo esto que hoy nos sucede con los archivos digitales de algún modo ya nos sucedió antes con los casettes, con los discos floppy (aquellos enormes y flexibles), con los diskettes que alguna vez también imaginamos sin fecha de vencimiento. La tecnología avanza a una velocidad tal que en un tiempo cada vez menor lo que alguna vez consideramos “seguro y eterno” deja de serlo. Miles de canciones grabadas en cintas magnéticas (y ya sin un pasacasete capaz de devolverlas a la vida) y otros tantos miles de videos filmados en VHS (y hoy condenados a acumular polvo) dan fe de un nuevo estado de cosas en donde todo envejece demasiado rápido y, al hacerlo, se lleva consigo también parte de nuestros recuerdos.

“La pérdida de información demuestra hasta qué punto hemos sucumbido a lo que Vincent Mosco llamó ‘lo sublime digital’ y terminamos creyendo todo lo que los vendedores de tecnología nos dicen: ‘Esto es EL futuro, esto es indestructible, esto nos hará definitivamente felices’. Especialmente en Argentina, somos víctimas del tecnoutopismo, lo que muchas veces nos lleva a adoptar tecnologías que en otros lados del mundo se abandonan (tal el caso del voto electrónico) y a confiar ciegamente en depósitos de información que han demostrado su fragilidad”, señala Tortolini.

Ahora bien, ¿cómo puede preservar su propia información uno, casi lego en todas estas tecnologías? ¿Cómo podemos hacer para que nuestros videos, textos y fotos no pasen a mejor vida sin siquiera decir adiós? En el caso de lo subido a la web, Quagliano explica que “la recomendación es buscar (en los sitios de interés) los mecanismos habilitados para hacer el respaldo localmente, es decir, en nuestros propios dispositivos. Por caso: Facebook y Twitter permiten bajar todo el contenido propio. En el caso de sitios web con contenido del usuario, es recomendable llevar un doble respaldo”. Por si las moscas.

Pero, atención: el respaldo de seguridad no sólo hay que hacerlo con lo que hemos colgado en el cyber espacio sino también con lo que hay en nuestra propia computadora. “Desde hace años se habla sobre la sociedad de la información sin prestar atención a la fragilidad de los soportes sobre los que se construye esa sociedad. Por eso, aunque dé trabajo, si queremos conservar recuerdos y documentación hay algunas cosas que podemos hacer, empezando por imprimir nuestras fotos en papel y hacer copias de la información más sensible”, dice Tortolini. Irónicamente, aquellas cajas llenas de diapositivas y esos álbumes pesadísimos saturados de fotografías que coleccionaban tus viejos tal vez no eran tan mala idea.

Hoy, de hecho, investigadores de todo el mundo están tras un nuevo santo Grial: cómo salvar del eclipse a la memoria digital. Desde papel y tinta especialmente tratados hasta cintas magnéticas, láminas de cuarzo y hasta (asombroso) ADN humano, todo es un potencial candidato a reemplazar como soporte a lo que existe hoy. Mientras tanto, hasta un modesto papel parecería ser más fidedigno que el frágil código binario al que nos hemos acostumbrado a confiarle todo, desde nuestras claves bancarias hasta las fotos de la última Navidad. ¿Con qué resultados? Dentro de unos años tendremos la respuesta.

 

 

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