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El Indio Solari y el Nunca Más del rock

El Indio Solari y el Nunca Más del rock

La tragedia en el recital de Olavarría deberían servir de lección -de enésima lección- para que jamás ir a un concierto signifique de nuevo poner en riesgo la vida. De Cromañón a hoy. ¿Es posible organizar megarrecitales en Argentina? Opinan productores sobre el marco legal necesario. Y el exclusivo tesmimonio de un ex empleado, que revela: “Se tragaron la guita de la seguridad”.

 

La tragedia de República Cromañón, con 194 muertos entre los asistentes a un recital de Callejeros el 30 de diciembre de 2004, debió haber sido un punto de inflexión para el rock argentino en cuestiones de seguridad y cuidado a los asistentes a un hecho de estas características.

Indio SolariPero se sabe que la historia ocurre primero en forma de tragedia y luego de farsa: ahí están los dos muertos, los numerosos heridos y las personas que en el momento de escribir estas líneas permanecen desaparecidas tras el concierto que el Indio Solari brindó ante ¿350 mil, 400 mil? personas el pasado 11 de marzo en la ciudad bonaerense de Olavarría. Ahí es donde surgen las dudas, las preguntas, las reflexiones, las posibles soluciones para que nada de esto vuelva a ocurrir. Para que el show de Solari sea un verdadero antes y después en la historia de los espectáculos en la Argentina. Para que esa consciencia que se tomó en función a los programas que ocurren en lugares cerrados (noción y señalización de las salidas de emergencia, prohibición de medias sombras y otros elementos inflamables, etcétera) se trasladen a los eventos al aire libre. Que todo lo que leímos y escuchamos en estos días en función de protocolos, vallados, personas permitidas por metro cuadrado, ambulancias y lugares de primeros auxilios, seguros y demás se cumplan desde ahora y para siempre.

El promotor Pablo Baldini.

El promotor Pablo Baldini.

No hay una ley nacional que abarque las normativas que hay que cumplir para la realización de eventos. Hay ordenanzas sueltas y arbitrarias, lo que te hace caer en las manos de un bombero o un policía que te baja línea para que la empresa productora a su criterio encare la realización. El Estado a veces controla y a veces no, y eso aplica ya sea para los espectáculos artísticos como también para los deportivos”. Esta definición sale de la boca de Pablo Baldini, un promotor marplatense que supo trabajar con los Redonditos de Ricota contratado por la Negra Poli para shows como los de Huracán, Racing, River y su ciudad (“Más de treinta shows hice con ellos”), y también para La Renga en el Autódromo de Buenos Aires, por citar algunos. Entonces, ¿qué debería decir esa ley? “La ley debería decir ‘del estadio para acá es potestad de la policía, este sector pertenece a los bomberos, y así con todo’. Igual hay cosas que ya existen, como el rol de los bomberos con los planes de evacuación en función a los distintos sectores del lugar y al plano presentado. Desconozco como se manejó el Indio con su gente. Sólo sé que ese plan se presenta y se controla. Hoy se actúa para que no haya negligencias. Y ahí se contemplan las variantes de salud, servicios médicos, baños químicos rescatistas, policía de la provincia y local, defensa civil, la Cruz Roja, productores y coordinadores de campo, entre otros. Nosotros como productores pagamos toda clase de impuestos. Y para que todo sea transparente el Estado debe fiscalizar eso, y no dejar que uno le diga la cantidad de entradas que vendió. En Mendoza ya se fiscaliza así. Entonces, si el Estado toma ese conocimiento y ya sabe para cuanta cantidad de gente está habilitado el lugar, se facilitan las cosas para todos”.

Aún se desconoce la cantidad real de asistentes al show.

Aún se desconoce la cantidad real de asistentes al show.

En esta nota de Federico Fahsbender se da cuenta de algo de lo que se habló mucho: a medida que la carrera del Indio como solista avanzó, las precauciones y el cuidado de la organización hacia los asistentes fue decreciendo, hasta terminar con lo que todos sabemos que ocurrió en Olavarría: un lugar sobrevendido, nulos controles de acceso, falta de señalización en las ingresos, salidas hacia lugares incapaces de soportar a la multitud que fue al show. O sea: lo que en el Estadio Unico de La Plata en 2005 y en shows posteriores fue casi ejemplar culminó en un desastre. Nicolás (quien pidió resguardo de su identidad) trabajó en la seguridad del Indio en los conciertos de Junín (septiembre de 2011, en el autódromo de la ciudad) y Tandil (diciembre de 2011, en el hipódromo), y corrobora esta afirmación. “Yo estaba al lado del ‘mangrullo’ de sonido y las pantallas gigantes eran de verdad gigantes. Eso alivianaba la presión sobre el escenario. Y en cuanto a mi trabajo, nos capacitaron, nos dieron de comer, nos hidrataron, y todo esto dos horas antes de que se diera puerta para el acceso de la gente. Esto que te digo es a favor de como se trabajaba en aquel entonces y en contra de la producción actual. El rigor con el que trabajábamos era casi militar, pero a la vez se trabajaba con la tranquilidad de que si se cumplían los protocolos todo iba a salir bien”.

El recital de Olavarría.

El recital de Olavarría.

“Hay una cosa muy delicada que es que delegaron la posibilidad de cacheo en la seguridad privada. Es algo que yo no firmaría. Si el cacheo no lo hacés vos, vos sos responsable de todo lo que pase dentro del estadio”. Así se refiere Baldini al accionar previo al show, y va de la mano con lo que dice Nicolás en función a las personas que cortaban las entradas: “Eran impasables. Por eso lo que dicen ahora es chamuyo: no hay un mito popular en la Argentina de que al segundo tema se puede entrar sin entrada. En esos shows el que no tenía ticket no entraba y se comía el garrón. Como dice Daniel Grinbank, en eventos así hay que tomar medias que son antipáticas sin que esto implique reprimir”.

Pero entonces, ¿qué pasó para qué esa forma de trabajar se haya degradado? “En mi caso fue una cuestión económica”, afirma Nicolás. “A mí me llamaron para Gualeguaychú, pero la oferta económica inicial se redujo a un tercio antes del recital, con la exclusión del refrigerio. Ellos se tragaron la guita de la seguridad. A mí me pagaban en blanco, con factura, teníamos nuestra ART, nuestra pechera que nos identificaba. Y lo que pasa ahora es que quieren tapar la cagada que se mandaron con la seguridad, que terminó como sabemos”.

Tanto Baldini como Nicolás deslindan a los músicos (ya sea los Redondos o los Fundamentalistas del Aire Acondicionado e inclusive al propio Solari) de toda responsabilidad en función a lo relativo a la seguridad, lo que desmiente al Indio en el documental Tsunami cuando señala que él sabe todo lo que ocurre en afuera del escenario. Y ambos también coinciden en que los muertos de Olavarría podrían haber sido muchos más, ya que en líneas generales la gente se comportó bien. En definitiva, el mal menor: un desastre que termina siendo relativizado. Vidas que son menospreciadas, un ámbito que debió haber sido de diversión y terminó siendo fatal. Una lección que, de una vez por todas, debemos aprender como sociedad para que ese “ensayo general para la farsa actual” quede solo como un verso bonito y nunca más ocurra.

Ver comentarios (3)

3 Comments

  1. Gustavo REMENSVENTSTKTY

    16 mar 2017 at 1:33 pm

    Es verdad Carlos, es verdad. El hacinamiento de semejante cantidad de gente del conurbano, malolientes, sudorosos, intoxicados con sustancia y liquidos, miccionando, defecando y regurguitando (para los que no manejan tanto lexico significa vomitando) por doquier, debio haber sido traumatico para esa tranquila localidad gobernada por un intendente joven y promisorio de Cambiemos que fue estafado en su buena fe.

  2. Leo

    15 mar 2017 at 9:47 am

    En este pais no sepuede organizar eventos masivos!! no porq no hay gente seria q pueda hacerlo sino porq a los argentinos nos encanta saltar por sobre las normas entonces lo q parece una pavada termina causando una tragedia!!

  3. carlos

    14 mar 2017 at 11:17 pm

    en una ciudad con 100.000 habitantes metio casi 300.000 personas. no pienso en la hoteleria, en la policia, en los restaurantes, en las ambulancias. , los hospitales, estacionamientos. como se procedia ante una emergencia o un desborde””” no fue una tragedia 1000 veces mayor de pura casualidad

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