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#BORDER en Tucumán: Los Vázquez, el pueblo que crece entre un basural y el paco

#BORDER en Tucumán: Los Vázquez, el pueblo que crece entre un basural y el paco

Las cerca de 300 familias que viven en este asentamiento, a unos 10 kilómetros del centro de San Miguel de Tucumán no tienen agua, ni luz, ni gas. La droga es un flagelo en los más chicos. Un grupo del Ministerio de Desarrollo Social nacional trabaja en el lugar junto a profesionales provinciales para cambiar una realidad cruda. Historias de superación y boxeo. Y también de olvido.

 

La miseria es total, y, al mismo tiempo, es también un reflejo de años de ausencia del Estado en uno de los asentamientos más vulnerables de la Argentina. Las calles de tierra, las casas construidas con chapas y maderas, los chicos descalzos, con las ropas sucias y mal alimentados, junto con el alarmante consumo y venta de drogas, conforman un panorama desolador que puede repetirse en muchos lugares remotos y casi olvidados del país, pero en Los Vázquez, un barrio que se encuentra a unos 20 minutos en auto del centro de la capital tucumana, hay una postal adicional: todo sucede literalmente sobre la basura.

Una imagen panorámica de Los Vázquez.

Una imagen panorámica de Los Vázquez. Donde hoy está la cancha, antes había basura.

Los primeros habitantes comenzaron a instalar sus casillas hace ya diez años. Lo hicieron sobre un basural, para buscar restos de comida y materiales. Hoy, junto con trabajadores provinciales y un equipo del Gobierno nacional comandado por Pedro “Piter” Robledo, algunos buscan modificar esa situación extrema a base de iniciativas ligadas al deporte y a la inclusión social. Ya funciona un comedor que alimenta a más de cien chicos, pero, por el contrario, las deficiencias sanitarias básicas brotan a cada paso. No hay luz ni gas, tampoco cloacas, la basura se acumula de a montones, la droga no desaparece y la escolarización es muy baja.

Lo más duro de todo esto es ver que nuestros hijos y los nenes que están acá no tienen una meta, un proyecto a futuro, pareciera como que no hay posibilidad de salir”, le cuenta a este cronista de #BORDER Víctor Aguirre, mientras, entre las moscas que vuelan por todos lados, mira a la veintena de chicos que corren descalzos detrás de una pelota nueva, desde el costado de una cancha de fútbol armada hace no más de un año sobre un amplio terreno ganado al basural. “Yo empecé a consumir a los 18 años, hoy –tiene 32- hace 3 que dejé y quiero ayudar”, agrega. Él y otras personas que también lograron recuperarse buscan transmitir el ejemplo a los demás, sobre todo a las generaciones más jóvenes. Lo hicieron al abrir el comedor y sueñan con tener un colegio y una sala de salud dentro del barrio.

Pero, lamentablemente, en el norte olvidado, las buenas intenciones chocan con la realidad. “La situación en el barrio parece empeorar cada vez más. El consumo de todo tipo de drogas aumenta, sobre todo del paco. Y si no son drogas, es el alcohol. Durante la noche es común escuchar disparos y peleas producto del exceso”, relata una de las asistentes sociales que trabaja en Los Vázquez. Mientras camina en las polvorientas calles del asentamiento, un chico de unos 7 años pasa junto a su madre y la saluda. Ella devuelve el gesto con una sonrisa, pero su tono expresa pena: He visto a nenes de 10 años drogarse y padres que le sacan el documento al hijo para que puedan consumir, en vez de frenarlos y que no lo hagan”, se lamenta.

Descalzos y sobre piedras, el potrero es uno de los principales puntos de encuentro

Descalzos y sobre piedras, el potrero es uno de los principales puntos de encuentro en el barrio.

La profesional integra el grupo de Jóvenes con Esperanza nos Fortalecemos, que busca prevenir y recuperar a los chicos que cayeron en la droga. “Sin el trabajo que ella hace día a día sería imposible para nosotros poder venir a ayudar”, explica, también durante la caminata, Robledo, subsecretario nacional de la Juventud, que depende del Ministerio de Desarrollo Social, la cartera que conduce Carolina Stanley. Desde allí, entre otros programas, llevan adelante “Acá estamos”, una iniciativa que busca mejorar la situación social en los lugares que presentan mayores emergencias.

¿Cómo funciona el programa? “Nosotros encontramos que, por ejemplo, en Los Vázquez, hay un líder barrial que puede juntar a diez chicos y enseñarle boxeo, vamos y le damos todos los materiales para que lo haga. A cambio le exigimos que dentro de unos meses la cantidad de participantes se duplique. En caso que no lo logre, y si vemos que el motivo no es la droga o la inseguridad del lugar, un trabajador del Estado lo acompañará”, explica Robledo, que, en total, trabaja con más de 600 personas.

El Estado busca acompañar el trabajo de los asistentes sociales territoriales.

La foto de Robledo. El Estado busca acompañar el trabajo de los asistentes sociales territoriales.

Para llegar a los puntos de “mayor emergencia y más vulnerables”, poseen coordinadores en cada región del país, encargados de señalar los lugares donde trabajar. La primera meta, tal como aseguran, es “formar una red de referentes barriales en 76 municipios a nivel nacional y otros 32 en Buenos Aires –ya marcados- para mediados del año que viene”. Además de la ayuda material, como fueron las pelotas de fútbol, los juegos de plaza y las herramientas de boxeo durante la jornada en Tucumán, persiguen la idea de “fortalecer lo comunitario y lo social”, preparando terrenos o canchas de fútbol, entre otras cosas.

Así y todo, hay momentos en que la coordinación entre el Gobierno nacional y las provincias no es buena. En Los Vázquez, por ejemplo, les es difícil llevar adelante el proyecto de crear una cancha de fútbol sintético. Existen algunas diferencias, no precisadas, con el gobierno tucumano presidido por Juan Manzur, peronista y ex ministro de Salud de Cristina Fernández de Kirchner. Nadie lo aclara, pero subyace la disputa de la mezquindades de la política, el tironeo por una foto en un año electoral que se prioriza sobre la necesidad, y que nadie parece dispuesto a ceder.

Si bien según el último relevamiento publicado por el INDEC Tucumán no está entre las provincias más por pobres del país, un 27,7% de las personas vive bajo la línea de pobreza, lo que equivale a 243.000 habitantes. Al mismo tiempo, más de 35.000 tucumanos son indigentes y no llegan a cubrir las necesidades básicas para vivir. Esta situación se expresa fehacientemente en Los Vázquez, donde sólo se vive al margen, en la más amplio sentido de la frase.20170502_133605

En una zona donde mencionar el dengue o la fiebre chikungunya genera escozor, una laguna de agua estancada aparece. Inmensa, en el medio del barrio. Un criadero de mosquitos y cualquier tipo de insecto. Una superficie ya verde a pocos metros de donde viven, comen y duermen familias con chicos. “Muchas veces vinieron con máquinas, tomaron fotos y dijeron que iban a sacar el agua, pero a los dos días no volvían más”, cuenta desilusionado Nicolás, que desde hace tiempo busca trabajo pero no lo encuentra. “Somos señalados por vivir acá”, resalta.

La situación en los barrios de alrededor es igual, o si es posible, peor. La misma asistente social de Jóvenes con Esperanza nos Fortalecemos explica que al pueblo que está en frente, Alejandro Heredia, tan sólo cruzando la autopista, directamente no pueden acceder por las amenazas constantes que reciben. “Venden droga cada cinco casas y en cualquier momento del día pueden robarte”, relata resignada.

-“¿Nadie hace nada?”, le consulta este cronista.

-“Todos los saben, desde los vecinos hasta lo más alto de la provincia, pero no, no se hace nada”, responde, casi entregada.

El deporte como salida y esperanza de futuro

El "Chelo" y Ramiro, los dos nuevos profesores de boxeo.

Ramiro y “Chelo”, los dos nuevos profesores de boxeo.

En medio de este clima adverso y contexto social tan hostil, algunas historias dan una luz de esperanza para las generaciones de jóvenes que allí viven y parecen perdidas entre la miseria y el riesgo en el que están envueltos. La tarde pasaba, el sol empezaba a caer, y un grupo de chicos, los que más exultantes estuvieron durante toda la jornada de trabajo, se agruparon en círculo en torno a dos hombres, dos boxeadores del barrio que hacían una demostración en medio de la cancha de fútbol. “El boxeo me salvó la vida, cuando mis amigos me decían de consumir o salir, yo les decía que ‘no’ porque al otro día tenía que correr”, contó Ramiro Campos que, junto con Marcelo “el Chelo” Aguirre, cumplirán el sueño de armar un gimnasio en Los Vázquez con las bolsas y guantes de boxeo que el Gobierno les entregó, en el marco del programa “Acá Estamos”.

Luego de unos minutos de charla, con un tono contemplativo y de reflexión Ramiro se soltó: A los 5 años mis papás se separaron, me dejaron y yo tuve que irme a vivir con mi abuela. Ella por entonces tenía 80. Era difícil que pudiese seguirme de cerca. Si no hubiese sentido el objetivo de ser boxeador no sé cómo habría terminado. El “Chelo” lo miraba y asentía. “Yo conocí a mi hermano del alma”, dice y señala a Ramiro.

Juntos lograron entrenar y hasta romper la barrera del barrio para viajar a competir en otras ciudades. “Este deporte nos educó, y en este contexto tan duro, queremos usarlo para ayudar a los chicos a progresar y a hacerles entender qué es lo que está bien y qué es lo que está mal, explican casi al unísono los dos, ilusionados con este nuevo emprendimiento. Saben que no es sencillo. Necesitarán la colaboración de los padres. En muchas familias la droga ha roto el vínculo, o bien, temen a que sólo les enseñan a sus hijos a pegar. “El boxeo no es violencia, es un ámbito de educación y contención”, explica el “Chelo”, que tendrá la tarea de hacer que más chicos se sumen a la actividad y, así, poder mantener la ayuda estatal.

 

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Gonzalo Bañez Villar @gonzabanez

Periodista las 24 horas del día. Productor en TN. Escribí de política en Clarín y en la revista Noticias. También fui productor en Radio Nacional y en TyC Sports. Antes de todo eso, con los primeros pasos, hubo horas de micrófono en Radio Palermo y tinta derramada en diarios barriales. Futbolero, pero, sobre todo, tripero. Ah! Soy un incipiente fotógrafo.

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