Cultura Pop

Salir a cenar con los chicos: ¿un tabú culinario?

Salir a cenar con los chicos: ¿un tabú culinario?

Mientras el Euromonitor International proyecta una tendencia de crecimiento a nivel mundial de hogares unipersonales alcanzado 334 millones en el 2020, y mientras Buenos Aires se postula como capital gastronómica de Latinoamérica con un creciente boom gastronómico, la polémica de cuán preparada está para salir a cenar con chicos se instala. Mientras de a poco aparecen los primeros lugares que no permiten ingresar con niños en reflejo de los que sucede en otros lugares del mundo, cabe preguntarse por un sector en auge que parece pensar a los niños como comensales de segunda clase. La clave, explican reconocidos chefs y especialistas, entrenar el paladar de los chicos desde pequeños.

 

De haber mandamientos a la hora de la cena de seguro el de “salir a comer afuera con chicos pequeños” sería uno de los infranqueables por una proporción nada despreciable de la población. Lo cierto es que tengas o no hijos (acá el 60% de las personas solteras son mujeres y crecen hogares unipersonales), y más allá de algunas proyecciones (entre 1980 y 2011 el número de los hogares unipersonales a nivel mundial se duplicó de 118 a 227 millones según Euromonitor International), comer con chicos es sin dudas una tarea compleja. Todo padre tiene al menos una historia desastrosa de alguna salida con sus hijos que devino en gritos, llantos, enchastre y caras de sopor alrededor. Y si bien cada vez más lugares ofrecen espacios para entretener a los pequeños o menús pensados especialmente para ellos, en una ciudad foodie, single y cada vez más coptada por el boom gastronómico como Buenos Aires, salir a cenar en familia puede ser un suplicio -propio y ajeno.

cenarMientras que en otros países hay lugares exclusivos por la positiva o la negativa, es decir sitios para ir a comer con niños (además de aerolíneas, clubes y ciclos especiales), u otros lugares donde simplemente no están permitido los menores, aquí todavía el tema está poco explorado y es centro de polémica constante.

La escena que el chef Antonio Soriano, quien luego de años dirigiendo su propio Bistró Astor (San Telmo) se puso al frente de la cocina del prestigioso Park Hyatt Buenos Aires, es una que muestra que no todos los entornos son favorables para llevar niños, en particular en la alta cocina o cocina de autor. “Estaba por primera vez en Mirazur (el restorán del argentino Mauro Colagreco en Francia) y mi hija de un año no se quedaba quieta porque había aprendido a caminar, y estaba comiendo esta comida reconocida por la Guía Michelin y la veía a mi hija chupando un espejo pulido, divino, hermoso… y me quería matar. Entendés que son chicos pero también fue un tremendo papelón”, comenta Soriano entre risas.

Derecho de admisión versus  falta de inclusión

Las aerolíneas, pioneras en restringir la presencia de niños.

Las aerolíneas, pioneras en restringir la presencia de niños.

Resulta difícil establecer algún parámetro certero en cuanto a la etiqueta requerida para poder ir a comer con chicos a ciertos lugares, en todo caso, es el sentido común lo que indica -o debería- a dónde conviene ir y a dónde no. Por su parte, amparados en el derecho de admisión que se reserva la casa un lugar puede decidir si es kid friendly o no, algo que puede irritar a muchos padres que sienten que están siendo discriminados, pero en que en otras culturas como la europea o la estadounidense con otro tipo mentalidad más orientada al cliente (customer-oriented) no sólo no es nada del otro mundo sino que está naturalizado. Un claro ejemplo de esto fueron las aerolíneas, quizás las primeras en empezar a designar servicios especiales para las personas que quieren viajar sin niños, o inclusive en establecer child-free zones, zonas libres de niños para minimizar los ruidos donde no pueden acceder menores de 12 años. Para todos los que han sufrido llantos sin solución de continuidad en un vuelo, esto es una excelente idea y están dispuestos a pagar un monto adicional.

En los EE.UU. algunos restaurantes han empezar a implementar políticas de “sin chicos” o carteles como “No gritar” o “Sea respetuoso”, entre otras variantes menos explícitas. Eso no significa que todos estén de acuerdo, pero parecería que estas cuestiones son vistas como un derecho pleno de los comerciantes en otros sitios. Mientras tanto acá, la cosa es más blanco o negro que degradé de grises, con muy pocos lugares verdaderamente kid friendly, y lo más importante aún un sector en gran auge que parece pensar a los niños como comensales de segunda clase.

No hay que rebajar o pensar que un chico es un especie de comensal B, sino que está bueno plantearle desde el lado lúdico el tema, jugar y abrirse un poco más. Nosotros en el palacio Duhau somos kid friendly, pet friendly, y siempre tenemos chicos todo el tiempo, a los que de alguna manera los mimamos y les damos gustos porque creemos que es una oportunidad de empezar a hacerlos sentir cosas diferentes a través de la comida, y bueno, tenemos esa especie de responsabilidad de educar a estos niños entre todos”, ejemplifica Soriano respecto de la posibilidad de hacer de la comida un momento de disfrute también para los chicos, que sólo se logra a través de la educación tanto de padres como la predisposición de la industria.

Salir a cenar con chicos.

Salir a cenar con chicos.

En este sentido cabe preguntarse cuánto esfuerzo se pone desde el sector y desde el planteo de los chefs para incluir a los más pequeños, y si no hay una simplificación falaz, primeramente desde el lado del restauranteur, convirtiendo todo en grandes patios de recreo y rebajando la experiencia culinaria para todos. Ni hablar de los padres con chicos que tienen capacidades especiales o alguna necesidad específica, lo cual triplica el problema.

Para Marina Ponzi, creadora de Food Week BA, directora de la agencia Nopal y una experimentada en el rubro, tiene sentido que los restaurants de alta gama o más formales no acepten niños ya que la experiencia en esos lugares en general dura varias horas y no hay forma de que los chicos puedan soportar ese tiempo o aprecien los platos. Eso no quita la responsabilidad para con otros segmentos. “Los restaurants deberían tener algunas opciones pensadas para los chicos (lo ponga o no en la carta), y diseñar maneras de entretenerlos mientras comen, desde darles cosas para interactuar como dibujar, hasta pensar formas divertidas de presentar los platos, para que los chicos coman rico y además se diviertan”.

Etiqueta para los pequeños

La pregunta del millón que recae sobre los padres es cómo enseñarle a los hijos a comportarse cuando se cena a fuera, sea una fonda, un lugar de comida rápida o un restaurante. Justificar todo por el lado de que los chicos pequeños no saben cómo actuar aparte de ser un lugar común, libera de responsabilidad a los padres, que son el otro lado de la ecuación. Muchas veces la subestimación de los niños viene de parte de los propios padres, pensando en la solución más estándar y accesible -pero no siempre más barata-, como llevarlos a cadenas de comida rápida.

Creo que todo parte de cómo actuamos como padres. El tema del pelotero es un ‘voy a comer y me saco a los chicos de encima y resigno mi experiencia gastronómica para que el pibe me deje comer tranquilo‘. Y lo entiendo porque a los chicos a veces los querés matar. Y la otra campana es quizás que uno tiene tres hijos todo el día saltando y sale a comer a afuera y no quiere escuchar ni un sólo pibe, y también es comprensible. Hay que estar de los dos lados”.

Sin chicos. Una moda instalada por chefs.

Sin chicos. Una moda instalada por chefs.

Como consejos rápidos para padres primerizos en el arte de salir a comer con sus críos, sabiendo que no todos los restaurantes son apto niños, siempre conviene chequear esto, llamar y pedir reserva especificando las edades de los menores o bien recurrir a guías puntuales. Con la cantidad de blogs y sitios la información siempre está a mano, sólo hay que buscarla. Algunas opciones tienen espacios como peloteros o patios al aire libre y espacio para las mascotas para su entretenimiento, otros adaptan los menús para acomodar el paladar del niño. En segunda instancia, empezar con restaurants en donde los padres estén familiarizados con el estilo de comida y las preparaciones para saber qué se come y si a los chicos puede llegar a gustarle. Improvisar con niños puede ser un poco arriesgado. De a poco y a medida que tanto ellos como los adultos van ganando confianza y experiencia se puede pasar a variantes más jugadas. Como explica Jessica Ritz creadora de un blog dedicado a los restos kid friendly (tastertotsla.com), “A cierta edad a los chicos le gusta todo el juego de roles de salir a cenar, no hay que subestimarlos, ellos realmente disfrutan ser tratados como adultos”.

Los ñinos disfrutan de aprender a comportarse como adultos.

Los ñinos disfrutan de aprender a comportarse como adultos.

No hay que olvidarse que cuando salís a cenar afuera con los chicos, los estás entrenando en varios sentidos, no sólo a disfrutar de la comida y a desarrollar el gusto, también el olfato, la vista, y les estás enseñando cómo estar en el mundo, entrenándolos a interactuar con otros.

A partir de los 3 años cuando ya tenés una interacción diferente y una forma diferente de comunicarte y ellos ya comen de otra manera, puede usarse como experiencia en la que al chico ya lo entusiasmás desde la comida con cosas ricas para probar. Es una gran oportunidad y hay que encontrar lugares para desarrollarlo. Como cocinero hay que estar abierto a entender que un chico no es una persona que come cualquier cosa hasta los 25 años, cuando se ilumina y empieza a comer bien. Eso se forma, se educa, y cada niño es una oportunidad para empezar a meter un bichito que va hacer que la cosas sean cada vez más ricas. En definitiva, todo se reduce a la educación. Yo conozco chefs que no quieren que entren chicos a su restorán porque rompen las bolas y lo entiendo. O con el teléfono y el iPod es igual, porque en definitiva vos no vas a un resto a escuchar iPod”, concluye Soriano.

Algunos lugares apto niños en BA:

-Casa Muamor
-Parrilla el Mosquito
-Almacén FIFI
-Museo Evita
-Piano Nobile y Gioia en el Hyatt Buenos Aires

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Cultura Pop
Laura Marajofsky @lu_watermelon

Analista de cultura y medios, redactora, productora y fotógrafa culinaria. Me gusta contar historias casi tanto como hacer fotos, pero mucho más comer. Escribo para La Nación, Brando, Crisis y La Agenda, entre otros. En mi tiempo libre curo el blog DrinkMe, donde se intersectan coctelería y cultura pop. Vivo en Buenos Aires, pero sueño con Japón.

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