Política y Economía

Luz y trastienda del día que Cristina volvió a su trinchera en el Senado

Luz y trastienda del día que Cristina volvió a su trinchera en el Senado

La ex Presidenta volvió al rol que la hizo trascender en política y fue la misma de siempre. Dejó claro que va a ser una opositora intransigente, justo lo que necesitaban los dos lados de la grieta. Exigencias y desventuras del detrás de escena del regreso de la abogada exitosa. El regalo de un liquid paper.

 

Volvió con el ego intacto y palos para todos y todas.

“Cristina no defrauda” era el pensamiento que dejaban traslucir de un lado y otro de la grieta después del esperado regreso de la ex presidenta Cristina Kirchner a la arena parlamentaria.

Completamente fiel a su estilo, la ex mandataria -ahora senadora por la minoría en la provincia de Buenos Aires- pidió una cuestión de privilegio antes de arrancar la sesión y habló por cerca de 25 minutos.

Básicamente aseguró que la causa donde está acusada de “traición a la Patria” por el juez Claudio Bonadio es “absolutamente ridícula” y que el fallo con el que pidió su desafuero del Senado es “insólito”. Incluso pidió tratarlo, sin éxito. Quedará para marzo, como anticipó #BORDER.

Dijo que “se quiere atacar la representación política en este país” y habló de la utilización del Poder Judicial para perseguir, estigmatizar y desprestigiar a dirigentes.

Además comparó el Pacto con Irán (que el juez sospecha que buscaba levantar las alertas rojas de Interpol contra ciudadanos iraníes acusados del atentado a la AMIA) con un Memorándum de Entendimiento (básicamente un acuerdo comercial) que el Gobierno de Mauricio Macri firmó con Qatar, pero que finalmente no se puso en vigencia justamente para evitar comparaciones y suspicacias.

También criticó al Gobierno por la reforma jubilatoria y dijo que hubo un “mecanismo mafioso” para obligar a los gobernadores a disciplinar a los diputados y que voten junto con Cambiemos.

Finalmente dijo que el oficialismo buscaba una oposición a medida o “de diseño”.

“Es posible que a usted, al Presidente (por Macri) y al oficialismo no le guste el tipo de oposición que hacemos. A mí no me gusta nada el Gobierno que ustedes hacen, le dedicó a la vicepresidenta Gabriela Michetti, principal destinataria de su monólogo, que solo atinó a decirle dos veces que era imposible darle más minutos para plantear una cuestión de privilegio, breves por definición. No hubo caso. Cristina habló casi media hora.

“Hizo una hermosa defensa de su situación judicial, que por suerte se mediatizó” celebraba una fuente del Gobierno ante #BORDER apenas terminado su discurso.

Fuentes de Cambiemos en el Senado también la acusaron de “no respetar las instituciones, como es su costumbre”, no sólo porque consideran que abusó del recurso de la cuestión de privilegio, sino porque faltó a las reuniones donde se explicó el Presupuesto e ignoró el consenso que los propios gobernadores de su partido lograron con el Gobierno.

Paradójicamente, en el entorno kirchnerista también festejaban. Sobre todo el cruce con Michetti y las frases finales donde dejó claro que va a seguir siendo una oposición confrontativa. “Un guiño a sus votantes”, reconocían.

También remarcaban la enorme repercusión de su discurso. Los canales de noticias la transmitieron en vivo (cosa que ya no hacen con las apariciones de Macri, cada vez menos televisadas) y todos los portales reflejaban su intervención.

Pero Cristina tampoco defraudó en su estilo y sus costumbres. Apareció muy poco por su despacho del Senado, llegó justo para el inicio de la sesión y faltó a las reuniones de comisión para “no avalar el tratamiento exprés de las reformas”, según explicó el senador Marcelo Fuentes, flamante jefe del bloque kirchnerista del Senado, que ahora cuenta con módicos 7 integrantes más Cristina. A la mañana, alguien intentó regalarle un liquid paper, por la frase de su ex contador preso, Víctor Manzanares.

 Además, la ex Presidenta se quedó con el despacho más grande del Palacio, de 225 metros cuadrados, a pesar de que por tradición le correspondía al senador de Santa Cruz que obtuvo más votos, y que estaba vez fue el radical Eduardo Costa (obligado a desembarcar en el Anexo). Pero los desplantes no sólo pasan por las exigencias y las acusaciones. Esta semana, a la misma hora que los ministros exponían el presupuesto ante los senadores en la comisión que preside Esteban Bullrich (el que la derrotó en las elecciones de octubre), Cristina aparecía en el Instituto Patria dando directivas a su bloque. En rigor, fuentes del Congreso contaron a #BORDER que el disgusto de la ex mandataria cuando va al Palacio es notorio. Ya no maneja la Presidencia de la casa, ahora en manos de la chica PRO Gabriela Michetti, con la que se ensañó particularmente en su reaparición pública.

Tampoco maneja a Miguel Pichetto, otrora presidente del poderoso bloque FPV-PJ (ahora fracturado) y hoy convertido en uno de sus principales detractores dentro del peronismo. Nadie olvida que sus últimos años como senadora fueron como esposa del presidente Néstor Kirchner (antes de que ella asumiera la presidencia) y seguramente Cambiemos no va a rendirle la pleitesía a la que ella está acostumbrada (aunque no deja de sorprender que sigan esforzándose por conformarla). Por todo esto, en el Senado esperan verla poco por sus amplias oficinas, y en cambio apuestan más a las reuniones en el Instituto Patria y a las bajadas al conurbano, su reservorio electoral.  ¿Para qué más? Si todos saben que aunque aparezca poco, cuando Cristina llega, nunca defrauda. Ni a unos ni a otros. “Es de sociópatas”, gritaba en su intervención en el debate extraordinario por el Presupuesto y la Reforma Tributaria. Casualidades. CFK terminó teniendo la palabra -aún con los ruegos de Michetti para que redondeara-, otra vez, en el primetime, a las 20, justo para los noticieros.    

Pichetto le salió al cruce. Y así será, en estos años.

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