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Tuqui despide el 2017 con su Desmemoria y Desbalance

Tuqui despide el 2017 con su Desmemoria y Desbalance
Tuqui @TuquiSoy

Nuestro intrépido columnista de actualidad con humor es medio contrera. Y como digno especimen de su especie, nos resume el año que se va como se le antoja. Otro año difícil se va y él se lo toma sin soda, desde la Heladería del Fracaso.

 

Termina un año difícil. Podría agregarse, como es habitual en las redes sociales, no importa cuándo leas esto. Porque desde hace mucho, mucho tiempo, cada año nos viene saliendo peor que el anterior, y muestra con más claridad que somos un país que fracasó, un pueblo de ilusos intolerantes, vanidosos y dueños de la verdad que sólo parece existir para mantener vivas algunas ficciones: la Justicia, la Democracia, la República, la Salud, la Seguridad, la Soberanía y las vírgenes de yeso que recaudan para el Vaticano.

Estamos en la Heladería del Fracaso y cada quién puede lamer el cucurucho que más le guste.

 

Desmemoria

Nos ha ganado la desmemoria. Otra vez los caprichosos de vanguardia intentan obtener el apoyo popular irritando a quienes debieran favorecerlos hasta el punto de ruptura. Quieren abrir el camino hacia un futuro venturoso tirando piedras, mientras los conservadores piden más balas de goma y compasión por los genocidas. Se confunde liberar el país con romperlo.

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Hemos olvidado cuántos muertos dejó la violencia, cuántos desaparecidos hubo. Claro que, si se toca el tema, volverán los Fueron 8.000 de la salita verde oliva a pelearse con los Fueron 30.000 de la salita roja, aunque nadie sepa a ciencia cierta cuántos fueron, y ni siquiera quiénes o por qué desaparecieron. Pienso que 30.000 es una cantidad simbólica, que las víctimas del genocidio fueron más. Pero ésta es una opinión personal que desmerecería si me pusiera a putear a los que defienden otro número.

Ya no respondo a los insultos con insultos, aunque a veces la tentación es grande. No lo hago desde que tomé conciencia de la sociedad en la que vivo, donde se adora a ladrones perfumados, se reniega del trabajo y de la educación. Los que una vez fueron ciudadanos del mismo país pasaron por la perversa cariocinesis K que los dividió en ellos y nosotros, y luego los subdividió en los verdaderos y los falsos nosotros, los ellos más ellos y los ellos pero no tanto.

Ya no hay cosas buenas y malas. Hay circunstancias, hay coyunturas, hay contextos. Hay chamuyo, hablando en criollo. Lo que estaba bien cuando lo decía alguien pasa a estar mal si lo dice algún otro. Los mismos jueces que sobreseían en tiempo récord a los corruptos hoy juegan a ponerlos presos sin siquiera indagarlos. Como todo judicial sabe, la Justicia Federal no tiene que ver con lo que es justo, sino con lo políticamente conveniente.

Las decisiones de gobierno provienen de la consulta y el diálogo… entre los mismos de siempre. Cuatro de cada cinco coterráneos se resistían a que los jubilados financiaran el déficit y, sin embargo, ahí está ese parche momentáneo llamado pomposamente Reforma Previsional. Cuatro de cada cinco están de acuerdo con la ley de extinción de dominio, conocida vulgarmente como devuelvan lo choreado, y ahí están los senadores peronistas, negándose a tratar el proyecto porque bla bla bla absolutamente ñeñeñe claramente biribiri.

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No es nuevo, pero alguien podría no saberlo o no recordarlo: la figura de Perón emergió a fines de 1945, más o menos al mismo tiempo que dos bombas atómicas caían sobre Japón, un país insular cuya superficie total no llega a 400.000 kilómetros cuadrados.

19 años después, en 1964, los japoneses estrenaban su tren bala, mientras aquí los muchachos de Onganía se preparaban para afeitarles la cabeza a los pibes con pelo largo y pintarles las piernas de negro a las chicas que usaban minifalda: era imperioso que el gobierno no peronista fuese retirado de la circulación.

La provincia de Buenos Aires (en especial el conurbano), gobernada por el peronismo durante aproximadamente 3 décadas, concentra la pobreza de casi la mitad del país, no tiene hospitales aptos ni una policía confiable, es una sucursal de Narcolandia y la más grande proveedora de micros, alimentados a gasoil y limosna, cada vez que los jerarcas necesitan sumar gente para oponerse a cualquier cosa que no les reditúe. En cualquier libro de historia puede verificarse qué vino después de cada gobierno autodenominado peronista: golpes militares y/o desastres económicos.

No sabemos qué pasará cuando un gobierno de otro signo termine, pero no me pidan optimismo: esto es Argentina, séptimo país del mundo hace menos de un siglo, y no quieran saber dónde estamos ahora.

 

Desbalance

El (des)balance no es más alentador: no hay emisión pero hay deuda creciente, no hay inversiones pero hay timba, hay presos pero no hay condenados, no hay precios de referencia ni solidaridad ni buena voluntad. La mitad de lo que gana un trabajador se lo llevan los impuestos, mientras legisladores, jueces y hasta mentirosos de sotana cobran una pequeña fortuna, si comparamos con la jubilación mínima.

Así es: el 2017 podría haberse suicidado en febrero o marzo, para ir ganando tiempo. Pero, como todo el mundo debería saber, no existen los milagros.

Ahora estrenaremos una nueva órbita en torno al Sol, y sería deseable empezar tratando de hacer realidad las ficciones mencionadas al principio, y esforzándose por volver a ser el país que discutía si la educación debe ser laica o libre, o cuál era el mejor camino hacia el desarrollo, y no tenía a toda clase de correveidiles, idiotizadores y mercachifles de la brujería invadiendo los medios de comunicación.

Ahora, por un momento, pongamos en pausa la máquina de abarajar problemas y levantemos una copa -aunque sea de agua, los que tengan- para brindar por un futuro mejor (sin trampas: no vale irse a otro país; los pocos bendecidos con la posibilidad económica de emigrar ya podrán hacerlo si el fracaso disfrazado de pequeño logro persiste).

Sonría, abrace a sus seres queridos y váyase a dormir con esperanza.

Mañana será otro año.

Tuqui

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Tuqui @TuquiSoy
@TuquiSoy

Casi actor, casi músico, casi periodista, casi escritor, casi humorista, casi anarquista, casi ateo. Hago de todo, pero nada bien. La evidencia cambia mi opinión.

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