Las mujeres que no pueden gestar un bebé en su útero por problemas médicos y hasta las transexuales podrían cumplir su deseo de embarazarse y procrear gracias a este avance en el campo de la fertilidad. Las donantes son vivas y pueden ser menopáusicas. En Suecia ya se hizo. En Argentina, es experimental y sería carísimo.

 

En los últimos años, la ciencia avanzó a pasos agigantados. Las innovaciones y los desarrollos tecnológicos ayudaron a que los profesionales de la salud pudieran llevar a cabo esos procedimientos que parecían imposibles, inimaginables. Si bien se beneficiaron distintas ramas de la ciencia, los mayores logros se dieron en el campo de la fertilidad. Hoy, se está incursionando en una práctica que, para algunos, parecía de ciencia ficción: el trasplante de útero.

Trasplantar un útero significa implantarle a una persona que no puede procrear el útero sano de una donante. ¿Por qué una mujer necesitaría un procedimiento quirúrgico de esta envergadura? Por más causas de las que normalmente se conocen.

Belinky, cirujano y especialista en transexualidad.

Belinky, cirujano y especialista en transexualidad.

Javier Belinky es cirujano, encargado del Área de Cirugía Reconstructiva Genital y Transgénero del Hospital Durand y organizador del Congreso Mundial de Profesionales de la Salud Transexual. Un cirujano de prestigio internacional, que nos explicó las razones: “Las receptoras serían las mujeres que nacen sin útero y vagina, que sufren el síndrome de Rokitansky. También, las pacientes a las que les tuvieron que sacar el útero por tumores o enfermedades inflamatorias. Además, intentaríamos ayudar a las que tienen un útero pero no les funciona correctamente. En general, estas últimas no suelen tener la capacidad de recibir un embrión”.

El primer trasplante de útero se hizo en Suecia, hace seis años. Se hicieron 23 trasplantes, de los cuales cinco bebés nacieron vivos, aunque en otros casos no se desarrollaron correctamente. Hubo casos en el que se hizo el trasplante pero nunca se implantó el embrión. Si bien en Europa este procedimiento está perfeccionándose cada vez más y promete revolucionar el campo de la fertilidad, en Argentina –todavía- se encuentra en una etapa experimental.

En Argentina aún es experimental. En Suecia ya se realizaron trasplantes y por ellos, nacieron 5 niños.

En Argentina aún es experimental. En Suecia ya se realizaron 23 trasplantes y por ellos, nacieron 5 niños.

“Nosotros estamos muy interesados en esta práctica. Por ahora, es un proceso muy caro. En algunos años, cuando sepamos bien qué protocolo usar, cuánto tarda la cirugía y logremos acortar los tiempos de quirófano para abaratar los costos, va a ser mucho más accesible. Estoy seguro de que lo podremos desarrollar sin problemas. Al igual que todas las técnicas innovadoras, primero se desarrollan en los lugares del primer mundo y, años después, nosotros agarramos el producto terminado”, explica Belinky y agrega: “Aquí todavía no lo experimentamos en humanos. Siempre se empieza a probar en ratones, conejos, ovejas y, en última instancia, personas”.

Es que además de ser caro para el país, el procedimiento implica otra cuestiones a tener en cuenta. “Más allá de los costos, es un procedimiento muy complejo. Además de tener la complejidad típica de un trasplante de órgano, en él tenemos que lograr que se desarrolle un bebé. Antes de trasplantarle el útero a la persona, hay que bajarle las defensas para que su cuerpo no lo rechace. Se realiza un tratamiento inmunosupresor. Esas defensas bajas, en un embarazo, pueden traer complicaciones. Hay que ser muy cuidadosos y encontrar un equilibrio”, detalla el cirujano especializado y también renombrado urólogo.

Jurídicamente, no habría ningún problema en llevar a cabo un trasplante de útero en la Argentina. Entraría dentro de la Ley de Trasplante de Órganos y Tejidos (Ley 26.066). La única diferencia técnica con los trasplantes más convencionales es que no se pueden trasplantar úteros de personas fallecida. “No podemos usar úteros provenientes de cadáveres, como sí pasa con el trasplante de riñón. Los trasplantes cadavéricos que se hicieron en mujeres vivas salieron mal. Solo se van a aceptar úteros de donantes vivos”, sostiene el especialista.

Pero hay más: una mujer que ya haya entrado en la menopausia también puede donar su útero. Lo explica Belinky: “Una mujer de 50 años le puede donar su útero a una mujer que no puede procrear. Esa mujer de 50, tal vez, no pueda tener más hijos por el tema ovárico, pero la cuna donde va a alojar el bebé -el útero- está activa. Si le das hormonas podés lograr que reproduzca”.

En primera instancia, se pensó en este procedimiento para ayudar a las mujeres que tuviesen alguna complicación con su útero a gestar un bebé. Hoy, la realidad es distinta. Mejor dicho, mucho más amplia e igualitaria.

El trasplante sería la vía para que también mujeres trans puedan gestar.

El trasplante sería la vía para que también mujeres trans puedan gestar.

Belinky está especializado en el trabjo con la población transexual y aspira a que pueda procrear, lo que sería un avance científico muy significativo: lograr que un cuerpo que fue biológicamente masculino pueda cumplir con la función biológica de gestar.

“Uno de los deseos más grandes de mis pacientes transexuales es poder vivir un embarazo. No sé si lo vamos a poder aplicar a futuro en ellas, pero sería fantástico”, explicó Belinky y reflexionó: “Todo lo que sea desarrollo, evolución y bienestar para poblaciones que vienen castigadas desde el punto de vista social sería buenísimo. Ojalá a futuro lo podamos aplicar”. Con un trasplante de útero podría lograrse, ya que -según el especialista- otras funciones hormonales podrían ser acompañadas con suplementos y medicinas, del mismo modo que en el caso de una mujer biológica que no cuente con función ovárica.

No sin seguros debates bioéticos, la población mundial se va a tener que ir preparando para afrontar y disfrutar de los cambios. En Argentina, leyes como la de Identidad de Género tendrían saldadas esas discusiones. La ciencia está avanzando a pasos agigantados, es responsabilidad de todos que la sociedad acompañe este desarrollo científico que, sin dudas, marcará un antes y un después.