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“El vecino alemán”: La vida de Adolf Eichmann en la Argentina

“El vecino alemán”: La vida de Adolf Eichmann en la Argentina

El filme, dirigido por Rosario Cervio y Martín Liji, da cuenta de la estadía del criminal nazi en nuestro país a través de los ojos de una traductora contratada para traducir al castellano el juicio que lo llevó a la horca.

 

El 11 de mayo de 1960 el alemán Ricardo Klement volvía a su casa de la calle Garibaldi 6061 en la localidad bonaerense de San Fernando, provincia de Buenos Aires, tras haber cumplido su jornada laboral como gerente de la compañía automotriz Mercedes Benz. Tras bajar del colectivo, Klement fue interceptado por un grupo de hombres que estaban en un auto supuestamente descompuesto. Klement fue llevado a un departamento y allí se corrió el velo de la historia: los hombres del auto eran, en realidad, miembros del Mossad, la agencia de inteligencia exterior del Estado de Israel. Y Klement no era quien decía ser: su verdadero nombre era Adolf Eichmann. Sí, el teniente coronel nazi a cargo de las temibles SS. El más alto responsable de la “solución final” del régimen contra los judíos, y el encargado de planificar los traslados de los condenados a los campos de concentración durante la 2° Guerra Mundial.

Renate Liebeskind es una traductora alemana que vive en la Argentina y que, cincuenta años después de la captura de Eichmann, es contratada para traducir al castellano el juicio contra Eichmann, que se llevó a cabo en Jerusalén. Pero tamaña historia terminó atrapándola, y la tentación de reconstruir el derrotero argentino de Eichmann, con paradas en el norte del Gran Buenos Aires y en Tucumán, fue irresistible. Esta es la historia que cuenta El vecino alemán, película de Rosario Cervio y Martín Liji, con Antonella Saldicco en el rol de la traductora.

De esta manera se pueden ver entrevistas tanto a sus vecinos de San Fernando como de Tucumán, intercalados con imágenes de archivo del juicio en Israel (con Eichmann protegido de cualquier represalia posible por parte de los sobrevivientes al Holocausto por un cubículo blindado) y análisis de su comportamiento desde un lugar legal (cortesía del juez Daniel Rafecas y sus dichos sobre la obediencia debida, argumento en el que se basó la defensa del nazi) y filosófico (con las inevitables citas a Hannah Arendt, autora del clásico Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal).

Con una hora y media de duración y una narración no lineal, el filme es didáctico, y tiene el mérito de eludir toda recreación del secuestro, hecho que fue tratado en varios documentales y en Eichmann (2007), dirigida por Robert Young. La economía gestual de Saldicco es un punto a favor, lo mismo que la fotografía plana y discreta, en consonancia con la vida austera que llevó el nazi en nuestro país. Se puede criticar la falta de subtítulos identificatorios de los entrevistados, algo que ayudaría a darle más fluidez a la narración, pero esta ausencia, lo mismo que la de las locaciones, no impide para nada la comprensión de lo que se ve en pantalla.

Larga vida a Alemania. Larga vida a Austria. Larga vida a la Argentina. Estos son los países con los que más me identifico y nunca los voy a olvidar. Tuve que obedecer las reglas de la guerra y las de mi bandera. Estoy listo. Estas fueron las últimas palabras de Eichmann, antes de ser ahorcado el 31 de mayo de 1962 en la prisión de Ramla, tras haber sido hallado culpable de genocidio. Sus restos mortales fueron cremados, y sus cenizas dispersadas en el mar Mediterráneo desde una nave de la Fuerza Naval israelí, para evitar que su tumba se convirtiera en lugar de peregrinación, bajo la atenta mirada de sobrevivientes del Holocausto. Una conducta similar al destino de la casa de la calle Garibaldi en San Fernando: la morada fue demolida y no hay menciones en su frente acerca de sus antiguos habitantes. Formas protocolares más que correctas que, sin embargo, no borran de la memoria colectiva el horror de la mayor tragedia de la historia del Siglo XX. Una matanza que siempre está presente en el recuerdo, y a la que también se le aplica la famosa frase: ¡Nunca más!

El vecino alemán se puede ver todos los domingos de julio a las 20 hs. en el MALBA. Más información en la página web del museo

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