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Cómo es el disco “encontrado” de John Coltrane

Cómo es el disco “encontrado” de John Coltrane

 

Both Directions At Once es una grabación de 1963 del mítico cuarteto liderado por el saxofonista, que se creía perdida para siempre. La historia mística de la sesión y la importancia de su hallazgo.

 

Alguna vez John Coltrane manifestó su deseo de ser recordado como un santo más que como un músico y tamaña aspiración, si se tiene en cuenta que el saxofonista compuso su disco A Love Supreme (1965, uno de los álbumes más importantes de la historia del jazz) como una obra de corte espiritual, dividida en cuatro movimientos y dedicada al Creador, no es un disparate.

Hubo quien tomó ese deseo de Coltrane al pie de la letra, y fundó en 1971 la Iglesia Ortodoxa Africana de San John Coltrane, cuya sede funciona en el número 1246 de la calle Fillmore de San Francisco, en la Costa Oeste de los Estados Unidos, con servicios religiosos semanales todos los domingos. En lo que sí pueden coincidir creyentes, agnósticos y ateos es que la aparición de un disco con material de estudio inédito de Coltrane en pleno 2018 es poco menos que un milagro. O, como dijo su colega Sonny Rollins, “Esto es como encontrar una nueva cámara secreta en la Gran Pirámide de Egipto”.

La historia es demasiado buena para ser verdad pero, como con las Santas Escrituras, la fe hace que sea imposible dudar de su certeza. El 6 de marzo de 1963 Coltrane y su legendario cuarteto (que completaban Elvin Jones en batería, McCoy Tyner en piano y Jimmy Garrison en contrabajo) grabaron una sesión en el estudio de Rudy Van Gelder en Nueva Jersey, como precalentamiento al registro del disco junto al cantante Johnny Hartman, que se realizó al día siguiente y se publicó cuatro meses después. Al finalizar la jornada, Trane se llevó esa grabación a la casa que compartía con Juanita “Naima” Grubbs, su primera esposa y musa de una de sus más grandes baladas. Nadie documentó el destino de esas canciones y todos los implicados, salvo el pianista McCoy Tyner, están muertos, por lo que durante años se dio por perdida esa sesión. Fue Antonia, hija adoptiva de Coltrane y Naima, quien dio de casualidad con esa cinta. Entre ella, Ravi (hijo de la unión entre Coltrane y Alice, también saxofonista y curador de la obra de su padre) y el sello Impulse! (donde el músico editó la mayor parte de su obra) comprobaron la veracidad del descubrimiento, y procedieron a editar Both Directions At Once.

trane_1El título del álbum viene de un diálogo que supo tener Coltrane con su colega Wayne Shorter sobre el arte de la improvisación con el saxo (“Es como comenzar una oración en el medio, y luego ir al principio y al final al mismo tiempo, hacia ambas direcciones a la vez”). La edición, en dos CDs y en las plataformas de streaming, respeta a rajatabla lo que ocurrió ese día en Nueva Jersey: de algunas de las canciones hay varias tomas, y no se modificó en lo más mínimo el sonido de la sesión. Musicalmente, el cuarteto alterna entre el hard bop y el jazz modal con leves toques bluseros, sin caer aún en el costado más free que sería el caballito de batalla de la última época de Coltrane, post A Love Supreme. Aparecen, entre otros, cuatro tomas distintas del clásico “Impressions”, “Vilia”, tonada que sería incluía en la reedición en CD de Live At Birdland, una primitiva versión del standard “Nature Boy” (inferior al tour de force de la antología The New Wave in Jazz, publicada por Impulse! en 1965), un “Slow Blues” que anticipa al “Bessie’s Blues” del disco Crescent y dos temas sin nombre, a los que se les mantuvo el nombre con el que aparecían en la cinta original: “Untitled Original 11383” (con un solo de contrabajo con arco por parte de Garrison, toda una rareza para la época) y el fabuloso “Untitled Original 11386”.

“Este disco nos da material para hablar de mi padre 30 años más”, dijo Ravi Coltrane, y como en toda broma se esconde un dejo de verdad en esta afirmación. Sólo cuatro años después de esta grabación, John Coltrane murió víctima de un cáncer de páncreas que lo atacó de manera fulminante. Su funeral, en Nueva York, tuvo como réquiem musical a Albert Ayler, que interpretó su oda “For John Coltrane”. Se podría decir que su beatificación comenzó en ese preciso momento, y que Both Directions At Once no hace más que confirmar todo lo que se le pide a alguien para ser venerado de manera religiosa: la concreción de un milagro. Como decían las abuelas, a creer o a reventar. Mientras tanto, nos queda lo más importante: la música.

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