No sólo de canguros y rugby vive el país continente. Netflix tiene un catálogo de producciones australianas que, desde Please Like Me, rinden. Te recomendamos en especial, la nueva de chicas, con humor negro. Maternidad, conspiraciones, stand up y diversidad sexual.

 

El basto catálogo de Netflix muchos veces nos deja boyando entre las series más populares y más vistas, por lo general de factoría estadounidense o inglesa, y no nos permite descubrir las joyitas ocultas. En BORDER seleccionamos 5 producciones australianas súper originales.

Ya vimos pasar la moda de las series españolas y la locura por La Casa de Papel, hace algunos meses con el boom de Luis Miguel, los mexicanos pasaron al frente y ahora es momento de mirar hacia Australia. Es que Netflix ya no ofrece solamente series estadounidenses o inglesas, su oferta es cada vez más amplia y eso nos permite conocer producciones originales. Actores que desconocemos, historias originales y otras formas de narración.

En las últimas semanas Netflix sumó a su catálogo Sisters, una producción de origen australiano, pero por suerte no es la única. Hay muy buenos títulos en el universo seriéfilo del país de los canguros.  

Empecemos por la novedad. Sisters es una serie con mucho humor negro y tintes dramáticos con siete episodios y una sola temporada (ideal para maratonear). Se centra en la historia de Julia (Maria Angelico), una treintañera hija única que de la noche a la mañana se entera que tiene cientos de hermanos.

Su padre fue un destacado médico especialista en fertilización asistida que, en su lecho de muerte, confiesa haber alterado cientos de muestras durante sus años activos en la medicina. Así es como Julia se encuentra con que un puñado de las familias a las que su padre ayudó fueron engañadas y está dispuesta a encontrarlos para que conozcan su verdadera identidad y para poder entablar un vínculo con ellos.

Para esto emprende una campaña en redes sociales para que todos aquellos que hayan nacido gracias a los tratamientos de su padre se acerquen a hacer un test de ADN para verificar si son familia o no.

De ese centenar de hermanos sólo dos serán mujeres y la van a acompañar a Julia en este periplo genético. Ellas son Edie (Antonia Prebble), una abogada que fue amiga de Julia durante toda la vida hasta que le robó el novio (su actual marido) y Roxy (Lucy Durack), una animadora de un programa de televisión infantil que va en caída libre con problemas de adicciones y que constantemente graba su rutina para compartirla en sus redes sociales.

Aunque Sisters se presente como una comedia, atraviesa temas que generan algún tipo de análisis y reflexión como la identidad, la definición de familia, la ética médica, cómo se construyen los vínculos y si sólo el hecho de compartir ADN nos obliga a relacionarnos.

Hay quienes afirman que Please like me es la mejor comedia australiana en Netflix, y no se equivocan. Josh Thomas escribió y protagonizó esta serie en la que muestra cómo un veinteañero le cuenta al mundo que es gay, justo después de haber sido dejado por su novia Claire y mientras coquetea abiertamente con Geoffrey, un compañero de trabajo de su roomate Thom.

Please like me, es el mejor ejemplo de dramedy (comedia mezclada con drama).  La historia de Josh está acompañada por la rutina de sus amigos, todos viven en Melbourne, son millenials, tienen citas de Tinder, relaciones complejas con padres aún más complejos, trabajos que no les gustan y sueldos que no les alcanzan. Hasta ahí todo parece bastante superficial y tonto, pero Please like me se sumerge en temas bastante más complejos como la depresión, el suicidio, el consumo de drogas y hasta en un capítulo se trata el tema aborto.

Esta serie de tres temporadas explora la amistad y el amor en tiempos millenials, pero se anima también a entrar en un terreno que puede volverse lacrimógeno como el rechazo, el miedo y el dolor, y logra salir limpia de cursilería.

Y si tenemos que hablar de dramedy, la maternidad es el mejor ejemplo. The Letdown (que en español es algo así como la desilusión) bucea en un universo aterrador y desconocido para los que no lo transitaron y completamente aceptado y asimilado por aquellos que sí les tocó: traer niños al mundo.

Alison Bell es la creadora y protagonista de este proyecto que tiene los puños llenos de verdades y que cuenta lo que nadie quiere decir sobre ser madre en la actualidad. En siete episodios de media hora veremos como Audrey, una mujer profesional de unos treinta años en pareja y reciente madre primeriza intenta, con miles de recursos, sobrevivir a la revoltosa y sonámbula vida puérpera.

Aunque el protagonismo recaiga sobre la rutina de Audrey, The Letdown es más bien una serie coral. La protagonista se da cuenta que necesita ayuda en la crianza de su bebé y acude a un grupo de padres y madres, y así es cómo la serie aborda la maternidad desde diferentes puntos de vista, situaciones y personalidades muy distintos: una periodista; una madre ejecutiva; una ama de casa; una lesbiana monoparental; un padre que dejó su trabajo para cuidar a su bebé; una madre que aparenta que todo está bien aunque en verdad está llena de dudas.

Además del universo de los bebés, The Letdown muestra qué ocurre con los amigos que desaparecen cuando la rutina de los padres primerizos cambia rotundamente, cómo acompañan y se meten en la crianza los abuelos, cómo es la vuelta a la vida laboral y, un tema que no podía faltar: volver a tener sexo.

Alison Bell y The Letdown nos hace pasar de la risa al llanto frenéticamente, nos sube a una calesita de emociones, algo muy parecido a la maternidad.

No todo es dramedy y vínculos personales en la factoría de series australianas, también hay lugar para los thrillers y el suspenso. Secret City es una adaptación de las novelas The Marmalade Files y The Mandarin Code, de los periodistas Chris Uhlmann y Steve Lewis y tiene varias caritas conocidas. La protagonista es Anna Torv, conocida por su papel en la serie de ciencia ficción Fringe y más recientemente en Mindhunter. La dirección de todos los capítulos estuvo a cargo de Emma Freeman (Glitch) y el guion es fruto del trabajo conjunto de seis escritores, en su mayoría mujeres.

Torv interpreta a una periodista política que se ve envuelta en una trama de conspiración y asesinatos que involucra a las más altas esferas del Gobierno australiano. La historia se desarrolla en el marco de una tensa relación entre China y Estados Unidos, en la que Australia es una pieza clave en el enfrentamiento de los dos países.  

La miniserie de seis capítulos de cincuenta minutos, tiene ritmo, intriga y propone giros constantes en la trama. En el primer episodio puede marear un poco la historia porque presenta muchos personajes pero con el correr de la historia se establece claramente quién es quién y el panorama es mucho más claro.

La agente secreta Kim Gordon (Damon Herriman), una mujer trans que antes de cambiar su género era un hombre casado con la protagonista, Harriet Dunkley, es uno de los personajes destacados en la serie por su interpretación y por su peso en la historia.

Vale aclarar, sin spoilear, que el final de la primera temporada deja abierta la puerta a una segunda que ya comenzó al filmarse y llegará pronto a la biblioteca de Netflix.

Y aunque no sea ficción, es inevitable en este tiempo hablar de Australia y no hacer mención a la comediante Hannah Gadsby.

Hace algunos meses Netflix sumó a su catálogo el show de stand up que Gadsby grabó el año pasado en la Ópera de Sidney. Un monólogo que conmueve de principio a fin y con anécdotas absolutamente desgarradoras que la comediante se anima a compartir.

Hannah Gadsby nació en Tasmania a finales de los setenta, un lugar donde no era fácil crecer si eras “lesbiana, gorda y fea”, tal como ella se presenta en el show, porque la homosexualidad fue considerada un delito hasta 1997 (pasaron solamente 21 años).

Gadsby lleva doce años dedicándose a la comedia utilizando sus defectos para hacer reír a los demás pero en este monólogo decidió poner un freno y decir basta. En Nanette, esta mujer repasa la historia de su vida y provoca risa, llanto, bronca e impotencia en un lapso de setenta minutos. Las palabras de Gadsby no sólo conmueven porque generan empatía sino porque cuenta situaciones que a todas las mujeres alguna vez nos tocó vivir, como sentir miedo en la calle sólo por el hecho de ser mujer.

Este show está enmarcado en pleno auge del movimiento #MeToo, y Hannah Gadsby reinvidica la necesidad de abandonar la comedia porque, según argumenta: “La risa es tan solo la miel que endulza la medicina amarga. La cura está en las historias”. La comediante plantea salir del lugar de víctima y alzar la voz contra hombres abusivos (De Harvey Weinstein a Donald Trump, pasando por Pablo Picasso, Woody Allen y Roman Polanski) que durante años fueron apañados por la industria.

Ahora no hay excusas, cuando alguien les diga: “Ya no tengo nada para ver en Netflix”, la palabra clave es Australia.