Por Fabián Pico

No conozco a Eduardo Galeano. Si lo conozco, leí todos sus libros, gracias a Dios. Digo, nunca lo vi en vivo y en directo y en algún punto mejor porque son de las tres o cuatro personas que me generan tanta admiración que no sabría bien que hacer o decir si me los cruzo.

Hace poco leí una entrevista en donde hablaba de la muerte. Tiene una hipótesis muy interesante que la forjo a base de muchas muertes, todas propias.

Hace dos años zafó de un cáncer que en verdad era una ampliación o ramificación de otro que casi lo mata hace seis años. A los 19 intento suicidarse tomando pastillas, termino en coma en el Hospital Maciel salvándose de milagro. Lo hizo en medio de un ataque de rabia e impotencia porque sentía que la escritura le era esquiva. Increíble de imaginar pero cierto. Después de eso contrajo paludismo en Venezuela. Días y días con diabólica fiebre que lo dejaron otra vez, al borde de la muerte. Galeano dice que el problema esta en creer que la muerte es el final de un camino, el cierre de la vida y eso es un error. Ahora bien, fíjate que curioso que en vez de tirar la pelota afuera y dejártela picando con el asunto de la vida después de la muerte, suerte de engaña pichanga de algo inevitable y terrible, el tipo dice que en realidad uno en la vida muere muchas veces. Y que renaces otras tantas y que en verdad ese es el arte de vivir. Me puse a pensar la cantidad de veces que morí y acto seguido me levante y no me quedo otra que darle la razón. Que esta bueno esto de familiarizarse con la muerte de uno porque cuando pase en serio ya estaremos asimilados a eso de perder, de dejarlo todo, de aceptar la soledad para empezar otra vez.

Galeano cuenta que una vez, su hijita Florencia, por entonces de 5 o 6 años, volvió llorando del colegio, con una angustia tremenda. El la abrazo y trato de consolarla en vano. Su corazón estaba roto. Al cabo de unos minutos cuando se había desahogado Flor le conto a su papa que su tristeza tenia que ver con que una amiga le había dicho que no la quería mas. Eduardo se fue llorando del cuarto de su pequeña hija, miro al cielo y le rogo a Dios que le diera a el todo el dolor que tenia reservado para su hija. Esa tarde Galeano murió un poquito. Se sentía cansado de todo  y  como descreído. Ese día pensó esto de las muertes, pero al día siguiente estaba vivo, contento con saber que hay veces que esta bueno saber que hay una pasión superior y que tenemos la obligación de seguir.