El jueves 23 de enero quedará en la historia por varias razones. El día después del regreso de Cristina, hirvió la city porteña. Mientras la sensación térmica rozaba los 50°, el dólar paralelo no frenaba su escalada hacia el piso 13. Las caras de los banqueros lo decían todo.

Fue en ese contexto que se produjo el encuentro entre Juan Carlos Fábrega, del Banco Central, y Axel Kicillof, quien llegó a Reconquista 266 ya entrada la tarde para discutir palmo a palmo las medidas a tomar. Desde el BCRA planteaban subir la tasa de interés al 15%, mientras Kiciloff se mantenía en las suyas, en carácter de portavoz económico oficial del modelo.
Cuando el precio del dólar pisó los 13 no hubo más remedio que quemar más reservas y acotar la suba, que terminó con un dólar oficial a 7,75 pesos.
Los cruces de misiles se sucedieron, así como una serie de teorías conspirativas con nulo asidero en la realidad. Que Jorge Brito (titular de Macro) planeó todo desde Punta del Este; que Daniel Scioli a través del Banco Provincia vendió dólares a 8,30; que el Shell con la compra de seis millones de dólares desestabilizó… todas falacias tendientes a encontrar un chivo expiatorio para lo que es evidente para cualquier economista, o para el ciudadano de a pie: el cepo fue una medida incorrecta, que generó pánico y disparó el dólar a un precio que no vale. Y lo que se vio ayer fue un claro «dejar hacer» por parte del Gobierno, para acercar el dólar oficial al blue.
Kicillof había querido corregir esa diferencia entre las expectativas del mercado y el valor real mediante una devaluación lenta y progresiva, de a centavos, política que fracasó a todas luces por varias razones. Una de ellas sí encuentra explicación en factores desestabilizadores como lo es el comportamiento de las cerealeras, que habían prometido liquidar 1.800 millones de dólares y apenas «soltaron» 300 millones al mercado cambiario.
Hoy, el precio del dólar es más real que la semana pasada. No vale ni seis pesos, ni 13.
El lunes, cuando entre en vigor la medida de liberar la compra de dólares para atesorar -eso sí, siempre sujeto a la aprobación de la AFIP según los ingresos del comprador-, empezará a acomodarse la divisa estadounidense.
Ese verde billetito que a los argentinos, más que a ningún otro país en el mundo, nos vuelve locos.